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Sunday, September 20, 2026

Javier Calvo y Javier Ambrossi, directores de 'La bola negra': "España tiene demasiadas historias de amor enterradas en los campos. Hay que arañar la tierra para que salgan"

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"El corazón de un maricón es un océano lleno de secretos", dice el personaje de Yenesi en ‘La bola negra’. Y es quizá la frase que mejor define la película con la que Los Javis han dado el salto definitivo en su carrera, tras ganar el premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes. El título no solo hace referencia a la obra inacabada de Lorca, eternamente presente en la cinta. Es también el grito de un dolor que parece no entender del paso del tiempo y sigue atravesando a un colectivo generación tras generación. Y es también la catarsis de uno de los momentos personales más duros que han vivido Javier Calvo y Javier Ambrossi y que, en un ejercicio de honesta generosidad, han querido sanar honrando la lucha de tanta gente que ha muerto asesinada, en silencio, en soledad y sin poder expresar quiénes eran.

javier calvo javier ambrossi la bola negra fotogramas

Gorka Postigo

¿Dolió tanto hacer la película como duele verla?

Javier Ambrossi: Duele verla, ¿verdad? A mí me pasa con cada visionado porque transmite un pensamiento profundamente humano: todos tenemos la sensación de que nos hemos dejado cosas por hacer, gente que ha muerto y con la que no hemos profundizado… De ahí esas líneas de guion: “Vivir siempre…”.

Javier Calvo: “Porque los ojos se apagan…”.

J. A.: “Las anclas se oxidan, los trajes se rompen…”.

J. C.: “Una voz muy afilada sigue los juncos de las orillas…”. Yo reconozco que, cada vez que la he visto, me he quedado sin fuerzas.

J. A.: Y nosotros somos el ejemplo viviente de este dolor del que hablas, porque nos separamos escribiendo esta película.

J. C.: Nos estábamos replanteando la pasión después de mucho tiempo en pareja. Pensábamos: “Bueno, pues igual ya no tenemos esa cosa por la que la gente se mataba en el pasado, ¿no?”. Como decía el personaje de Glenn Close en ‘En la cumbre’ (‘Heights’): “We have forgotten passion!”.

J. A.: Exacto. Hemos olvidado la pasión.

¿La película nació de ‘La piedra oscura’, la obra de teatro de Alberto Conejero, o ya la tenían en mente antes?

J. C.: Surgió tras una lectura de ese texto. Estábamos viajando a Lyon con ‘La Mesías’, se nos había bloqueado un proyecto y buscábamos inspiración en algo de teatro. Cuando leí el prólogo, con todo el bombardeo del pueblo, ese protagonista músico… Pensé: “Qué bonito sería rodar esta secuencia”. Me emocioné mucho y le dije a Javi que teníamos algo. Ahí ya se hablaba de ‘La bola negra’ y empezamos a desarrollar el resto de las tramas. Cuando adaptas una obra de teatro corres el riesgo de que se te quede muy pequeña, pero no ha sido el caso. Queríamos hacer algo grande como algunas de las películas de guerra que nos inspiran: ‘Ven y mira’, de Elem Klimov, o ‘Apocalypse Now’, de Coppola. Pero tenía que hablar de España, con el contrapunto del presente, para que no se quedara en una película más sobre la Guerra Civil.

J. A.: Hablamos de antepasados muy recientes y lo realmente político de ‘La bola negra’ es que sean tres protagonistas gays interpretados por actores abiertamente gays. Hemos querido hacer la película de maricones más grande que se ha hecho nunca.

J. C.: También nos inspiró ‘El sonido de la caída’, que vimos en Cannes. Me acuerdo de cómo la niña miraba al enfermo en la cama. Hay algo atractivo en el objeto de deseo postrado, como en ‘El paciente inglés’ o ‘La seducción’…

la bola negra

Suma Content

¿Es el deseo uno de los motores de la película?

J. A.: Fíjate que, en aquel momento, estábamos haciendo el documental ‘Pedro x Javis’ con Almodóvar y nos hizo reflexionar sobre que nosotros nunca habíamos puesto el deseo entre dos hombres en nuestro cine, algo raro en diez años trabajando juntos. Lo que pasaba es que, en realidad, no queríamos sentarnos a escribir sobre qué es desear cuando sabíamos que nuestra pareja se había roto. Por eso ha sido un proceso tan doloroso.

¿Qué consejos les dio Almodóvar?

J. A.: Estábamos en su casa comiendo croquetas de sus hermanas y yo le dije que no me llevaba bien con el deseo. Me contestó: “Pues lo tienes que hacer, ¿eh?”. Y pensé: “Joder, es verdad. Tengo que desear”. Y ahí se armó esta cosa que se ve en la película de desear a alguien de esa forma en que no puedes ni respirar, que te consume el cuerpo.

J. C.: Y que, a la vez, está contado de una manera muy poco carnal. De hecho, hay dos tramas en las que los personajes no se pueden permitir ser homosexuales ni decirlo. Y en la tercera, ambientada en la actualidad y donde sí podemos tener acceso a todo, el sexo casual es casi violencia.

¿Cómo fue el proceso para elegir al cantante Guitarricadelafuente como protagonista?

J. A.: Escribimos el personaje para él, es un genio. Yo siempre tengo mucha fe en los músicos.

J. C.: Necesitábamos a un chico gay, que tuviera relación con la música y que pudiera tocar una trompeta.

J. A.: Y con esa mirada que tiene…

J. C.: ¡Es que es un soldadito español!

J. A.: Quedamos con Álvaro antes de poner la primera línea de guion. Para nosotros era muy importante adaptar todas las piezas a él. Y nos dijo que se reservaba esas fechas.

J. C.: Hemos trabajado mucho, mucho, mucho, mucho en el rodaje. Si la persona está disponible, lo ponemos muy fácil en ese sentido. Intentamos buscar localizaciones para que se crean lo que está pasando. Recuerdo la cantidad de bombas que explotamos en aquel pueblo de Burgos… Y la secuencia del río, por ejemplo, la rodamos en un río real. Pusimos un altavoz gigante y le pedimos a Álvaro que eligiera una canción que le viniera bien para el momento. Nos pidió “Volver a volver”, de Gabo Ferro. En cuanto sonó, empezó a nadar y a llorar… Y cuando salió del río me dijo: “Hacer películas es lo más divertido del mundo”.

J. A.: ¡Cómo temblaba, madre mía! Es que, además del trabajo de casting, hacemos muchísima preparación con los actores: leer el texto, adaptarlo a ellos, trabajar las intenciones… Los tenemos fritos. Y luego es muy importante que en el rodaje no haya equipo delante. La gente que trabaja con nosotros sabe que no puede mirar al actor. Cuando está en toma, nos ponemos todos detrás de las cámaras. Yo siempre digo: “La que no haya pagado la entrada, que se vaya. Que el actor no está actuando para ti”. Entonces se genera mucha realidad, mucho respeto, hay un silencio extremo.

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Gorka Postigo

¿Cuesta plantear este método de trabajo con actores consagrados como Penélope Cruz?

J. C.: Con ella fue facilísimo. Le montamos un set totalmente inmersivo, con más de 500 figurantes, y ensayamos con una doble. A la hora de rodar, entró Penélope subida a un tanque y la reacción de ellos fue real porque no lo sabían.

J. A.: Elegimos a todos los figurantes que aparecen en la película, que son más de 3.000. Les dimos la bienvenida uno a uno, les preguntamos sus habilidades y vimos qué perfil tenía cada uno. Acabamos seleccionando a unos diez que nos dieron confianza suficiente para que pudieran tocar a Penélope. Cuando se lo contamos a ella, nos dijo: “Yo me tiro donde me digáis”. Se generó una magia que no se puede interpretar y ella lo vivió a tope. La agarraban, no sabía qué estaba pasando. Pero cuando llegó el momento de rodar sus planos cortos y había que liberar a la figuración nos dijo: “No, no, no, a mí me los dejáis, que me están viniendo muy bien”.

Sorprende mucho que intérpretes con esa trayectoria estén tan abiertos a experimentar…

J. C.: Los que vienen a nuestras películas vienen a dejarse la piel, no a rellenar currículum.

J. A.: Y a vivir la full experience. Saben que van a llorar, que les vamos a poner música, a removerles todo lo que podamos…

J. C.: También saben que les vamos a montar bien, que van a estar guapos y bien fotografiados… Y que van a volver lloradas a casa. Kleenex y psicólogos (risas).

Hablemos de Glenn Close. ¿Cómo se convence a una estrella de su talla para que venga a España a rodar?

J. C.: En un primer momento, su personaje iba a ser un hombre. Pero aquí la maga dijo: “¿Y si se lo decimos a Glenn Close?”.

J. A.: Perdí el norte con ese personaje, ya no era capaz de imaginarlo y pensé: “Esto solo se arregla si lo hace Glenn Close o Madonna. Alguien que lo convierta en algo especial”. Y nos lanzamos a por Glenn. Hace dos años, nos mandó una carta diciendo que ‘La Mesías’ era una de las piezas de arte más bellas que había visto nunca. Que tenía imágenes que se iban a quedar para siempre en su corazón. Y nos invitó a merendar a su casa de Nueva York.

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Gorka Postigo

Aquí la pregunta es… ¿Qué te da de merendar Glenn Close cuando te invita a su casa?

J. C.: Uvas, nueces y manzanas. Bien vetusto todo (risas).

J. A.: Ella es divina. Estuvimos cuatro horas hablando de proyectos que se le ocurrían para rodar con nosotros. Por aquel entonces no era el momento de hacer nada pero, cuando llegó la oportunidad, le mandamos el guion y nos dijo: “Me ha fascinado y lo voy a hacer”. Eso sí, lo tengo que rodar en español porque quiero un reto.

¿Qué sabía ella de Lorca?

J. A.: Sabía mucho. Pero no tenía ni idea de hablar español. Se hizo todo con un coach y parece una hispanista real, la tía.

¿Y ustedes cómo se han acercado a la figura de Federico?

J. C.: Hablamos con sus sobrinas, fuimos a la fundación, vimos el manuscrito original de ‘La bola negra’…

J. A.: Hemos leído su obra completa, además de los libros que se han escrito sobre él y diarios de amigos que lo nombran.

J. C.: Tenemos una relación muy íntima con su teatro, sobre todo con sus obras menos conocidas. Es muy sorprendente releer hoy ‘Así que pasen cinco años’, ‘El público’ o ‘Comedia sin título’…

¿Se plantearon en algún momento que no apareciera en la película? Como personaje, quiero decir.

J. A.: Sí. De hecho, durante mucho tiempo fue la peli de Lorca sin Lorca.

J. C.: Todo el mundo nos decía que elimináramos esa escena y yo: “¿Pero cómo voy a cortar el diálogo más bonito que hemos escrito en nuestra vida? Si me muero, que se enteren los señores”. España tiene demasiadas historias de amor enterradas en los campos. Hay que arañar la tierra para que salgan. Nos decían que era muy difícil que quedara bien un Lorca. En ese momento estaba leyendo ‘Siempre vengo de noche’, de Alberto Cortés, y pensé: “Y este, ¿qué cara tendrá?”. Porque tiene que ser un poeta queer. Cuando lo encontré vi que no se parecía… pero que podría parecerse.

J. A.: Le hicimos una prueba… y era él.

la bola negra

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También han tirado de humor, sobre todo en la trama que transcurre en la actualidad, con Lola Dueñas y Carlos González.

J. A.: Están increíbles los dos como madre e hijo, pero es una historia demoledora. Habla muy claramente de la desunión y de lo que pensamos del país, de ese no encontrar puntos en común. Todas sus escenas acaban en violencia porque la guerra, al final, es el resultado de la incomunicación. Y eso es lo que queríamos contar con esa trama.

Hablando de violencia, las tres historias transcurren en 1932, 1937 y 2017 y parece que, en 2026, las cosas no han cambiado demasiado…

J. A.: Fíjate, yo no tengo miedo, pero veo cosas cada vez más horribles.

J. C.: Es que llevamos mucho dolor interno todavía.

J. A.: Mucha bola negra todavía. Yo hay veces que me siento, cruzo las piernas y siento vergüenza. ¿Cómo puede ser eso? Hay momentos en los que no me siento seguro al cien por cien. Pues claro, eso es por todo lo que he vivido. Me gustaría creer que las generaciones más jóvenes tienen menos bola negra. Ojalá la película ayude a la gente a entender de dónde venimos.

Si Lorca pudiera ver esta película, ¿qué escena les gustaría que reconociera como suya?

J. A.: La primera, en la que Milo Quifes está tocando el piano.

J. C.: Y la de la nieve. Esa la hemos hecho para él.

J. A.: Él hubiera acabado siendo director de cine.

¿Y cuál les hizo sufrir más como directores?

J. C.: La del fusilamiento. Era un día precioso, habíamos rodado ya mucho material y hubo que tirarlo todo porque, de repente, se formó una tormenta tremenda: las carpas se volaban, la gente helada de frío, lloviendo muchísimo… Recuerdo que les tuve que gritar a todos: “¡Solo es agua! ¡Solo es agua!”.

J. A.: Yo lo pasé fatal el primer día que subimos a la nieve. Soy muy claustrofóbico y tuvimos que cancelar por la ventisca. Era imposible rodar allí, no veías nada, no podías ni respirar, te dolía todo el cuerpo… Me entró una llorera como de angustia, de pensar: “Qué cansancio”.

la bola negra

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Les escuché decir que el amor y el desamor que sintió Lorca fueron los que construyeron su obra. ¿Qué está construyendo la suya?

J. A.: Una relación extraña con el pasado que todavía no he descifrado, un amor profundo por cada uno de los departamentos de nuestro equipo y la búsqueda de la identidad.

J. C.: Yo creo que la construyen los olvidados, los fracasados, los recuerdos y la nostalgia.

La estética de la película es casi un personaje más. ¿Qué referencias han manejado?

J. A.: Están las pinturas de Sorolla, por ejemplo… Es la primera vez que trabajamos más con foto y cuadro estático.

J. C.: Y de cine hay mucho de ‘Incendies’, de Villeneuve, y de las tabernas que aparecen en las películas de Béla Tarr…

J. A.: También hemos trabajado mucho los no espacios. Que el comedor donde comen los soldados, por ejemplo, sea un descampado y unas mesas.

J. C.: Esto lo hace mucho Alice Rohrwacher.

Y llegamos al Festival de Cannes. ¿Este premio los ha reconciliado con sus directores internos?

J. A.: Pues mira, sí. Porque allí tú mandas una película, el comité y Thierry Frémaux, el director, la ven y, de repente, te llaman y te dicen: “Oye, que estás en la Sección Oficial”. Yo me caí de la cama y me puse a llorar como una hora. Y luego vas y un público que no te conoce de nada te dedica ese pedazo de ovación… Y ya ganar, ex aequo con Paweł Pawlikowski, uno de los mejores directores del mundo… Hay algo de paz, sí, porque siento que no he tenido que empujar nada, ni ser simpático ni hacer campaña. Rodé la película, la envié y pasó.

J. C.: Te hace pensar: “Oye, que de verdad que somos buenos directores. Créetelo, que lo que haces está muy bien y sigue investigando”.

J. A.: Yo tengo muchas ganas de seguir apostando por mi director porque, muchas veces, estoy a mil cosas: que si la productora, la prensa, caer bien… Y pienso: “Joder, ¿todo esto extra que le pongo no será inseguridad para no confiar del todo en el director que soy? Acepta que sabes hacerlo y déjate ya de tonterías”. Este premio ha sido una revelación. Es fuerte que con 42 años te caiga esta ficha.

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Getty Images

¿Pudieron hablar con Almodóvar y Sorogoyen?

J. C.: No coincidimos prácticamente. Eso sí, nos encantaron tanto ‘Amarga Navidad’ como ‘El ser querido’.

J. A.: Nunca los hemos visto como competidores. Los admiramos muchísimo, son los mejores directores de España.

Es curioso que Sorogoyen usó un método muy inmersivo también en el arranque de ‘El ser querido’…

J. A.: Es que es un genio, un directorazo.

J. C.: Y esa secuencia la rodó un poco como Josefina Molina en ‘Función de noche’.

J. A.: Mi referencia sería más ‘Gran Hermano’.

J. C.: ‘Operación Triunfo’ también (risas).

¿Cómo se enfrentan a la promoción americana que les han preparado de cara a los Oscar?

J. C.: Aprendiendo a hacer maletas (risas).

J. A.: Primero se tiene que estrenar en España, luego en 50 países del mundo, en los cines de Estados Unidos y después ya en plataformas. Sí, vamos a estar trabajando muchísimo. Ya no volvemos a Madrid casi nada, pero estamos tranquilos porque cada pase que se está haciendo funciona. Y, a ver, que tampoco es que tengamos que salir a hacer ‘Medea’ todos los días…

J. C.: No, pero es verdad que desgasta mucho tener que contarte allí de nuevo.

J. A.: Sí, sobre todo esta cosa de pensar que has dicho una tontería o has vendido mal la película.

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¿Están teniendo buen feedback entonces de la crítica americana que ya la ha visto?

J. A.: La puja que ha habido por la peli por parte de las distribuidoras americanas ya nos da pistas de que va a funcionar.

J. C.: Es que es un viaje emocional grande y esto en Estados Unidos gusta mucho.

J. A.: Porque no están tan acostumbrados a que les venga una bomba de emoción. Los feedbacks de los pases de prensa están siendo impresionantes.

Pregunta inevitable: ¿para cuándo la esperadísima cuarta temporada de ‘Paquita Salas’?

J. A.: Es algo que siempre queremos hacer, pero la vida no nos deja. Ahora mismo es imposible.

Y otra obligada: ¿seguirán trabajando juntos tras su ruptura?

J. C.: Por supuesto. Ahora mismo nos llevamos mejor que nunca porque no hay nada personal.

J. A.: Te voy a decir la verdad: yo pensaba que no íbamos a seguir trabajando juntos después de esta película. Estábamos pensando ya proyectos para probar por separado… Pero hay algo mágico cuando estamos juntos. Somos muy complementarios.

Es muy difícil conseguir ese equilibrio.

J. C.: Es que nunca hemos estado peleados.

J. A.: Nos queremos muchísimo y somos muy conscientes de que trabajamos fenomenal juntos. De hecho, ya estamos escribiendo nuestra próxima película.

¿Alguna pista?

J. C.: Será en inglés y en español y rodaremos aquí y fuera.

J. A.: Va a ser un proyecto muy grande y nuestra primera película con su parte internacional.

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