La economía moral del anticomunismo


Por
PhD en Ciencia Política
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
Corrían días de incertidumbre, mientras se contabilizaban las actas electorales del extranjero. La esquiva victoria de Keiko Fujimori, en su cuarto intento, se hacía realidad voto a voto. En las cafeterías de Upper Angamos reinaba un cauteloso optimismo; los trumpistas de Dasso, en cambio, temían lo peor. Primero fueron mensajes a través de canales de WhatsApp, grupos combativos del tipo Patriotas en Vigilia o Comunismo Nunca Más, que transmitían las alertas. Luego, algunas empresas de seguridad privada –con información de ‘inteligencia’– encendían más alarmas. Hordas de comunistas del ‘interior’ (ese otro país limítrofe con Lima), con alta capacidad de movilización, no permitirían que se consagrara el triunfo de Fuerza Popular. (¿Acaso usted pensaba que los sombreros se iban a quedar con los brazos cruzados?). Se compartían mapas del sistema vial nacional con señalizaciones en rojo de presuntas tomas de carreteras, calles y plazas. Iniciativas privadas tecnológicas creaban aplicaciones para móviles, Google Maps de alerta patriota. Se filtraban los pepetés de consultores conocedores de la amenaza comunista que certificaban los escenarios que pronosticaban a nuestra humilde democracia en peligro. Al final, llegó 28 de julio sin marcha de los suyos para tranquilidad de los nuestros; el fantasma del comunismo no fue más que un susto y el nuevo gobierno se posicionó sin sobresaltos, sin ninguna toma ni piedras en el camino.
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OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.
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