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Saturday, October 17, 2026

Qué hay detrás de la violencia en la plaza y languidece la campaña por Malvinas

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Volvió la violencia y aún no se sabe cómo llegó. Una posibilidad: vino de esos grupos de una izquierda marginal y nostálgica a los que la ideología les devora la cabeza y que en nombre de la revolución salen a romper todo y terminan por ser funcionales a los que supuestamente combaten, en este caso a Milei. Perón los llamaba idiotas útiles. La otra es que la hayan traído provocadores profesionales tipo Quebracho, ¿se acuerdan?: barrabravas camuflados de militantes, que la policía alquilaba o alquila para infiltrar entre los manifestantes. Los dos grupos se mueven encapuchados y la violencia es el territorio donde se sienten más cómodos.

¿Y si el jueves frente al Congreso lo que hubo fue una mezcla de los dos? Es la tercera opción y no hay que descartarla. Resulta patético que en octubre del 2026 estemos hablando de violencia y de infiltrados, dos de las peores palabras de los 70. Debería ser inadmisible para cualquiera que de nuevo se conviertan en sinónimo de política. Con la violencia no hay avenidas del medio, es un descubrimiento mil veces descubierto. La UBA, que perdió el control de la concentración, pidió que se informara quiénes son los detenidos. Apoyamos eso.

El éxito de las movilizaciones se mide por dos cosas: por la gente que llevan y si evitan ser copadas, que es lo que pasó. Resultado: al Gobierno le vino mal la marcha pero bien cómo terminó. Juntó preocupados reales por la educación y aprovechadores también reales. La tevé, al final, le dedicó más tiempo, casi tres horas, a mostrar a los violentos que provocaban a la policía y a la policía que le lanzaba gases para dispersarlos que a los que fueron a reclamar por los fondos universitarios, una bandera a la que le sobra legitimidad. No hace falta decir nada más.

O quizás esto: hubo muchos dirigentes, como Kicillof y otros de La Cámpora y del partido Obrero, y hasta sindicalistas, pero faltaron dirigentes importantes. En el recinto, y con la ayuda clave de aliados del Pro y radicales, el mileismo dejó sin quórum y sin brújula a la oposición y abortó el intento para voltear el mega decreto 70. Hubiera sido mucho más que eso, como voltear al Gobierno, porque parte de las cosas más importantes que han hecho están allí. Entendieron el riesgo que corrían y el día anterior a la marcha y a la sesión metieron la marcha atrás en el capítulo sobre la venta de tierras a extranjeros del proyecto de Propiedad Privada.

Los acompañaron, por supuesto, los gobernadores amigos, y como no hubo necesidad de que todos se borraran, hasta les permitieron a algunos diputados aliados sentarse en sus bancas para no pagar el costo del faltazo. Se notó la mano de Santilli para sacarle a Caputo adelantos de coparticipación, como hace tiempo que no sucedían. Santa Fe, clave para frenar la movida contra el DNU, fue uno de los beneficiados. En lo que va del mes, repartió con Santa Cruz y Tucumán unos $140.000 millones.

En un momento de caída de la recaudación, ¿de qué van a hablar si no de plata y de obras públicas los gobernadores con Santilli, que consulta todo, y todo quiere decir todo, con Karina? Sometimiento voluntario o cómo sobrevivir en el poder. ¿Y de qué habla Santilli con los gobernadores? Sobre todo del fin de las Paso. Dice que está ahí de conseguir el número de senadores para bajarlas. ¿Está ahí? No da los nombres y en el mismo gobierno dudan, como Ritondo y Bullrich. Es cierto que los dos se llevan mal con Karina y odian a los Menem o que los Menem los odian. Gente implacable con los defectos, salvo con los propios.

Enfrente opera con todo Massa, que dio todas las vueltas que podía dar y ahora juega a mantener las Paso diciendo que ya arregló con Cristina ser su candidato para enfrentar a Kicillof en una eventual interna. Viniendo de Massa, uno tiene todo el derecho a ponerlo en duda.

Hoy por hoy, la foto de Cristina, Massa y Kicillof sigue siendo el principal activo electoral de Milei. Hace rato que Milei y los gobernadores podrían haber cerrado un pacto electoral. ¿Qué lo impidió? Entre otras cosas, que los Menem se empeñen en sostener en las provincias a candidatos libertarios que compiten con los de los gobernadores. Para los gobernadores, las Paso son una preocupación de Milei, que cree que ayudan al peronismo a ordenarse. Otro punto: Milei cae en las encuestas y cuánto más caiga, más cosas podrán sacarle, imaginan. Es así, pero ¿cuánto les servirá la alianza si Milei se debilita demasiado?

El otro armador senior del oficialismo, Santiago Caputo, maneja agenda propia. Coordina con Bullrich en el Senado, pero en Diputados la pasa mal: al frente está Martín Menem, el enemigo interno que pronostica desde hace meses que Caputo está con un pie afuera del Gobierno. Si el kirchnerismo está roto, el mileismo no está mucho mejor. Responsable del repentino nacionalismo por Malvinas de Milei, Caputo empuja el proyecto que revive el CONASE de Onganía y genera un ruido enorme por su avance sobre el periodismo. Recuerde este verbo: securitizar, que suena horrible como lo que es, la castellanización de una palabra inglesa y quiere decir transformar un tema en una cuestión de seguridad. Se securitizan cada vez más cosas, como la libertad de prensa.

Una cosa es apropiarse de Malvinas, pero lanzar un tuit diciendo que “Gran Bretaña está siendo colonizado por el Islam”, es irse directamente a la banquina. Replicado por Milei, el largo tuit de Caputo fue casi un calco de la denuncia de Trump contra Sadiq Khan, el primer alcalde musulmán de Londres, al que acusó de querer imponer la ley islámica. Caputo viajó a Estados Unidos para conversar sobre cuestiones de inteligencia, según la explicación off the record ¿Tocó también esta campaña, que intenta mantener viva la languideciente movida por Malvinas? Aquí, el Gordo Dan, jefe de sus tuiteros, metió a los Menem en el asunto. Otro calco, pero de los 90, cuando la CGT de Ubaldini gritaba desaforada: “traigan al gorila musulmán para que vea que este pueblo no cambia de idea...”

Son cosas que hacen a la política más pequeña, como la hacen también la corrupción, los principios movibles, la falta de lealtad, el dogmatismo y los que llevan su odio y su resentimiento a todas partes. Y lo que hace más pequeña a la política, hizo más pequeño al país.

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