Esto sí es un motor para la economía: la actividad que exporta más valor por tonelada que la industria automotriz

En el tablero de control de la ganadería argentina, todos los indicadores arrojan señales positivas. Los productores están renovando alambrados y mangas, incorporando boyeros eléctricos y tecnologías digitales, haciendo obras de infraestructura y sembrando pasturas para promover una explosión forrajera. Los precios de la hacienda llevan unos meses amesetados, pero la ecuación sigue siendo atractiva y el horizonte de la actividad invita a invertir.
Una de las principales beneficiarias de este proceso es la genética, una herramienta cada vez más valorada para transformar el buen momento de la ganadería en más kilos de carne y mayor eficiencia en el futuro. El reflejo aparece tanto en los precios de los reproductores como en la creciente demanda de semen y herramientas reproductivas.
Ese clima de confianza se palpó esta semana en la Exposición Angus de Primavera, realizada en el predio de la raza en Cañuelas con el soporte logístico de Exponenciar. La pista funcionó como un termómetro de las expectativas que existen en el negocio ganadero. Para Amadeo Derito, presidente de la Asociación Argentina de Angus, la explicación está en un escenario en el que la actividad recuperó capacidad para devolver las inversiones. “El productor -sostuvo en diálogo con Clarín Rural- tiene una lista de mejoras pendientes, desde infraestructura y maquinaria hasta pasturas y genética, y, cuando dispone de recursos, comienza a ejecutarla. En ese proceso, la compra de reproductores superiores ocupa un lugar cada vez más importante”.
Derito vincula este fenómeno con el potencial exportador de la carne argentina. Para dimensionar el valor que genera la actividad, comparó una tonelada de carne Hilton, que puede alcanzar unos 22.000 dólares, con una camioneta de alta gama de unos 30.000 dólares que pesa alrededor de dos toneladas y, por lo tanto, representa unos 15 dólares por kilo. “Como ingeniero industrial conozco la enorme importancia de la industria automotriz para la Argentina, creo que tenemos que seguir produciendo y exportando camionetas, pero hago esta comparación para demostrar el enorme valor agregado que hay en la ganadería y en la industria de la carne, donde además se produce todo sin componentes importados. Cuando exportamos una tonelada de carne, estamos exportando una tonelada de horas de trabajo”, resumió.

A su juicio, esa capacidad de generar actividad económica distribuida por todo el territorio, sumada al reconocimiento internacional de la carne argentina, constituye una ventaja para la expansión de la ganadería.
Por su parte, el consignatario de hacienda Hernán Sánchez, con base en Tapalqué, observa el mismo fenómeno desde el campo y los remates. “Hoy la actividad devuelve”, afirma, para explicar por qué productores que durante años postergaron inversiones están ahora avanzando con alambrados, corrales y otras mejoras, incluso en campos arrendados. Esa misma lógica aparece en el mercado de reproductores, donde los toros seleccionados están alcanzando valores equivalentes a 2.000 kilos de novillo, muy por encima de los 1.500 o 1.000 kilos que suelen representar.
“Incluso productores que necesitan apenas dos o tres toros están dispuestos a pagar esos valores cuando encuentran la genética que buscan. La inversión en genética dejó de ser un gasto y comenzó a ser evaluada como una herramienta productiva”, afirma Sanchez, y agrega que la explicación está en el retorno que puede generar un buen reproductor. Segun sostiene, la compra de un toro superior puede devolver la inversión desde el primer año a través de una mayor producción de carne, y esa mejora también se refleja posteriormente en el valor de las hembras de reposición.

Esa mirada coincide con lo que observan Ignacio Berengúa y Mariano Etcheverry, representantes de la Cámara Argentina de Biotecnología de la Reproducción e Inseminación Artificial (CABIA). Según detallaron, el mercado argentino comercializó el año pasado unas 8,5 millones de dosis de semen bovino, de las cuales algo más de siete millones se destinaron al mercado interno y cerca de un millón a la exportación. Dentro del mercado local, el sector de carne ya representa aproximadamente el 55% de las dosis, por encima del 45% correspondiente a la lechería.
El crecimiento de la inseminación artificial a tiempo fijo (IATF) explica buena parte de esa expansión y está convirtiendo a la reproducción en una herramienta cada vez más masiva para incorporar genética superior. “Hoy la inseminación es el vehículo de distribución de genética”, señala Etcheverry.
La lógica es sencilla: utilizar reproductores respaldados por datos y evaluaciones objetivas permite llevar rápidamente características productivas deseables a un mayor número de animales. “Cuando incorporamos genética superior, tenemos una mejora directamente relacionada con la rentabilidad: más carne, más kilos”, resume Berengúa. La IATF, además, permite concentrar los servicios y los nacimientos, ordenar los rodeos y aumentar la proporción de terneros cabeza de parición.
El fenómeno trasciende las pistas de exposición y los remates de reproductores. También abre una oportunidad para que la Argentina exporte no solamente carne, sino también genética. Etcheverry detalla que desde fines de los 90, cuando se exportaban menos de 50.000 dosis de semen por año, el mercado externo llegó a superar 1,5 millones y actualmente se ubica alrededor del millón. “Trabajamos para ampliar los protocolos sanitarios y habilitar nuevos destinos, mientras ya existen avances para la exportación de embriones a la Unión Europea y se busca avanzar con el semen. La idea es crecer no solamente con nuestros vecinos, sino también llegar a mercados de todo el mundo”, sostiene Berengúa.

Así, detrás de los buenos precios de los toros que se observan en la pista de Cañuelas y en los remates de todas las regiones, hay un fenómeno más profundo: una ganadería que vuelve a mirar la inversión como una herramienta para crecer. La mejora de alambrados, corrales, pasturas y maquinaria convive con una inversión menos visible, pero decisiva, la que apunta a cambiar la genética del rodeo. En un negocio donde cada kilo adicional tiene impacto directo sobre el resultado, la reproducción y la genética aparecen como tecnologías capaces de multiplicar el efecto de cada peso invertido.
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