Buscan declarar al cempasúchil patrimonio biocultural de la CDMX para proteger su valor histórico
El Congreso de la CDMX solicitó a la Secretaría de Cultura local iniciar el procedimiento para declarar el cultivo del cempasúchil y los saberes agrícolas y culturales asociados como Patrimonio Biocultural de la capital.
Este año 2026 la ciudad alcanzó una producción histórica de 10 millones de plantas, casi 57% más que el año anterior, con la participación de 597 productores y apoyos directos superiores a ocho millones de pesos.
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La comercialización genera una derrama estimada de más de 100 millones de pesos anual en beneficio de 460 familias productoras de las alcaldías Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta.

La propuesta plantea promover la venta directa, ferias y corredores comerciales, además de incorporar esta celebración a la cartelera cultural y turística del Día de Muertos para impulsar el consumo de la producción local. Los legisladores señalan el origen mesoamericano y el valor agroecológico de la flor como razones para protegerla.
La diputada de Morena Judith Venegas Tapia explica se busca convertir al 30 de octubre de manera oficial en el Día de la Flor de Cempasúchil. La legisladora sostuvo que la declaratoria busca reconocer la identidad cultural mexicana y preservar las prácticas campesinas transmitidas entre generaciones.
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“El cempasúchil es memoria, identidad, tradición y resultado del trabajo de miles de manos campesinas que mantienen vivas nuestras raíces”, afirma Venegas Tapia. También señala que proteger la flor significa preservar los saberes de los pueblos originarios de Milpa Alta y reconocer el trabajo de quienes la cultivan.
El cempasúchil ocupa un lugar central en las ofrendas del Día de Muertos, una tradición que, según sus palabras, no puede entenderse sin esta flor.

El cempasúchil es una flor originaria de México y Centroamérica. La especie más asociada con el Día de Muertos es Tagetes erecta.
Su nombre viene del náhuatl cempōhualxōchitl, que suele traducirse como “veinte flores” o “flor de la veintena”, en alusión a la abundancia de sus pétalos.
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Desde antes de la Conquista, diversos pueblos mesoamericanos la cultivaban y seleccionaban por su color, aroma y tamaño. Hay registros de su representación en el Códice Florentino, elaborado en el siglo XVI a partir de conocimientos indígenas recopilados por fray Bernardino de Sahagún.
Para los mexicas, sus tonos amarillos y anaranjados se vinculaban con el sol. La flor se colocaba en tumbas y ceremonias dedicadas a los muertos, pues se creía que conservaba la tibieza solar y que su olor ayudaba a orientar a las almas.
Con la colonización, las prácticas indígenas de culto a los difuntos se entrelazaron con las celebraciones católicas de Todos los Santos y Fieles Difuntos, realizadas el 1 y 2 de noviembre. El cempasúchil permaneció dentro de esta nueva tradición y se convirtió en uno de los elementos centrales de las ofrendas.
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El Día de Muertos actual no proviene de una sola raíz: combina prácticas mesoamericanas, ritos católicos y expresiones culturales desarrolladas durante siglos.
La historia de amor entre Xóchitl y Huitzilin, según la cual la joven se transforma en cempasúchil y el joven vuelve como colibrí, es una leyenda popular contemporánea muy difundida. No debe confundirse con una fuente histórica prehispánica comprobada.

El cempasúchil representa el vínculo entre la vida, la muerte y la memoria. En los altares se usa en ramos, coronas, arcos y senderos de pétalos que, de acuerdo con la creencia popular, marcan el camino de las almas hacia la ofrenda familiar.
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Su importancia también está en su capacidad de conservar y actualizar saberes comunitarios: la siembra, el corte, la venta en mercados, la elaboración de altares y la transmisión de rituales familiares.
Por eso forma parte del patrimonio biocultural de México y acompaña una festividad inscrita por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Además de su valor ceremonial, el cempasúchil tiene usos medicinales, agrícolas, alimentarios y textiles. Sus pigmentos se emplean en productos industriales; también se ha usado como repelente natural y en infusiones tradicionales para malestares digestivos.

En síntesis, el cempasúchil no es sólo una flor decorativa de noviembre: es una planta domesticada en México que concentra historia indígena, prácticas religiosas, producción campesina y una forma colectiva de recordar a quienes murieron.
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