Olivia Colman, actriz: "Las facturas se tienen que pagar de alguna manera, por eso a mí nunca me ha preocupado si un papel era grande o pequeño"

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Con poco más de 20 años, Kate Winslet estaba rodando ’Titanic’ a las órdenes de James Cameron junto a Leonardo DiCaprio, sin saber que tendría que pasarse toda la vida contestando a la pregunta de si Rose no hubiera podido hacerle un hueco a Jack en esa condenada tabla. Keira Knightley, a los 18, tenía en su currículum un fenómeno indie y la primera entrega de una franquicia milmillonaria. Emily Blunt ganó su primer Globo de Oro con 22 y Samantha Morton, antes de cumplir los 25, ya había trabajado con Steven Spielberg y Tom Cruise. A diferencia de estas cuatro compañeras de generación, Olivia Colman (Norwich, Inglaterra, 1974), a los 20 años estudiaba para ser profesora de primaria aunque, como explicaba hace unos años tras ganar el tercero de sus cuatro BAFTA, ya entonces sabía que “no tenía otra opción que dedicarme a actuar. Lo supe desde el momento en el que se encendieron las luces sobre el escenario del teatro de la escuela en el que hice mi primera obra. Sentí que eso era lo que quería, lo que tenía que hacer”.

Un largo y sinuoso camino
Le habrá llevado más tiempo que a sus colegas y en su carrera no ha habido nunca atajos, pero hoy, con 52 años cumplidos, Colman es una institución del cine y la TV británicos, un tesoro nacional que encadena producciones de todo tipo y colecciona premios y reconocimientos. Atrás han quedado los trabajos al margen de la interpretación que le permitían encadenar pequeños y nada rentables papeles secundarios. Unos roles que, con el tiempo, pasaron a ser de mucha más presencia y peso dramático… Hasta llegar al de la Reina Ana de ’La favorita’, el film de Yorgos Lanthimos por el que ganó el Oscar a Mejor Actriz en 2019. Fue justo ese año cuando Colman y su marido, el guionista Ed Sinclair, fundaron la productora South of the River Pictures, compañía detrás de la mayoría de sus últimos trabajos.
Desde la serie ’Cómo meterse en un jardín’ (2021), las comedias ’Pequeñas cartas indiscretas’ (2026) y ’Los Rose’ (2025) o ’Wicker’, fábula fantástica del dúo de directores formado por Alex Huston Fischer y Eleanor Wilson y motivo de la entrevista exclusiva que FOTOGRAMAS mantiene con Olivia Colman pocas horas antes de la première del film en el Festival de Londres. A estas alturas de su carrera, la británica está en un momento en el que su nombre es suficiente para sacar adelante proyectos como esta adaptación de un relato corto de la novelista británica Ursula Wills. Una cinta que encabeza junto a Alexander Skarsgård, Elizabeth Debicki y Peter Dinklage y cuenta la historia de una pescadora que, harta de las burlas de sus vecinas, decide encargar al cestero del pueblo que le fabrique un marido de mimbre.

La mujer sin nombre
“Es porque está maravillosamente escrita”. ¿Lo está, verdad? “Sí, lo está”, ríe Colman contestándose a ella misma cuando le preguntamos cómo preparó un personaje que no tiene ni nombre, del que apenas conocemos un par de detalles de su vida y con el que, sin embargo, es imposible no empatizar. “El de ’Wicker’ está sin dudar entre los tres mejores guiones que me han ofrecido nunca”, ríe de nuevo. “Al leerlo, sentí que me quedaba muy clara, que era muy evidente quién era y cómo tenía que interpretarla. Es cierto que sabemos muy poco de ella. Solo vemos que es un poco ordinaria y vulgar…, pero también que es libre, que goza de su propia autonomía. Es la única mujer del pueblo que tiene un trabajo y no tiene que rendir cuentas a nadie. Está perfectamente feliz estando sola, algo que ha tenido que aprender desde muy pequeña, como la trama se encarga de descubrirnos. Todo eso me sirve para construirla, con eso me basta, con el guion. Lo único que tengo que hacer es lanzarme y disfrutarlo”, asegura una Olivia Colman impulsiva y que se nota que disfruta hablando de su personaje.
“De repente, lo que empezó como una broma para que sus vecinas dejaran de meterse con ella, le cambia la vida. Se da cuenta de que le gusta sentirse querida, algo que ni recordaba qué era. Que es agradable, que es bonito tener a alguien, y que para sorpresa de todos se convierte en el amor más auténtico, la pareja más igualitaria de todas las que hay en el pueblo. Eso, cómo se ve después, es lo que hace que todo empiece a desmoronarse”.

El método Colman
Colman siempre ha dicho que necesita enamorarse de sus personajes. Que así es como se los hace suyos. Ese es el único método de interpretación que la actriz, que se graduó en 1999 en el Bristol Old Vic Theatre School, la misma escuela en la que estudiaron Daniel Day-Lewis o Jeremy Irons, entre otros, asegura seguir. “Y aprenderme bien los diálogos, ser amable con todo el mundo en el set y atreverme a ser lo suficientemente valiente como para dejarme ir”, nos puntualiza.
Meryl Streep, Emma Stone, Rachel Weisz, Andrew Scott, Jessie Buckley, Benedict Cumberbatch… no hay actor que haya compartido rodaje con ella que no quede asombrado por esa, al parecer, innata y mágica habilidad de Colman para conectar con sus personajes. Alex Huston Fischer y Eleanor Wilson, sus directores en ’Wicker’, nos contaban que era increíble ver cómo tras una escena intensa y emotiva, Olivia se enjuagaba la lágrima y volvía a ser ella, bromeando y haciendo que todo el mundo estuviera bien. Como si no le costara esfuerzo alguno entrar y salir de su personaje, nos decían.
“Creo que se me da bien entender y transmitir las emociones”, explica Colman. “Esos sentimientos me resultan muy fáciles de alcanzar, cosa que me viene muy bien porque ese es precisamente mi trabajo”, bromea. “Cuando me preguntan cómo preparo mis personajes, siempre tengo que inventar algo. Tengo la suerte de, creo, tener una gran imaginación y con eso y un buen guion y un director que lo ajuste todo, pues ya está. Siento una enorme admiración por la gente que utiliza el Método, pero eso no es para mí”, afirma. “No quiero llevarme todas esas emociones conmigo fuera del set. Quiero entregarme por completo, ser totalmente sincera y sentirlo de verdad, pero quiero volver a ser yo inmediatamente después. Hay personajes, y a lo largo de los años acabas interpretando roles de todo tipo, que no quieres llevártelos contigo. No sería sano para mí. Respeto muchísimo a la gente que trabaja así, pero yo prefiero hacerlo a mi manera. Creo que es la única manera posible de llevar una vida normal en una profesión como esta”.

La gente normal
Casada con el productor y guionista Ed Sinclair desde 2001 y madre de dos hijos (Finn, de 21, y Hall, de 19) y una hija de 11 años de la que no ha trascendido su nombre, Colman protege celosamente su vida privada. “Esa es otra de las claves para poder llevar una vida normal”, cuenta. “Tienes que poner unos límites muy claros. Tener un poco de carácter y decir: Este es mi espacio, esta es mi casa, mi tiempo y mi familia. Esto no pertenece a nadie más. Hay que ser bastante firme y, de momento, a mí me funciona”.
Unos límites que también traslada a la organización de su vida profesional: “Cuando empecé, solo quería trabajar. Mi sueño era hacer un poquito de radio, algo de teatro, un papelito en el cine o la tele…, pero nunca supe si iba a conseguirlo. La suerte siempre juega un papel importante. Odio marcharme de casa, aunque ’Wicker’ se rodó toda ella lejos, porque quiero estar presente. Por eso digo que tengo suerte. Si estuviera en una posición distinta y la única oferta que tuviera implicara pasar tiempo fuera, tendría que hacerla”, cuenta, dando a entender que una de las razones clave para escoger un proyecto u otro es siempre dónde se va a rodar.
“Las facturas se tienen que pagar de alguna manera, por eso a mí nunca me ha preocupado si un papel era grande o pequeño. Pero sobre todo me interesa la gente. Si vas a estar mucho tiempo lejos de casa, necesitas querer a la gente con la que vas a trabajar”, asegura Colman, que pausa por un instante su discurso, siempre animado y alegre, para lanzarnos una pregunta: “¿Sabes cuál es la prueba infalible para saber si realmente quiero interpretar un papel? Es algo que me dijo hace tiempo mi representante, y tiene toda la razón. Es cuando te das cuenta de que estarías dispuesta a pelearte con alguien para conseguirlo. Si te da igual, no pasa nada. Pero si lo estás, ese papel tiene que ser tuyo. Y yo habría sentido muchísima envidia si otra actriz hubiese interpretado a la pescadora”, ríe.

Hazme reír... y hazme pensar
En sus inicios como actriz, Colman estuvo siempre asociada con la comedia. Todo cambió cuando coincidió con el también actor Paddy Considine –el rey Viserys Targaryen de la serie ’La Casa del Dragón’– en el set de ’Arma fatal’ (2007). “Algo hizo clic y me ofreció participar junto a Peter Mullan en un cortometraje que iba a dirigir, ’Dog Altogether’. Ese fue el embrión de ’Redención (Tyrannosaur)’, que por suerte Paddy también me ofreció”, dice de la cinta con la que la industria la descubrió para el drama y, también, el film que hizo que Yorgos Lanthimos se fijara en ella para ofrecerle primero un papel secundario en ’Langosta’ (2015) y luego, el protagonista de ’La favorita’.
En ’Wicker’, Colman vuelve a dar con la tecla justa de esa comedia física que domina tras años curtiéndose en sitcoms y obras de teatro, pero abre una puerta a una reflexión social que toca temas tan actuales como el feminismo y el patriarcado. “Pero lo hace de una forma muy delicada”, asegura la actriz. “Tiene un mensaje muy evidente, pero no adoctrina. Las mujeres y hombres del pueblo ven la relación de la pescadora y su marido de mimbre y se dan cuenta de que existe otra manera de vivir… y que parece mejor”, ríe. “Me encanta que su historia de amor provoque una explosión cuya onda expansiva se lleva por delante a todos esos vecinos que creen que están haciendo las cosas bien”.

Ella nunca dice no
Una de las cosas que Colman cree que no hace bien es decir que no. “No soy muy buena en eso, lo reconozco”, confirma. Prueba de ello es que en los últimos ocho años ha participado en 14 largometrajes, 13 series y 13 películas o series de dibujos animados. “¿Tanto he trabajado? ¿Estás seguro? Sí, puede que sí…”, dice divertida por el dato.
Ya sean roles protagonistas como la chef de ’Los Rose’ (J. Roach, 2024) o la reina Isabel II en las temporadas tres y cuatro de ’The Crown’ (2019-2020) o más pequeños, como la monja de ’Paddington en Perú’ (D. Wilson, 2024) y el casi cameo de la también chef de ’The Bear’ (2024), Colman encadena un papel tras otro. “Creo que debido a que durante mis primeros años como actriz trabajé muy poco, he desarrollado una ética de trabajo bastante fuerte”, dice explicándose a sí misma. “Por eso me cuesta muchísimo decir que no. Y si de repente aparecen tres papeles que me parecen muy buenos sé que otros actores elegirían solo uno…, pero a mí me hace sentir mal pensar que estoy dejando a alguien en la estacada, que de alguna manera los decepciono. Así que les digo a todos que sí”, ríe.
“Siempre pienso que debería trabajar menos, pero al mismo tiempo estoy tan enormemente agradecida por el hecho de que piensen en mí, de que me hagan llegar esos papeles. Nunca olvidaré aquellos años en los que apenas trabajaba porque me enseñaron una lección muy importante: Tienes suerte de estar sobre un escenario, de estar delante de una cámara. Y, en cualquier momento, otra persona puede ocupar tu lugar. Así que trabaja duro. Nunca he olvidado eso. Aunque probablemente debería intentar hacer menos cosas cada año. Seguramente sería más sano. Y la verdad es que las veces que he dicho que no, fuera cual fuera la razón, nunca me he arrepentido. Es algo que debería recordar más, quizás lo escriba en el espejo para tenerlo más presente”.

Talento y compromiso
En cualquier caso, es un consejo que seguirá dentro de un tiempo, porque su futuro más inmediato está lleno de proyectos, entre ellos participar en la sexta temporada de ’Solo asesinatos en el edificio’; una nueva versión en formato televisivo de ’Orgullo y prejuicio’ que protagonizarán Jack Lowden y Emma Corrin, en la que encarnará a la Sra. Bennet; ’Army of Shadows’, serie de intriga que encabeza junto a Susan Sarandon, y, para la pantalla grande, ’Elsinore’ y, aunque todavía está en fase de preproducción y no tiene fecha de rodaje fijada, ’Girl from North County’, un musical en el que trabajaría con Woody Harrelson.
El listado hace que Colman resople y apunta que no es solo cosa suya, que muchos de sus paisanos también saltan de un proyecto a otro sin descanso, como el propio Andrew Scott. “Creo que otra de las razones detrás de este ritmo febril de trabajo está en la sólida ética de trabajo que se transmite en nuestras escuelas de interpretación. Se habla mucho del talento de los actores británicos, pero creo que uno de los factores decisivos es ese compromiso con el oficio que todos compartimos y que se nos graba a fuego cuando estudiamos”, apunta Colman. “Todavía hoy conservan una enseñanza bastante tradicional, muy heredada del teatro. Y en el gremio tenemos un dicho: Si no sales a escena, no cobras. Me lo habrán dicho miles de veces… y quizás tampoco sea una política muy sana”, dice divertida.
“Yo, más que cualquier cosa, lo que aprendí de mi paso por la escuela fue la escasez de oportunidades y papeles que había… y la enorme cantidad de actores y actrices que querían esos trabajos. Debido a ello, yo, por ejemplo, siempre he encontrado las fuerzas para salir a actuar. Visto desde ahora, no creo que fuera una muy buena idea, pero creo que solo he faltado al trabajo un día en toda mi vida. De hecho, no creo que animara a mis hijos a hacer lo mismo. Que hagan lo que digo, no lo que hago”, ríe divertida.
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