El fútbol de luto: murió Sandro Mazzola, estrella del fútbol italiano que brillara en las décadas del 60 y 70

Sandro Mazzola, una verdadera leyenda del fútbol italiano, protagonista fundamental entre las décadas del 60 y principios de los 70, y que también estuvo en memorables duelos -a nivel de equipos y Selección- con los argentinos de su época, ha muerto este viernes, a los 83 años, después de atravesar una larga enfermedad.
Sandro traía el fútbol desde la cuna: era hijo de Valentino Mazzola, jugador del mítico Grande Torino que murió en el accidente de aviación de Superga. En ese momento, Sandro tenía apenas 6 años (había nacido el 8 de noviembre de 1942 en Turín) y fue criado -al igual que su hermano Ferruccio, también jugador- por Benito Lorenzi, jugador del Inter.
Mazzola se desempeñó como volante ofensivo y como delantero. Y participó en tres Mundiales: 66, 70 y 74.
Los argentinos lo recordamos especialmente porque fue una de las figuras del Inter que, en 1964 y 1965, le ganó a Independiente las finales de la Copa Intercontinental, las primeras a las que llegaba un equipo de nuestro país.
Era el Independiente que había conquistado la Libertadores, inaugurando la mística copera extendida por tantas décadas… Claro que ante el poderío del Inter, dirigido por Helenio Herrera, ya no pudo hacer más.
— Inter ⭐⭐ (@Inter) September 18, 2026C’è chi entra nella storia. E poi c’è chi diventa la storia stessa dell’Inter.
Da ragazzo nerazzurro a simbolo eterno, Sandro Mazzola ha attraversato generazioni, vincendo, emozionando e tramandando l’amore per questi colori.Brillava in campo, brilla anche ora, la stella del… pic.twitter.com/3kg2V6M2aC
Mazzola fue infaltable en la Selección de Italia, la “Azzurra” de su tiempo. Claro que la primera experiencia mundialista –Inglaterra 66- resultó frustrante: la eliminación ante Corea del Norte, con el 1-0 (gol de Pak do-Ik) que se recuerda como la mayor sorpresa de la historia en los Mundiales. Fue un bochorno para una de las potencias –bicampeona hasta entonces- ante los desconocidos coreanos.
Sin embargo, Italia resurgió, conquistó la Eurocopa del 68 y alcanzó la final del Mundial 70 en México, desbordada allí por el Brasil de Pelé y sus ofensivas de lujo con el 4-1. Allí, la participación de Mazzola fue escasa.
De todos modos, para Italia fue una gran recuperación –su duelo de semis contra los alemanes se recuerda como uno de los mejores partidos de todos los tiempos- e Italia ya contaba con nombres importantes como Gianni Rivera (el Bambino de Oro) y la potencia goleadora de Riva, entre otros, además de mantener a defensores seguros como Burgnich (central) y Facchetti (lateral izquierdo) que también eran base en el Inter. A la vez, la competencia interna era muy fuerte en Italia: el Inter de Mazzola vs. el Milan del Bambino Rivera…
El Mundial 74 en Alemania representó otra frustración ya que Italia se quedó afuera en la primera ronda, en el grupo en el que sorprendió Polonia y en el que Argentina avanzó como segundo. Allí el choque entre italianos y argentinos, nuevamente con la participación de Mazzola en el Neckarstadion de Stuttgart, terminó 1-1 (Houseman para los nuestros, Perfumo en contra para Italia).
Un símbolo recordado del Inter: 17 temporadas
Mazzola fue un símbolo del Inter, para el que jugó durante sus 17 temporadas como profesional. En ese lapso –en el llamado “Grande Inter”- conquistó cuatro veces la Liga italiana (1963, 1965, 1966 y 1971), dos veces la Copa Europea de clubes (actual Champions, en 1964 y 1965) y otras dos veces (en los mismos años) la mencionada Intercontinental, a lo que hay que sumar la Copa de Italia 64/65.
En 1971 quedó segundo en la votación para el Balón de Oro, superado solamente por un fenómeno llamado Johan Cruyff. "Fue uno de los mejores futbolistas de la historia, y no solo para el Inter", escribió el club en su mensaje de despedida, enumerando sus logros.
Gracias a los cuidados paternales de Benito Lorenzi, Sandro y su hermano –tres años menor-, quienes ingresaban como mascotas del equipo y luego comenzaron a entrenar en la “cantera” del Inter. Tenían un entrenador legendario, Peppino Meazza, mientras Helenio Herrera, “El Mago” los iba observando: “Tu padre fue un gran jugador, veremos que pasa contigo”, le anticipó por entonces.

Pero aquella infancia y adolescencia de Mazzola también está vinculada a un tiempo y costumbres que se han perdido (y no solo en Italia). En una entrevista con el diario español El País, hace pocos años, evocó: “En la calle ya no juega nadie. Cuando era chico yo jugaba en el centro de Milán, no había coches, la gente era diferente".
Y agregó: "Recuerdo que el cura de nuestra iglesia nos cerraba la calle entera para nosotros, la que daba a la parte de atrás de la basílica. Allí montábamos los arcos, allí jugábamos, allí aprendí a tirar paredes, contra la pared de la Iglesia. Éramos tantos que tenías que aprender a eludir, porque si no el balón no lo veías nunca. Ahora todo es césped bien cuidado, los espacios son muy grandes… Quizás habría que volver a 15-20 años atrás y volver a empezar”.
El debut de Sandro Mazzola en la serie A se concretó a los 18 años en un clásico ante la Juve. Sucedió que, por una polémica previa, Angelo Moratti –el mandamás del Inter- presentó a los juveniles contra su poderoso rival.
La crónica de aquel día recuerda: “La mañana del 10 de junio de 1961, Sandrino tenía programados tres exámenes: inglés, técnicas bancarias y economía política. El taxi que lo esperaba a la salida del colegio circulaba a toda velocidad por la autopista Milán-Turín. Mazzola se reunió con sus compañeros en el restaurante.

Antes del partido, Giampiero Boniperti le estrechó la mano: "Jugué con tu padre. Era el mejor de todos". Al final, añadió: "Eres digno de tu padre". La Juventus goleó a los jóvenes del Inter por 9-1, pero Sandrino marcó un penal y causó una gran impresión. A partir de la temporada 1962-63, el "Mago" lo incorporó definitivamente al primer equipo, y así nació la leyenda del Grande Inter”.
Como escribió Carlo Baroni en el Corriere della Sera: ”La gente como él no necesitaba un nombre en la camiseta. Bastaba con reconocerlos por una cinta y un bigote. Como aquella noche de diciembre en Budapest, en la Copa de Europa contra el Vasas, cuando enloqueció a media defensa húngara y, de paso, regateó al portero. Luego se quedó allí, bailando frente a la línea blanca, antes de decidirse a marcar. O aquella otra vez en Berna, cuando, con la camiseta azul, regateó dentro del área seis veces de forma espectacular sin que el balón tocara el césped. Cifras que solo él podía lograr (…) Nos dejó como soñó: con su Inter de Milán en lo más alto de la liga. Y un futuro lleno de esperanza y gloria por delante”.
Mazzola era la personificación de la filosofía futbolística de HH. En un equipo diseñado para defender en profundidad y contraatacar, ese joven delantero, delgado, veloz y técnicamente dotado, ávido de espacios y éxitos futuros, era la opción ideal.
No es casualidad que fuera el héroe del primer triunfo del Inter ante Real Madrid. Y tampoco es casualidad que Facchetti le pasara el balón para el primer gol. Sandro y Giacinto, los dos jóvenes veloces en quienes 'el Mago' se veía reflejado. Aunque su relación no siempre fue idílica, especialmente cuando Herrera le pasó el brazalete de capitán a Mazzola. Facchetti, que ya lo lucía en la selección nacional, no lo tomó bien. Pero tras una conversación sincera, la armonía se restableció.

La consagración del Inter se dio en la final europea del 64, cuando le ganó 3-1 al Real Madrid, dirigido por Miguel Muñoz, en el estadio Prater de Viena. Era el cierre del glorioso ciclo de Alfredo Di Stéfano en el Real y en aquella jornada Mazzola se lució con un doblete. Nunca olvidaría que al final del partido, otra leyenda “merengue” llamada Ferenc Puskas se le acercó con la camiseta en la mano y le dijo: “Joven, jugué contra tu padre Valentino y eres digno de él: quédate con la camiseta".
Un año más tarde, el Inter retuvo esa corona al doblegar al Benfica, de Eusebio, por 1-0 pero en el San Siro con gol del italiano Jair. Mazzola –que en aquella temporada del 65 afrontó un largo período lesionado- pudo disfrutar al menos de la coronación y de marcar tres tantos en las fases previas.
En la Selección de Italia había debutado a los 20 años, durante un amistoso que le ganaron 3-0 al Santos de Pelé, incluyendo un gol de penal de Mazzola.
La rivalidad Mazzola-Rivera, los residentes más famosos de San Siro, definió una era. Cordiales enemigos durante casi 20 años de derbis milaneses, eran mundos aparte: glamour y romances sensacionalistas para el jugador del Milan; el Interista se casó con Graziella a los 21 años, a quien conoció de chico cuando ella, adinerada, conducía un descapotable y él tomaba el tranvía, y con quien tuvo tres hijos. Con el tiempo, las inquietudes sindicales los acercaron, y Mazzola se convirtió en un número 10 en sus últimos años. El último partido de su campaña fue precisamente contra Rivera: la final de la Coppa Italia, Milan-Inter 2-0, el 3 de julio de 1977. Abandonó el escenario dramáticamente, citando a Dante ("Así se quiere allí donde hay poder para hacer lo que se quiere..."), porque el arbitraje de Gussoni le parecía divinamente influenciado.
Italia sufrió en la última década las dolorosas eliminaciones en fase previa a los Mundiales, quedó ausente tres veces consecutivos (2018, 2022, 2026). Y Mazzola presintió ese tiempo:
“Hemos perdido la costumbre de hacer jugar al fútbol a los jóvenes. Estos últimos años han querido crear atletas en lugar de futbolistas. Se ha insistido en el gimnasio, en la fuerza, en el físico y se han olvidado de lo más importante: el balón".
Y agregó: "Por eso nos cuesta todo tanto. Cuando empecé a jugar en la cantera del Inter, nos daban una pelota a cada uno y antes del entrenamiento corríamos de un arco a otra con el balón pegado al pie, primero con la izquierda, luego con la derecha, luego con el interior, luego con el exterior… Nos tirábamos 40 minutos diarios haciendo eso. Luego llegó un punto en que se empezó a decir que físicamente los italianos éramos menos fuertes que los demás y se empezó a entrenar a los jóvenes haciendo hincapié únicamente en el físico. En el fútbol la herramienta] más importante es el balón. A la gente se le ha olvidado”.
"Un símbolo del Inter y del fútbol italiano en el mundo, por generaciones y para siempre", escribió Javier Zanetti
El vicepresidente del Inter, Javier Zanetti le dedicó un sentido escrito a través de la red social Instagram.
"Has sido y siempre serás una leyenda. Un caballero, un referente, un jugador excepcional dentro y fuera del campo. Un símbolo del Inter y del fútbol italiano en el mundo, por generaciones y para siempre", escribió Pupi.

"Te debo tanto, Sandro. Has sido una de las figuras más importantes para mí, cuando de niño en Argentina soñé con el Inter: has sido de los que me trajeron a Milán, un regalo por el que nunca dejaré de estar agradecido. Descansa en paz, Sandro".
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