¿Cacería de brujas? La inteligencia artificial pone a prueba al mundo literario

“Publicar un libro supone una relación de confianza entre quien escribe, quien edita y quien lee”. Así salió al paso de una controversia la editorial española y mexicana Almadía, cuestionada por el presunto uso de inteligencia artificial (IA) por parte de David Silva Rojas, uno de sus autores. La inserción de esta tecnología en procesos de escritura ya ha entrampado la carrera de varios escritores a nivel global, mientras que en Chile se mantiene como un incipiente debate, con revisiones todavía dependientes del ojo humano.
El escrutinio público se enfoca actualmente en la novela Donde el agua trabaja, obra de Silva galardonada en julio con el primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa Arrufat, correspondiente a 20 mil euros. La presentación del trabajo del autor peruano estaba prevista para distintas ciudades españolas a partir de octubre, hasta que se vio frustrada cuando una investigación del diario El País identificó un 99% de uso de IA en su texto con la plataforma de detección Pangram.
“Durante la lectura de la novela, ni al jurado ni al equipo editorial nos pareció que hubiera usado IA generativa (...). Consideramos necesario realizar una revisión detallada, sin anticipar conclusiones y con el cuidado que requiere una valoración que pueda afectar a una obra y a su autor”, explicaron desde Almadía.
El escritor ha descartado el uso de IA en la creación, redacción o revisión de su material y recalcó en sus redes sociales que colaborará con antecedentes para analizar su proceso de escritura. “Los resultados de una herramienta de detección, por elevados que sean sus porcentajes, no deberían tomarse como una prueba definitiva de cómo fue escrita una obra sin examinar otros elementos”, señaló.

En conversación con La Tercera, desde Pangram explican que su detección de IA opera “esencialmente a través de identificación o estilografía”, porque “los modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM), como ChatGPT o Claude, tienen incontables tics y hábitos que aparecen en sus decisiones al escribir, y que son únicos de ellos”.
El clasificador de la plataforma está entrenado para encontrar estos vicios con “espejos sintéticos”, que son documentos generados por humanos y por una IA, emparejados según género, longitud y estilo. “Así, Pangram aprende a identificar la diferencia entre el estilo de escritura, en lugar del contenido o el tipo”, detallan.
Según el mismo detector, la existencia de falsos positivos corresponde a uno en 10 mil casos. “Es muy poco probable, especialmente en un texto más largo, que una persona tome exactamente las mismas decisiones que un LLM”, añaden. Existe un formulario disponible en el sitio web de Pangram para reportar los errores, que deberían ser posteriormente revisados por el equipo de investigación del detector.

Millones de dólares perdidos
La novela C’était ça ou mourir y su autor, Thélyson Orélien, experimentaron una situación similar a la de Silva cuando ese texto pasó de ser considerado un fenómeno en Francia a recibir cuestionamientos por un presunto uso masivo de IA, también detectado con Pangram. El escritor de origen haitiano fue acusado a fines de septiembre por Samuel Fitoussi, columnista conservador francés. “Se dice que C’était ça ou mourir fue escrita por una IA. Es una calumnia y una herejía. Recurrí alguna vez a herramientas (de este tipo) para hacer investigaciones (…). Pero ninguna frase de este libro fue creada por una máquina”, manifestó el escritor.
Pero las sospechas llevaron a que el trabajo de Orélien fuera retirado de la lista del premio literario más prestigioso de Francia por parte de la Academia Goncourt.

“Puede haber un trasfondo político ante el hecho de que el concurso lo pueda ganar una persona de origen haitiano y con una simple acusación ya terminen por satanizar una obra y una trayectoria”, comenta Guido Arroyo, docente del diplomado en Edición y Publicaciones de la Pontificia Universidad Católica (PUC).
“Si queremos ponernos estrictos podemos decir que hay que mostrar casi todo lo que uno trabajó para demostrar que efectivamente esto es algún trabajo de artesanía. ¿Dónde están los límites? Ahora surgen estas revisiones, que igual me parece que es muy de cero a uno", señala Galo Ghigliotto, escritor y editor de la Universidad de Santiago (Usach).
Jerry Adedayo Falade, escritor nigeriano, también protagonizó un escándalo ligado a un supuesto uso de IA en su novela policial Llámame, esconderé el cuerpo. Esta publicación estaba prevista para 2028 y había recibido una oferta de adelanto superior a los dos millones de dólares desde el sello Minotaur. El proceso para que el manuscrito vea la luz, en todo caso, se frustró ante sospechas por utilización de IA en su elaboración.
“Empezaron a circular rumores y, en seis horas, mi agencia me despidió, se suspendieron los contratos y se emitieron comunicados de prensa”, comentó Falade al diario The Guardian. En la misma línea, el autor recalca que las herramientas de detección de IA “son ampliamente conocidas por generar falsos positivos”.

¿Qué pasa en Chile?
A la fecha no ha estallado ningún caso como los de Silva, Orélien o Falade en Chile. “Generalmente estas acusaciones están asociadas a premios y acá los que se dan son bastante pocos. Lo más probable es que en el futuro vamos a empezar a enterarnos si es que esta cacería de brujas que se instaló no se detiene. Es probable que en los próximos años, cuando salgan los resultados de un premio municipal de Santiago, de mejores obras publicadas del Ministerio de las Culturas u otros, comiencen a aparecer estas acusaciones”, afirma Flores, consejera en la Sociedad de Derechos de las Letras (Sadel) e integrante de la asociación Editoriales de Chile.

“En las editoriales no está fácil el tema”, afirma Felipe Briones, director de la editorial Trayecto. “Cualquier persona puede decir que algo está hecho con IA y la verdad es que no es fácil comprobarlo (...). Tú no puedes asegurarlo hasta que hables con la persona o hagas una investigación secreta, te metes a la casa del escritor, lo grabas y dices ‘este gallo está ocupando IA’”, ironiza.
Aunque ocurrió en una escala mínima, Trayecto ya enfrentó una cuota de aprensión por parte del público. “Hace poco una persona dijo que había un libro nuestro hecho con IA y yo le mandé los documentos, porque justo, increíblemente, el autor había escrito todo su libro a mano”, relata Briones. Algunos reparos también se han dirigido en ocasiones a quienes elaboran las portadas e imágenes. “Tenemos ilustradores de un nivel impresionante y a veces la gente cree que es IA”, añade el director.
Flores señala que las editoriales han seguido este tema “con bastante atención”, aunque no hay un consenso uniforme entre ellas. “Hay distintas miradas al respecto. En general, tenemos una mirada bastante crítica respecto del uso de la IA a nivel escritural, pero la forma cómo se está abordando ya es una decisión de cada editorial. Puede ser que no estemos totalmente preparados, pero sí existe la voluntad de hacerlo bien y de entregar productos literarios de la mejor calidad posible”, comenta Flores, también responsable de Ediciones del Gato.
Cuando un manuscrito es aceptado para ser publicado en la editorial de Flores, su autor debe comprometerse en el contrato de edición a que ninguna parte del texto haya sido generada con IA. Una técnica similar adoptó la editorial Trayecto este año para el proceso de publicación. “Lo que hacemos es preguntarle al escritor si ocupó alguna idea madre con la IA, si cambió o no un párrafo con IA o si ocupó en general algo con la IA”, explica Briones.
Al igual que varias editoriales chilenas, Ediciones del Gato y Trayecto no utilizan plataformas de IA para detectar un eventual uso de esta tecnología en un trabajo. “No es raro que arrojen falsos positivos (...). A veces puede ser que simplemente el autor tiene un estilo muy clásico o que se ha usado bastante para el entrenamiento de la IA”, dice Flores.
El persistente recelo sobre los sitios web de detección ha llevado a distintos autores chilenos a probarlos con sus obras previas a la popularización de la IA. Briones, particularmente, hizo el ejercicio en Pangram con su cuento Relatos populares, publicado en 2014. “Me salió que tenía un 70% de IA, y la verdad es que yo no la ocupé, ni siquiera existía”, comenta el director de Trayecto.
De momento, el método para identificar esta tecnología en las distintas editoriales chilenas se ciñe a la tradición. “Nosotros lo hacemos a mano y ojo humano”, recalca Flores. “Nos damos cuenta cuando un texto tiene las características propias de algo que fue escrito de manera orgánica”, añade.
Las líneas que subrayan o refutan la idea anterior de párrafos largos, las estructuras secuenciadas en cada capítulo y las frases con composición extraña son algunas de las pistas que delatan la autoría de una inteligencia artificial. “Cuando uno escribe por IA se notan ciertos vicios, como repetir ciertas frases vacías que tratan de dar un significado ambiguo y de dar dos situaciones que se contraponen, detalla Felipe Cubillos Correa, dueño de la librería y editorial Letras Nómadas.
Arroyo también apunta a que “la IA está entrenada para escribir de una manera serializada e inorgánica, y le cuesta tener esa vitalidad”, mientras que en un texto escrito por una persona “tienden a haber ciertas reiteraciones y obsesiones narrativas del autor, rasgos propios de la obra misma”, además de errores de tipeo y de referencia, que son “un rasgo humano que la IA no logra mimetizar”.
“Nos abre un desafío como escritores”
Áurea Ediciones también depende de la visión humana para filtrar y editar sus textos, pero su reticencia a la IA en la literatura no se queda solo ahí. Desde julio de 2025, ya ha publicado 90 títulos con un símbolo anti IA en su contraportada. “Nosotros hacemos libros para humanos, hechos por humanos”, manifiesta su fundador y director, Joctán Zafira. “Quisimos dejarlo patente en los libros con este símbolo. Consideramos que, por lo menos en nuestro rubro, el uso de la IA siempre debiera restringirse a ser una herramienta de apoyo, pero en ningún caso ser la protagonista de ninguna de las etapas de la creación”, agregó.

Arroyo, quien también ejerce como editor general en Alquimia, plantea que “lograr un resguardo 100% libre de IA hoy es bastante difícil e inviable”. Briones, por su parte, comenta que algunos autores con los que ha conversado en su librería la utilizan para buscar ideas o sustituciones de palabras específicas. “Creo que la IA llegó para quedarse, habría que ser muy ciegos para decir que los escritores no la ocupan nunca para nada”, afirma.
Sobre ese punto, Zafira recalca que esta tecnología “nunca debería reemplazar la función principal que en los autores es escribir o en un trabajo editorial, donde la función principal es corregir, perfeccionar una obra y llevarla a su mejor versión. Eso tiene que pasar por el ojo humano y siempre debe ser trabajo humano primero, no dejárselo directamente a la IA, porque ahí nos arriesgamos al reemplazo absoluto y, por lo menos en este rubro, nosotros creemos que no debiera ocurrir nunca”.
El docente de la PUC considera que la “mirada un poco apocalíptica de que la IA va a reemplazar por completo el oficio de la edición es un poquito inexacta”, pero que ya se han conocido “muchas polémicas que se han generado por ediciones o libros que han mal usado la IA o que no ha sido corregido posteriormente el uso de la IA y que se ha notado para el público”.
Para Ghigliotto, esta situación “nos abre un desafío como escritores, porque en el caso de la literatura hay una eterna discusión sobre el fondo y la forma. Abre una discusión más allá de lo escrito, sino de cómo se concibe esta escritura”.
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