Una isla cubierta de árboles aparece en un enorme lago de Canadá, desaparece y vuelve a surgir 30 kilómetros después
Un bosque flotante de unos 150 metros apareció en el lago Williston, desapareció durante días y fue localizado después a unos 30 kilómetros de distancia.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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En un lago artificial de la Columbia Británica ha ocurrido algo difícil de explicar a primera vista. Una superficie cubierta por decenas de árboles apareció flotando en mitad del agua, desapareció poco después y terminó siendo localizada a unos 30 kilómetros de distancia.
El lago Williston es demasiado grande y está demasiado bien conocido como para que una isla de unos 150 metros de longitud pase inadvertida durante mucho tiempo. Por eso, cuando un navegante observó a finales de julio una enorme masa verde donde aparentemente no debía existir nada, la primera reacción fue de desconcierto. No se trataba de unos cuantos troncos arrastrados por el agua. Ante él había algo parecido a un pequeño bosque navegando lentamente por uno de los mayores embalses del planeta.
La estructura medía aproximadamente 150 metros de largo y unos 75 de ancho. Sobre ella crecían coníferas y árboles de hoja ancha, algunos de tamaño considerable. También se había convertido en refugio de aves y pequeños animales. Vista desde cierta distancia, tenía todos los ingredientes visuales de una isla convencional. La diferencia estaba debajo: aparentemente no existía un terreno firme que la conectase con el fondo.
El fenómeno resultó tan insólito que las primeras imágenes despertaron incluso dudas sobre su autenticidad. En una época en la que una fotografía sorprendente puede ser creada artificialmente en segundos, la existencia de aquel bosque flotante necesitaba una comprobación independiente. Una imagen obtenida por satélite el 21 de julio terminó despejando la cuestión: la masa estaba realmente allí.
Y entonces ocurrió algo todavía más extraño. A mediados de agosto dejó de verse. La isla que acababa de llamar la atención de residentes y navegantes parecía haberse esfumado.
Un bosque que recorrió unos 30 kilómetros
La explicación llegó a finales de agosto. La isla no se había hundido ni desintegrado. Había estado viajando.
BC Hydro, la compañía pública responsable del embalse, consiguió localizarla el 31 de agosto aproximadamente 30 kilómetros al noroeste de la posición en la que había sido observada anteriormente. El desplazamiento habría ocurrido en unos 15 días, aunque su trayectoria exacta resulta difícil de reconstruir. Durante parte del recorrido pudo quedar pegada a alguna zona de costa y pasar desapercibida.
Su aparición plantea una pregunta más interesante que su desaparición: ¿cómo puede existir un bosque flotante de semejante tamaño?
La hipótesis manejada por BC Hydro comienza décadas atrás. Williston no es un lago natural, sino un gigantesco embalse creado después de la construcción de la presa W.A.C. Bennett. La inundación del territorio dejó grandes cantidades de vegetación y madera en sus márgenes. Con el paso del tiempo, troncos, raíces y restos vegetales pudieron concentrarse en zonas protegidas hasta formar una plataforma suficientemente estable para que comenzaran a desarrollarse plantas encima.
La descomposición progresiva de la materia orgánica habría proporcionado nutrientes. Las raíces, por su parte, habrían contribuido a mantener unida la estructura. Año tras año, lo que inicialmente pudo ser una acumulación de restos vegetales habría adquirido el aspecto de un fragmento de terreno convencional.
El resultado es paradójico: un ecosistema que parece asentado sobre tierra firme, pero cuya base puede estar formada esencialmente por madera, raíces, sedimentos y materia vegetal entrelazada.

La isla flotante mide unos 150 metros de largo y 75 de ancho, una superficie cercana a los 12.000 metros cuadrados.
El nivel del agua pudo poner la isla en movimiento
Que una estructura así pueda existir no explica por sí solo por qué comenzó a navegar precisamente ahora. Aquí entra en escena otra circunstancia excepcional.
El nivel del embalse alcanzó este año valores que no se registraban desde hacía 14 años. La abundante nieve acumulada durante el invierno y las lluvias estivales elevaron notablemente el agua. Ese incremento pudo ejercer suficiente empuje para liberar una masa vegetal que hasta entonces permanecía atrapada o apoyada cerca de la orilla.
Una vez desprendida, el viento y las corrientes hicieron el resto.
No todos los especialistas consideran cerrado el caso. La escala del fenómeno plantea interrogantes, especialmente porque no resulta sencillo explicar cómo una acumulación de restos forestales puede mantener cohesionados árboles relativamente grandes mientras recorre kilómetros de aguas abiertas. La naturaleza exacta de su base tampoco ha sido estudiada directamente.
Precisamente ahí reside una de las claves del misterio. La isla parece sólida desde lejos, pero acercarse a ella puede ser peligroso. Una superficie aparentemente cubierta de vegetación puede ocultar huecos, troncos móviles y sectores extremadamente frágiles. El movimiento de los árboles observado desde las embarcaciones apunta a que el soporte sobre el que crecen está lejos de comportarse como suelo convencional.
No es, además, un fenómeno completamente desconocido.

El lago Williston es uno de los mayores embalses del planeta y ocupa el séptimo puesto mundial por volumen de agua almacenada.
Las islas que navegan no son una invención
Existen masas vegetales flotantes en otros lugares del planeta. Uno de los ejemplos más conocidos se encuentra en el lago Chippewa, en Wisconsin, donde grandes extensiones de turba, barro, raíces y vegetación pueden cambiar de posición impulsadas por el viento. Algunas llegan a convertirse en obstáculos para la navegación.
Estos ecosistemas permiten comprender cómo algo que asociamos intuitivamente con un elemento inmóvil del paisaje puede transformarse en una estructura itinerante. Una red suficientemente densa de raíces y materia orgánica puede conservar flotabilidad y, al mismo tiempo, sostener vegetación durante largos periodos.
Lo excepcional de Williston está en sus dimensiones, en los árboles que transporta y en la espectacularidad de su aparición. El bosque flotante ocupa alrededor de 12.000 metros cuadrados y puede albergar cerca de un centenar de árboles. No es una pequeña alfombra vegetal arrastrada por una corriente, sino una estructura que desde una embarcación puede confundirse fácilmente con tierra firme.
Su existencia también recuerda hasta qué punto los embalses continúan evolucionando décadas después de su construcción. Las costas se erosionan, los árboles caen, la materia orgánica se acumula y los niveles del agua cambian. El paisaje aparentemente estable que vemos en la superficie es, en realidad, un sistema en permanente transformación.
La isla de Williston podría continuar flotando durante años, quedar atrapada de nuevo en alguna orilla o fragmentarse gradualmente. Nadie puede predecir todavía su destino. Por ahora, lo único seguro es que un pequeño bosque canadiense ha demostrado que una isla no necesita permanecer en el mismo sitio para seguir siendo una isla.
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