Ni tibio, ni extremo; divergente
La carta que el cardenal Fernando Chomali entregó a los políticos recuerda algo que la ciudadanía percibe hace tiempo: el bien común abunda en las campañas y escasea en el ejercicio del poder. No es un reproche a un sector, sino un diagnóstico compartido: la encuesta CEP que él cita ubica a los partidos en último lugar de confianza (6%) y al Congreso con un 13%.
Esa brecha tiene un costo humano. Cuando la política se encierra en sí misma, las familias que esperan salud, empleo o seguridad pasan de ser personas a ser cifras de un debate.
Agradecemos la invitación al encuentro. Su gesto tiene un valor histórico en el contexto social del país, y su llamado a ser “el rostro de su pueblo” alcanza a todos los espacios de organización social, desde juntas de vecinos a empresas, donde también se construye comunidad.
Para rescatar a las nuevas generaciones, Chile necesita un centro divergente: no la continuidad del centro tradicional, sino uno que piense fuera de la caja, con ideas contemporáneas y de largo plazo, que escuche a todos los sectores, rechace ver al adversario como enemigo y evite la polarización para unir al país.
Pasar de proclamar el bien común a ejercerlo es la forma concreta de reconstruir la confianza.
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