Desmentido: más calor no siempre hace crecer más a los bosques
Un análisis de 65 masas forestales septentrionales revela que el calentamiento intensifica la respiración vegetal y atenúa la absorción neta de carbono, cuestionando la estabilidad de los sumideros terrestres frente al cambio climático.
Publicado por Santiago Campillo Brocal
Biólogo. Máster en Biología Molecular y Biotecnología, Director de Muy Interesante Digital
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Según el trabajo de Darby Bergl y colaboradores en Global Change Biology Communications, las mediciones de CO₂ realizadas en el bosque experimental de Bartlett entre 2004 y 2023 muestran una tendencia inequívoca: la absorción neta cae a razón de −12,52 ± 3,49 g C/m²/año por año, y ese debilitamiento no se explica por un desplome de la fotosíntesis, sino por un aumento sostenido de la respiración de +15,82 ± 2,96 g C/m²/año por año.
Claves sobre el balance de carbono
- Respiración acelerada: En el bosque de Bartlett, las emisiones respiratorias crecieron +15,82 g C/m²/año entre 2004 y 2023, superando a la fotosíntesis.
- Saldo negativo: En 2022, la masa de Bartlett liberó 120 g C/m² más de lo que logró absorber durante el ciclo anual.
- Compensación estacional: En 65 bosques septentrionales analizados, el calor estival y otoñal neutralizó hasta el 80 % de las ganancias primaverales.
- Influencia de la edad: Los bosques jóvenes sufrieron las mayores pérdidas estivales de carbono, mientras las masas maduras maximizaron la fotosíntesis primaveral.
La captura total no se hundió de forma equivalente en la masa forestal estudiada, sino que cambió el saldo neto porque el sistema empezó a liberar más CO₂ del esperado. En varios años recientes, Bartlett llegó a comportarse como fuente neta de carbono: la productividad neta fue de −22 g C/m² en 2021, −120 g C/m² en 2022 y −15 g C/m² en 2023, donde el signo negativo indica que las emisiones superaron a la absorción total.

«Estos resultados desafían la suposición de que los bosques seguirán absorbiendo grandes cantidades de carbono a medida que avance el cambio global», advierte la investigadora Darby Bergl, de la Universidad del Norte de Arizona.
El equipo subrayó que los inviernos más cálidos también activan la respiración subterránea, prolongando la actividad biológica en meses antes dormidos. Ahora bien, un matiz imprescindible: Bartlett es un único bosque durante un periodo concreto. Ilustra un mecanismo fisiológico, no demuestra que todos los bosques templados sean ya emisores netos.
El mapa estacional del norte: 65 bosques, ninguna respuesta única
El estudio de Liu y colaboradores publicado en Communications Earth & Environment reunió 65 emplazamientos de bosques boreales y templados del hemisferio norte, analizando 9.972 observaciones sitio-mes y 831 sitio-años en ecosistemas forestales de entre 2 y 475 años de edad procedentes de redes internacionales como FLUXNET, AmeriFlux, ChinaFLUX e ICOS.
El patrón estacional se repite con claridad en la mayoría de latitudes boreales, donde las primaveras más cálidas aumentan la absorción neta, mientras que los veranos y otoños más cálidos tienden a reducirla, llegando a compensar aproximadamente el 80 % de la ganancia primaveral.
«No existe un bosque promedio, sino combinaciones complejas de clima, fenología, suelo y etapa de desarrollo», señalan los autores del análisis global en Communications Earth & Environment.
La clasificación por edades reveló una disparidad crítica entre masas jóvenes y maduras, puesto que los bosques maduros mostraron una respuesta primaveral positiva más marcada, mientras que los jóvenes sufrieron los mayores descensos de captación en verano y otoño. La conclusión es contundente: la dinámica del carbono no depende solo de la temperatura media.

Boreales y fríos: el calor abre ventanas, pero no elimina el riesgo
En las regiones frías las temporadas más largas amplían la fotosíntesis al inicio de la primavera, favoreciendo el crecimiento vegetal durante los primeros meses del año. Pero existe un coste oculto: el mismo calor intensifica la respiración de raíces, suelo y microorganismos en el ciclo del carbono, amplificando las pérdidas cuando el agua empieza a faltar en verano.
Templados: el verano cálido empuja la balanza hacia el CO₂
El balance neto en los bosques templados funciona como una balanza metabólica sensible, en la que la respiración sube por partida doble: más actividad biológica general y mayor demanda de mantenimiento celular con el calor. Por eso la productividad bruta y el almacenamiento duradero de carbono no son equivalentes en condiciones de estrés hídrico.
Mediterráneos: sequía, incendios y mortalidad cambian la ecuación
En las latitudes mediterráneas el límite principal no es la temperatura sino la disponibilidad hídrica, donde la acumulación de episodios extremos como olas de calor, sequías prolongadas e incendios puede transformar rápidamente masas forestales maduras en fuentes directas de carbono.

Qué se puede hacer: conservar humedad, diversificar y reducir vulnerabilidades
La gestión forestal moderna debe orientarse a conservar la humedad del suelo y diversificar especies, reduciendo la continuidad del combustible frente a incendios y adaptando la composición de las masas a las condiciones climáticas locales. Plantar por plantar no garantiza un sumidero estable si los árboles quedan fuera de su rango de tolerancia térmico.
El equilibrio entre fotosíntesis y respiración vegetal impone límites físicos innegociables, recordando que la capacidad futura de los bosques como sumideros de carbono dependerá de mantener la temperatura global dentro de márgenes sostenibles.
Referencias
- Bergl, D., et al. (2024). Net ecosystem carbon balance weakening driven by respiration in a temperate forest. Global Change Biology Communications. DOI: 10.1002/gcb4.70041
- Liu, Y., et al. (2025). Seasonal divergence of net ecosystem productivity in northern forests across age classes. Communications Earth & Environment. DOI: 10.1038/s43247-025-02008-7
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