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Sunday, November 8, 2026

Insólito momento en Arroyito: Rosario Central festejó un bicampeonato que no fue y pasó de la euforia a la desilusión

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Primero hubo lágrimas de tristeza. Después llegaron los abrazos, los saltos y los gritos de campeón. Y finalmente, otra vez la desolación. Todo en cuestión de minutos. Rosario Central protagonizó una de las secuencias más increíbles del fútbol argentino: celebró un bicampeonato que no había conseguido. Lo hizo delante de miles de hinchas que también creyeron que la tabla anual tenía dueño y que la copa se quedaba por segundo año consecutivo en Arroyito. Pero el campeón era Boca.

La historia tuvo un escenario principal y otro a cientos de kilómetros. En la Bombonera, Boca buscaba desesperadamente un gol frente a Defensa y Justicia. En el Gigante de Arroyito, Central ya había cumplido con su obligación: le había ganado 2-0 a Estudiantes de Río Cuarto y aguardaba el desenlace del encuentro del equipo de Rodolfo Arruabarrena.

El Canalla necesitaba que Boca no ganara. Durante buena parte de la tarde, la combinación le había resultado favorable. Sin embargo, cuando el partido en Buenos Aires se consumía, apareció Enner Valencia para aprovechar una pelota que se le escapó al arquero Borgogno tras chocar con Lautaro Di Lollo. El ecuatoriano convirtió el 1-0 y le entregó al Xeneize el título número 75 de su historia.

La noticia cayó como una bomba en Rosario. Los futbolistas, que seguían las alternativas del otro encuentro a través de teléfonos celulares, quedaron paralizados. Ignacio Ovando fue uno de los que recibió la información del gol de Boca. Marco Ruben y Juan Cruz Komar no pudieron contener las lágrimas. Desde un palco, Ángel Di María también sufrió el desenlace. Central había tenido la consagración al alcance de la mano y se le escapaba sobre la hora.

Pero todavía faltaba el capítulo más extraño.

Mientras en la Bombonera se consumaba la victoria de Boca, un grito desde las tribunas del Gigante provocó una reacción inesperada. Alguien creyó que Defensa y Justicia había empatado. O que el gol de Valencia había sido anulado. No quedó claro de dónde surgió la versión, pero se propagó a una velocidad asombrosa.

En segundos, el estadio pasó de la tristeza absoluta a una celebración descontrolada. Los hinchas volvieron a gritar, algunos saltaron al campo de juego y varios futbolistas corrieron hacia los alambrados para compartir el supuesto título con su gente. Hubo camisetas al aire, abrazos interminables y lágrimas que esta vez parecían de felicidad. Hasta se escucharon los primeros gritos de "bicampeón".

Lo extraordinario era que nada había cambiado. Defensa y Justicia no había convertido ningún gol. Tampoco había sido anulado el de Valencia. Boca había ganado 1-0 y era el legítimo campeón de la tabla anual. Sin embargo, durante unos diez segundos, el Gigante de Arroyito vivió una realidad paralela.

La corrección de la información terminó con la fiesta tan rápido como había comenzado. Los jugadores dejaron de celebrar, los hinchas intentaron comprender qué había ocurrido y el estadio volvió a quedar envuelto en la frustración. A esa altura, los futbolistas de Boca ya festejaban su consagración en la Bombonera.

Las imágenes de aquella celebración equivocada seguramente sobrevivirán al paso de los años. En ellas quedó registrada una situación difícil de imaginar incluso para los guionistas más creativos: un equipo que perdió un campeonato sobre la hora, que lloró por haberlo perdido y que después volvió a festejarlo sin que hubiera ocurrido nada que modificara el resultado.

Para Central, el episodio tuvo una crueldad adicional. Había hecho todo lo que estaba a su alcance y durante largos minutos se había sentido bicampeón. Pero el gol de Valencia cambió el destino de la copa y dejó sin premio al equipo rosarino, que todavía tendrá la posibilidad de buscar otro título en los playoffs del Clausura.

En algún momento, quizá, la historia se transforme en una anécdota que los protagonistas puedan contar con una sonrisa. También alimentará las cargadas de sus rivales, especialmente de los hinchas de Newell's. Por ahora, sin embargo, el recuerdo es demasiado reciente y doloroso.

Boca se quedó con el campeonato. Rosario Central, con una escena que difícilmente pueda repetirse: la de miles de personas celebrando al mismo tiempo un título que, en realidad, ya había ganado otro equipo.

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