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Sunday, October 4, 2026

La crisis de identidad de los usuarios de IA

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En los últimos meses, un escritor, un matemático y un programador me confiaron algo muy íntimo y a la vez llamativamente parecido: la inteligencia artificial les está provocando una crisis de identidad. No hablaban del miedo a la extinción humana ni a quedarse sin trabajo, aunque eso también los angustie. Se referían a la sensación de falta de sentido que les produce una máquina capaz de hacer tan bien eso que los define como profesionales y personas. Uno recordó la vieja creencia indígena de que una foto te roba el alma. La IA enfocó su cámara en nuestro conocimiento y, al hacerlo, nos dejó vacíos.

Es comprensible que se sientan así. El 8 de septiembre, OpenAI anunció que diez mil agentes habían resuelto Navier-Stokes, un problema matemático milenario, con un premio de un millón de dólares. El español Luis Martínez-Zoroa, cuyo trabajo sentó las bases, admitió que le habría gustado lograrlo él.

En la escritura, un experimento de las universidades de Stony Brook y Michigan desafió a 28 escritores profesionales a imitar la voz de 50 autores consagrados. Lo mismo le pidieron a una IA entrenada con la obra de esos autores. En una evaluación a ciegas, los escritores prefirieron el texto de la IA en el 62% de los casos. Esto no sería relevante, porque ningún escritor quiere saber imitar a otros. Lo interesante es que, al enterarse del resultado, los participantes respondieron con dilemas existenciales. Uno se preguntó si todavía es posible escribir algo intrínsecamente propio. Otro declaró que el resultado de su escritura –las páginas que produce– ya no tienen valor, aunque rescató el sentido que le aporta a él mismo el proceso de escribir.

Investigadores de la Universidad de Florida llegan a hablar de un cuadro clínico nuevo: la disfunción por uso de IA, con ansiedad, insomnio y crisis de identidad, aunque todavía no es un diagnóstico reconocido

Este desplazamiento hacia el proceso parece válido para muchas profesiones. Una reciente carta pública de 28 ganadores de la medalla Fields –las mentes más brillantes de la matemática actual– dice: “Resolver problemas es solo una herramienta y una aproximación para alcanzar el objetivo principal: la comprensión conceptual y la intuición profunda. Olvidarlo en el mundo de la IA podría volver la herramienta en contra de ese objetivo. De hecho, la producción masiva, a un ritmo cada vez más veloz, de soluciones estilo “verdadero/falso” podría arrasar con un terreno fértil en lugar de insuflarles vida a nuevas ideas”.

Investigadores de la Universidad de Florida llegan a hablar de un cuadro clínico nuevo: la disfunción por uso de IA, con ansiedad, insomnio y crisis de identidad, aunque todavía no es un diagnóstico reconocido. Y un estudio del Hospital General de Massachusetts con casi 21 mil adultos encontró que quienes usan IA a diario tienen 30% más probabilidades de reportar depresión moderada, sin que eso pruebe causalidad.

Investigadores de la Universidad de Florida llegan a hablar de un cuadro clínico nuevo: la disfunción por uso de IA, con ansiedad, insomnio y crisis de identidad, aunque todavía no es un diagnóstico reconocido

Otra investigación siguió durante un año a 42 especialistas en radioncología que empezaron a planificar tratamientos con IA. Al principio, todas eran buenas noticias. Los planes de tratamiento se hacían un 15% más rápido. Con los meses, los médicos empezaron a temer convertirse en “niñeras de la IA” o “aprieta botones”, como dijeron dos participantes. Según los autores, los profesionales sienten que su rol se reduce a una pieza intercambiable del proceso y pierde singularidad y dignidad.

El estudio propone, en lo individual, que cada profesional identifique qué tareas le dan sentido y se imponga hacerlas sin IA. En lo tecnológico, sistemas que automaticen primero lo tedioso, no lo que se disfruta. Y en lo organizacional, reinvertir el tiempo ahorrado en prácticas humanas que no se automatizan.

Ahora que los magnates tecnológicos piden regulación, estas parecen buenas ideas para regular a la IA, pero sobre todo para regular nuestras emociones.

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