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Thursday, October 8, 2026

Lo dejamos acá: un complejo juego psicológico que protagonizan Ricardo Darín y Diego Peretti

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Lo dejamos acá (Argentina/2026). Dirección: Hernán Goldfrid. Guion: Emanuel Diez. Fotografía: Rodrigo Pulpeiro. Música: Roque Baños. Edición: Andrés Quaranta. Elenco: Ricardo Darín, Diego Peretti, Antonia Bengoechea, Eugenia Alonso, Inés Efrón, Andrés Granier, Miriam Odorico, Andrea Politti, Carlos Santamaría, Gonzalo Urtizberea. Duración: 98 minutos. Calificación: restringida para menores de 13 años. Distribuidora: Netflix. Nuestra opinión: buena.

Un auditorio repleto de colegas y, entre bambalinas, el psicoanalista Ulises Verón (Ricardo Darín) preparado para recibir el premio a la excelencia. “Tenemos un problema serio: la Argentina es el país con mayor concentración de psicoanalistas del mundo. Sin embargo, en los últimos 30 años, el porcentaje de la población que padece algún tipo de trastorno, se duplicó”, dice consternado. Con una escena sencilla, apenas introductoria, Lo dejamos acá devela toda su estructura dramática. Un momento casi intrascendente que es, a la vez, su columna vertebral.

Verón se siente casi omnisciente, alguien que cree haber descubierto los mecanismos más recónditos de su profesión, capaz de resolver cualquier problema a como dé lugar, aun involucrándose más allá de lo recomendable, en la vida de sus pacientes. Por ello, la consulta de Martín Bouchard (Diego Peretti), exitoso escritor con un bloqueo creativo que solo puede zanjar el alcohol, no le resulta de mayor interés. Total, él todo lo puede… ¿O no?

La nueva película de Hernán Goldfrid (Tesis sobre un homicidio, Música en espera, Atrapados) crece a partir de un mecanismo centrado en la manipulación que, de una manera u otra, atraviesa a todos los personajes. El terapeuta, su paciente, aquellos que los circundan, todos forman parte de un complejo juego que apunta directo a la esencia del ser humano, como así también a sus inseguridades y contradicciones.

Y, sin embargo, planteadas las bases, Lo dejamos acá evita adentrarse en terrenos más profundos (estaba todo dado) para crecer en forma de thriller liviano, algo hitchcockiano y con destellos de comedia. La relación que se teje entre los dos hombres, que comienza incluso con el personaje de Peretti, serio, asistiendo a aquella entrega de premios, ofrece ribetes oscuros, casi de policial. Incluso, tanto la construcción narrativa como la fotografía y puesta en escena, le hacen justicia a lo planteado. Sin embargo, especialmente en el último tercio del film, adquiere preponderancia un tono menor, asociado al guiño y a la referencia (que no se revelará acá) que choca un poco con lo troncal y con la potencia del epílogo. Estos inserts funcionan en sí mismos, y probablemente sean del gusto de un sector de la audiencia, pero desentonan con la propuesta primigenia; potente e interesante en sí misma, sin necesidad de ningún aditamento.

El juego entre un paciente y su psicoanalista Consuelo Oppizzi / Netflix

Aunque prácticamente no se los ha visto juntos en el cine, Darín y Peretti son poseedores de una química que trasciende la pantalla. Poseedores de un estilo diferente, pero complementario, sus escenas juntos elevan el nivel de los diálogos, al punto de que cuesta imaginarse a otra dupla que pudiera ponerse al hombro la historia. Se entienden con una mirada, e incluso son capaces de desafiarse profesionalmente, sin correrse nunca del tono o del texto propuesto. La gama de matices que ofrece Peretti quizás es superior a la de su compañero, porque el personaje así lo requiere. Sin embargo, el proceso interno que atraviesa el psicoanalista que compone Darín se refleja en la mirada, en los gestos, en un lenguaje corporal que no necesita palabras para transmitir cada una de las contradicciones que atraviesa. Lo anterior, sumado a una dirección que no invade, sino que deja fluir, explica los mejores momentos del relato.

Lo dejamos acá se sustenta en un interesante clima de tensión psicológica -y hasta por momentos física-, muy difícil de llevar adelante y de sostener. Aun cuando por momentos, su propia manipulación conspire contra ello.

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