Por qué Goya pintaba grandes nubes blancas en sus cartones para tapices
Descubre por qué Goya pintaba grandes nubes blancas en sus cartones para tapices y cómo este recurso daba protagonismo a sus escenas.
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En los cartones que Goya pintó para la Real Fábrica de Tapices, las grandes nubes blancas tienen un motivo. El artista las utilizaba como recurso pictórico, pero también para destacar a los personajes de cada escena.
En las salas 85 a 94 del Museo Nacional del Prado, en la planta superior del ala sur del Edificio Villanueva, se expone la mayor parte de los cartones que Francisco de Goya (1746-1828) pintó por encargo para la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara: alrededor de medio centenar. En ellos aparecen escenas alegres y de vivos colores, muchas de ellas muy conocidas.
La próxima vez que visite el Prado, fíjese no solo en los personajes de estos famosos cartones, sino también en los cielos. Comprobará que en casi todos aparece una gran nube blanca como telón de fondo. No es casualidad: detrás de este recurso hay varias razones.
Un recurso pictórico y práctico
Goya se instaló en la capital de España y empezó a recibir encargos de la Real Fábrica de Tapices. Para un joven y ambicioso pintor de provincias que quería prosperar en Madrid y abrirse paso en la corte, era una magnífica oportunidad.
Consciente de su talento, quiso plasmarlo en sus cartones. Sin embargo, pronto comprendió que no podía explotar al máximo sus dotes pictóricas: las pinturas debían trasladarse a tapices, donde muchos detalles se perdían. Por eso, aunque siguió representando con precisión los efectos de luz y los elementos del paisaje, procuró no excederse.
La gran nube blanca, pintada sin demasiados detalles, facilitaba el trabajo tanto a Goya como a los tejedores de la Real Fábrica. El artista se contuvo en lo técnico, pero no limitó su creatividad: encontró en esa nube un recurso pictórico eficaz y relativamente sencillo. Además, permitía destacar a los personajes principales de las escenas al aire libre sin restarles realismo.

Una nube inspirada en el cielo de Madrid
La formación nubosa que domina en los cartones de Goya es un cumulonimbo, es decir, una nube de tormenta. El pintor la repite no solo porque era una solución técnica, sino también porque la observaba con frecuencia durante sus sesiones al aire libre, mientras abocetaba las escenas que, junto con el resto de su producción, lo convertirían en uno de los grandes pintores de todos los tiempos.
Imaginemos a Goya una mañana de primavera o verano en la Pradera de San Isidro, o en otro lugar de Madrid desde el que pudiera ver, al norte de la ciudad, las cumbres de la Sierra de Guadarrama. El pintor trabajaba con rapidez, pero no tanta como para que el cielo mantuviera el mismo aspecto durante toda la sesión.
A medida que pasaban las horas, el blanco ocupaba una porción cada vez mayor del cielo, en detrimento del azul. La actividad convectiva comenzaba en las montañas y allí descargaban las primeras tormentas. Aunque la base de los cumulonimbos era muy oscura, desde la capital destacaba el blanco resplandeciente de la parte superior: eso es lo que Goya pintaba.
Distintas formas y señales de tormenta
Algunas tormentas acababan llegando a la ciudad, donde el cielo se llenaba de nubarrones oscuros que anunciaban lluvia, granizo, rayos, truenos y relámpagos. Aunque la gran nube blanca es un elemento común en los cartones de Goya, su aspecto cambia de una obra a otra.
La que aparece en La cometa (1778) resulta especialmente llamativa: su parte superior termina en una especie de bonete. La amplia veladura nubosa, extendida horizontalmente, hace pensar en una nube accesoria llamada velum (velo). A veces, los cumulonimbos están coronados por nubes parecidas, aunque menos extensas y con forma de gorro o capuchón, conocidas como pileus.
En Baile a orillas del Manzanares (1777), la nube de tormenta tiene un aspecto más grisáceo y amenazador. Esto deja constancia de que Goya se vio sorprendido en más de una ocasión por una de aquellas tormentas primaverales o veraniegas.
La escena transcurre cerca de la ermita de San Antonio de la Florida, junto al río Manzanares, otro de los lugares que frecuentaba el artista. No es posible deducir con seguridad dónde se formó la tormenta representada.
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