Estados Unidos: las elecciones de medio término ponen a prueba el gobierno de Donald Trump y su agenda futura en la Casa Blanca

Fatigado, con 30 actos de campaña en 32 días en sus espaldas, el presidente Donald Trump enfrenta este martes el riesgo de perder gobernabilidad –y poder-- en los últimos dos años de su mandato. En las llamadas “midterms” de la primera potencia mundial, los estadounidenses votan para elegir legisladores y gobernadores y las encuestas pronostican que los republicanos perderían la Cámara de Representantes y quizás también el Senado de Estados Unidos, en un clima de preocupación por el costo de vida y la inflación.
Hasta última hora del lunes, Trump intentó movilizar a sus seguidores para que vayan a las urnas. “Voten y no permitan que ganen los yihadistas y los comunistas demócratas", reclamó desde el emblemático escenario del Lincoln Memorial en Washington, reforzando su idea de que los demócratas son radicales socialistas que buscan eliminar el capitalismo estadounidense.
"Estas son las elecciones de medio mandato más importantes de nuestra historia. No podemos permitir que ganen quienes odian a este país", agregó.
Trump sabe lo mucho que se juega porque estas elecciones serán un gran test para su gestión. A nivel federal, se renuevan las 435 bancas de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado.

Los republicanos hoy tienen una mayoría en el Senado de 53-47, mientras que la Cámara de Representantes también está bajo control del oficialismo: 218 republicanos, 214 demócratas, un independiente y dos vacantes. Pero todo puede cambiar en la noche del martes.
Ese día habrá también importantes elecciones a nivel estatal: 36 gobernaciones y más de 6.100 bancas en legislaturas estatales, junto con otros cargos y consultas locales.
El nombre de Trump no figura en ninguna boleta, pero él mismo dijo a los estadounidenses que hicieran de cuenta que su apellido estaba escrito en las papeletas, resaltando que estas elecciones son un referéndum sobre su gestión. Es un movimiento arriesgado: el presidente vive hoy el peor momento de popularidad de su mandato, con un promedio de aprobación de apenas 37%, según RealClearPolling.
Además, las encuestas muestran que los estadounidenses están muy preocupados por la marcha de la economía, sobre todo el costo de vida y la inflación, y ese el principal tema que va a decidir su voto. Es lo que dicen los sondeos y lo que también observó Clarín en el terreno estos días, en diálogo con obreros, ganaderos, docentes, líderes comunitarios y dirigentes en estados clave como Michigan y Texas.
Todos, demócratas, republicanos e independientes, reconocen que el costo de vida impacta en sus familias, aunque los partidarios de Trump afirman que el agobio es pasajero y que se arreglará cuando el presidente logre terminar la guerra en Oriente Medio y baje el precio del combustible.
Los independientes o republicanos moderados dudan, o prefieren callar. ¿Castigarán al presidente? Es posible, como también parece que lo harán masivamente los latinos, que en 2024 apostaron por el magnate.
Según las encuestas, la mayoría responsabiliza a Trump por el mal manejo. Un 64% de los estadounidenses está en desacuerdo con la gestión del presidente de la economía y un 70% dice que maneja mal el tema de la inflación.

O sea que esta vez más que nunca el bolsillo será clave a la hora de votar.
Las encuestas nacionales –que muchas veces han demostrado que se equivocan—asignan a los demócratas una amplia ventaja de entre 7 y 12 puntos, aunque es importante ver en detalle qué sucede en cada estado, que es en realidad onde se asignan las bancas.
Según los modelos estadísticos de Silver Bulletin y Decision Desk, hay entre 85% y 92% de probabilidades de que los republicanos pierdan Representantes y entre 66% y 77% de que sean derrotados en el Senado.
Hay estados ajustadísimos que podrían definir la carrera a la cámara alta por pocos votos y es allí donde hay prestar atención durante el conteo: Michigan, Texas, Maine, Kansas, Ohio, Iowa y Alaska, porque ahí las encuestas dicen que los resultados para el Senado van a ser muy ajustados.
En el terreno, el entusiasmo demócrata se siente mucho más que el republicano. En Texas, que es un estado conservador que ha votado senadores republicanos desde la época de Ronald Reagan, los actos del candidato Ken Paxton se notan con menor audiencia y mucho más apagados, según pudo comprobar Clarín, que los del demócrata James Tallarico, donde la gente quedó afuera por desbordar la capacidad del lugar.
En este enclave tradicionalmente conservador, los demócratas podrían pegar un batacazo, según las encuestas, y también en otros de histórica raíz republicana como Kansas o Alaska.
Los escenarios posibles
Trump corre el riesgo de convertirse en un “pato rengo” en el segundo tramo de su mandato, un presidente con el Congreso en contra y con poder recortado. Es bastante común que el partido que está en el gobierno pueda perder la Cámara de Representantes, donde hoy el oficialismo tiene una mayoría ajustada. El tema es que, si hay un “tsunami azul” (por el color de los demócratas) sería mucho más complicado para el presidente.

--Si los republicanos pierden la mayoría en la Cámara de Representantes, pero no el Senado, Trump podría seguir gobernando, pero perdería buena parte de su capacidad para aprobar leyes y enfrentaría un Congreso mucho más hostil durante los últimos dos años de su mandato. No sería una parálisis total del gobierno, pero sí un cambio profundo: Trump conservaría la Casa Blanca, el control de la administración federal y buena parte de sus facultades ejecutivas, mientras que los demócratas tendrían herramientas para bloquear su agenda legislativa, investigar a sus funcionarios y condicionar el presupuesto.
Si existiera una paliza demócrata, Trump podría también perder el control del Senado. Con todo el Congreso en contra le será muy difícil aprobar las leyes, sus órdenes ejecutivas y sus acciones en el exterior pueden ser trabadas. Más aún: corre el riesgo de que los legisladores puedan impulsar un impeachment por alguna controversia personal o de su mandato.
Trump también perdería el respaldo del Senado para confirmar jueces, funcionarios y otros nombramientos importantes. Sin embargo, el presidente conservaría su poder de veto y amplias facultades ejecutivas, especialmente en política exterior, inmigración y comercio.
En la noche del martes hay que prestar atención también a las carreras para gobernador en 36 estados, de los cuales 18 están actualmente en manos republicanas y 18 en manos demócratas. Varias de estas contiendas podrían modificar el mapa político del país.
Los demócratas tienen posibilidades de arrebatarles gobernaciones a los republicanos en Georgia, Nevada, Ohio, Iowa, Alaska, incluso en Texas, mientras que los republicanos aspiran a recuperar Kansas. También se anticipan disputas competitivas en Michigan, Wisconsin, Arizona y Florida, tres estados clave en las elecciones presidenciales.
Entre los demócratas existe la preocupación por la posible reacción de Trump ante una derrota contundente y están alertas ante posibles denuncias de fraude. Cuando días atrás le preguntaron si aceptaría los resultados de las elecciones, Trump respondió: “Lo haré, si son elecciones honestas”.
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