Ovejas, vacas y caballos: 460 yacimientos explican la transformación de la ganadería medieval que hizo de Inglaterra una potencia económica
Descubre por qué la revolución ganadera medieval inglesa fue un proceso más complejo que la mera sustitución de las vacas por las ovejas. La evidencia de 460 yacimientos cambia la historia.
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¿Qué pueden contar unos fragmentos de huesos, enterrados durante mil años, sobre el auge económico de Inglaterra en el medievo? Mucho más de lo que sugiere la vieja historia de un país que cambió la cría de vacas por la explotación ganadera de las ovejas para vender lana a media Europa.
Un análisis reciente, publicado en PLOS One, ha reunido evidencias de 460 yacimientos repartidos por toda Inglaterra para abordar la cuestión desde la zooarqueología. Los resultados apuntan a que no hubo una única revolución ganadera, sino que esta se forjó mediante una sucesión de estrategias regionales y decisiones productivas que cambiaron según el lugar, el tipo de suelo, las exigencias del mercado y las circunstancias del momento.
Una monumental investigación ha comparado los datos de más de 450 yacimientos ingleses para reconstruir la evolución de la cría de ganado en la Inglaterra medieval.
Huesos que no encajan con la “revolución ganadera”
La documentación medieval menciona la existencia de grandes rebaños monásticos y de un comercio lanero que conectaba Inglaterra con Flandes e Italia, pero ¿confirma el registro óseo recuperado en las excavaciones este relato? El estudio realizado por Matilda Holmes, David Orton, Helena Hamerow y Richard Thomas y publicado en PLOS ONE en 2026 se ha encargado de desentrañar la cuestión.
Los autores han sintetizado los datos de 701 conjuntos zooarqueológicos procedentes de 460 yacimientos, en un arco cronológico entre 400 y 1400 d. C., aproximadamente. La monumental investigación, por tanto, ha comparado la cría de bovinos y ovinos a lo largo de 1.000 años.

Qué dicen los restos óseos: los límites de un método
Los arqueólogos estiman la presencia y el uso de cada especie animal a partir de una serie combinada de factores. Se tienen en cuenta la frecuencia con la que aparecen los huesos, la edad de sacrificio, el sexo de los animales, el tipo de asentamiento, la región y la geología del entorno.
Ahora bien, los huesos reflejan sobre todo el perfil de los animales sacrificados, consumidos o descartados. Por tanto, no puede tomarse como una suerte de censo de los animales vivos presentes en una determinada población. El número de fragmentos identificados y el número mínimo de individuos (NMI) no son lo mismo y ninguno permite calcular de forma automática el tamaño real de un rebaño en el pasado.
A esto se suman los límites del muestreo. No todos los yacimientos conservan huesos de animales. Las prácticas de cría de ganado, además, difieren de un contexto a otro: los entornos monásticos, señoriales y campesinos hicieron uso de distintas estrategias de cría y consumo. La distribución de los hallazgos en el registro arqueológico, por tanto, exige la debida cautela.
Para evaluar la presencia de animales en un contexto arqueológico, se tienen en cuenta la frecuencia con la que aparecen los huesos, la edad de sacrificio, el sexo de los animales, el tipo de asentamiento, la región y la geología del entorno.
Los bovinos como motor agrícola: fuerza, estiércol y reserva de riqueza
El estudio confirma que, en los primeros siglos analizados, los bovinos fueron especialmente abundantes en asentamientos con una agricultura mixta relativamente autosuficiente. Entre los siglos V y VII d. C., el ganado vacuno domina buena parte del registro. Un buey aportaba fuerza de tracción tanto para arar como para transportar, mientras que una vaca proporcionaba, además, leche, carne, cuero y estiércol. El ganado bovino sostenía, por tanto, las tareas de labranza y la fertilidad de los campos.
Según han detectado los investigadores, entre los siglos IX y XII aumenta la presencia de animales adultos en el registro, una pauta compatible con un uso más intenso de los bovinos para la tracción y la producción de leche antes de que entren en el circuito cárnico. Los indicios de reses empleadas como animales de tiro ganan peso a partir del siglo IX y alcanzan su máximo en los siglos XI y XII.
De acuerdo con los datos, un animal sacrificado a mayor edad reflejaría un cambio de función. En las fases medievales tardías, algunos conjuntos muestran sacrificios de reses más jóvenes, una pauta que los autores relacionan con una mayor orientación hacia la carne y con el uso creciente de los caballos para la labranza.

Las ovejas y la lana: un activo comercial que empezó antes de lo que creíamos
El estudio ha permitido revisar y corregir una idea extendida. La expansión relativa de los rebaños ovinos no arrancaría en los siglos XI a XIII, como sugería la periodización tradicional, sino que ya se detectaría desde el siglo VII, en parte asociada a la producción de lana y al papel económico de los centros monásticos y comerciales.
Las ovejas ofrecían lana, carne, piel y estiércol, y encajaban bien en la producción cerealista mediante el abonado de los campos y el aprovechamiento de rastrojos. La lana en el medievo se convirtió en materia prima de altísimo valor. Se vendía a los fabricantes de paños flamencos e italianos a través de puertos como Boston, King's Lynn, Southampton y Londres.
La dimensión de ese comercio la aportan las fuentes documentales. Las cuentas aduaneras permiten estimar que las exportaciones de lana alcanzaron su pico en el siglo XIII y comienzos del XIV, con un volumen aproximado de 40.000-45.000 sacos anuales.
La expansión de los rebaños ovinos ya se detectaría desde el siglo VII, en parte asociada a la producción de lana y al papel económico de los centros monásticos y comerciales.
Estrategias regionales: ganado vacuno frente a ganado ovino
Si algo desmonta la arqueología medieval reciente es la idea de que existiera una tendencia nacional homogénea. La combinación de suelos, mercados, sistemas de tenencia y disponibilidad de pastos hacía que la respuesta variara de un territorio a otro.
Pensemos en algunos de los escenarios que la investigación presenta como casos de estudio. Cotswolds, con su relieve calcáreo, se asocia a un notable dinamismo lanero. Lincolnshire, por su parte, combinaba la producción de cereal con el pastoreo a gran escala, gracias al cual accedía a los circuitos comerciales. East Anglia integraba una intensa producción agrícola con opciones ganaderas, mientras que el sudeste del territorio enlazaba con la demanda urbana y las rutas de exportación. En las regiones más húmedas del norte y el oeste, menos aptas para la agricultura arable intensiva, los bovinos y la producción láctea tenían un peso especial.

En el sistema de campos abiertos, el rendimiento de los cultivos dependía, en parte, de la simbiosis entre el ganado y la agricultura.
Ganadería y cereales: una historia de complementariedad, no sustitución
El estudio también sostiene que la expansión del ganado ovino no implicó el abandono del cultivo del cereal. Inglaterra necesitaba grano para alimentar a su población, y la mayoría de las aldeas dependía de una economía mixta de cultivos y animales.
Ambas prácticas se sostenían mutuamente. Los bueyes proporcionaban tracción y estiércol para la labranza, mientras que las ovejas pastoreaban y abonaban los campos tras la cosecha. En el sistema de campos abiertos, el rendimiento de los cultivos dependía, en parte, de la simbiosis entre el ganado y la agricultura. Los pastos comunales actuaban como amortiguadores frente a la variabilidad climática. Lo que cambió con el tiempo no fue la sustitución de una actividad por otra, sino el equilibrio entre ellas según las oportunidades que ofrecían cada momento y lugar.
Referencias
- Holmes, Matilda, et al. 2026. "Meat, milk, wool and grain: The animal economy of medieval England (CE 400 to 1400)". PLoS One 21.9: e0355965. DOI: https://doi.org/10.1371/journal.pone.0355965
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