Financiamiento a la Educación Superior: Decálogo
1. “La gratuidad fue la llave que permitió abrir el acceso a la Educación Superior”. No es así. Fue el CAE, que permitió elevar la matrícula en la educación superior de 600 mil estudiantes el 2005, a 1.200.000 el 2016, año que comienza la gratuidad.
2. “La gratuidad permitió una mayor retención y titulación”. No es así. Las ayudas estudiantiles reducen la deserción y mejoran la progresividad académica, pero ello es tan válido cuando hay becas y crédito como bajo la gratuidad.
3. El modelo de gratuidad desde el punto de vista de la equidad y eficiencia no ha demostrado ser una política pública superior a un buen sistema de ayudas estudiantiles-becas y crédito. Como la gratuidad no es gratis, otros bienes públicos se han debido postergar.
4. Acabar con la gratuidad es “wishful thinking”, o sea, pensamiento ilusorio. Da a lo más para un debate académico, pero no para gastar ríos de tinta por la prensa.
5. La reforma al CAE debe ser la prioridad fiscal. Se gastan US$ 1.000 millones cada año y es poco lo que se recupera.
6. “Se dice que el gasto público en educación superior por estudiante en Chile es alto y parecido al de la OCDE”. No es así. Al incluir el gasto en investigación (I+D+i), el gasto total por estudiante en Chile cae a la mitad.
7. “El gasto público por estudiante en la educación superior es mayor al gasto en educación parvularia”. Tampoco es así. El nivel de gasto en parvularia es el doble. El problema en la educación infantil es la baja cobertura y no tener medidas para acreditar calidad de la oferta.
8. “El presupuesto fiscal para investigación en las universidades no ha variado en los últimos 10 años y tampoco la productividad de la investigación medida por las publicaciones indexadas”. No es así. Pese a un presupuesto sin variaciones, las publicaciones se han triplicado.
9. En universidades complejas que realizan investigación los aportes basales son necesarios. Los aranceles financian la formación de estudiantes y la investigación lo hace mediante trasferencias directas vía concursos a los investigadores. Pero hay gastos indirectos para investigar -los sueldos de los académicos- que requiere de aportes institucionales.
10. Las universidades que no forman parte del CRUCH no acceden a aportes basales. Como la investigación es obligatoria para acreditarse a un nivel de excelencia, se deben subir los aranceles del pregrado para financiar los costos indirectos. No es equitativo y, por ende, es injusto.
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