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Sunday, September 13, 2026

Guerra de las Malvinas: ¿Cuál fue el rol y la ayuda secreta de Chile al Reino Unido?

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Una carpeta con una serie de documentos, y que en su exterior portaba el rótulo de “Secreto” fue lo que el almirante José Toribio Merino -miembro de la Junta Militar que gobernaba Chile- envió a la embajada del Reino Unido en Santiago. A través de un oficial naval, el comandante en jefe de la Armada daba el primer paso para apoyar a los británicos en el conflicto que, a mediados de marzo de 1982, se veía inminente.

Pocas semanas después, el 2 de abril, la Junta Militar de Argentina dio inicio a la llamada Operación Rosario, con la que tomó posesión de las islas Malvinas; al día siguiente, hizo lo propio con las islas Georgias del Sur. La primera ministra británica, Margaret Thatcher reaccionó de inmediato, y el 3 de abril lanzó la Operación Corporate, para recuperar el control de las islas. Se iniciaba la Guerra de las Malvinas, y Chile no quedó indiferente al conflicto.

¿Cuál fue el rol chileno en la Guerra de las Malvinas? La historia fue investigada a fondo en el libro El pacto perfecto (Ediciones B), por los periodistas Daniel Avendaño y Mauricio Palma. “Siempre nos ha interesado investigar temáticas que están cubiertas por un manto mítico que suele tapar el esclarecimiento cabal de los hechos. Si bien la ayuda chilena al Reino Unido era conocida parcialmente, había cabos sueltos y mucha documentación que no había sido difundida públicamente hasta este libro”, comentan a coro ambos a Culto.

Daniel Avendaño y Mauricio Palma, autores de El Pacto Perfecto.

Para esto, los periodistas llevaron a cabo un proceso de documentación que incluyó testimonios de exmilitares y las respuestas oficiales obtenidas vía Transparencia en Chile y Argentina. Sorprendentemente, al otro lado de la Cordillera las solicitudes de la dupla tuvieron mejor respuesta y disposición.En Argentina no hubo resistencia. Al contrario, hubo una excelente disposición de excombatientes y analistas para conversar sobre lo que ocurrió en la guerra. No obstante, en Chile hubo cierta resistencia y las respuestas vía transparencia, a veces, fueron parciales o simplemente nulas”.

Como decíamos, el primer paso en la ayuda que Chile entregó al Reino Unido la dio el almirante Merino. “Él fue quien ordena, a comienzos de 1982, que se entregue información a los británicos sobre una eventual invasión. Y, ya iniciada la guerra, es Merino quien ordena que el petrolero Tidepool, que había sido cedido a nuestra Armada, se ponga al servicio de los británicos”.

En efecto, se desembarcó a toda la tripulación chilena del Tidepool y se cedió al uso británico, cumpliendo labores en la Fuerza de Tarea en la isla de Ascención, posesión del Reino Unido en el Atlántico Sur. “El alto mando argentino, al enterarse de esta ‘primera traición’, intentó dar caza a la nave con aviones Neptune, pero jamás la encontraron. Los pilotos trasandinos pensaban que el petrolero se uniría a la fuerza británica desde la costa chilena, pasando por los canales patagónicos”, pero esto nunca ocurrió y jamás detectaron al buque. “Sería vital en el reabastecimiento de petróleo para los buques de la Corona durante toda la guerra”, afirman Avendaño y Palma.

JOSE TORIBIO MERINO - ALMIRANTE - ABORDO -BUQUE DE GUERRA - ARMADA - AO 78 - POSANDO - CONFLICTO - LIMITROFE - HISTORIA - VIGILANCIA - NAVEGANDO - MANIOBRAS - FUERZAS ARMADAS - CHILE (null)

Según el volumen, Merino tenía plena conciencia de lo que ocurriría si Argentina lograba hacerse definitivamente de las Islas Malvinas, en términos de estrategia y geopolítica. “Los analistas de la Armada de Chile sabían que la ocupación de este archipiélago ubicado en pleno Atlántico Sur llevaría al establecimiento de una futura base naval trasandina. Además, conocían del proceso de re-equipamiento llevado adelante por sus pares argentinos, quienes ya estaban recibiendo aviones de ataque Super Étendard comprados a Francia y también estaban a la espera de nuevos destructores y submarinos, los cuales se encontraban en etapa de construcción en astilleros alemanes. Merino tenía claro que disponer de una base naval argentina en el austral archipiélago les daría profundidad estratégica para un futuro ataque a Chile . Para nadie era un misterio que Galtieri y sus cabecillas irían por las islas Picton, Nueva y Lennox”.

Por ello, Merino movilizó todos sus recursos para proporcionarle información al Reino Unido. ¿Y Pinochet? “Siempre fue más cauto y político, acorde con este doble rol de comandante en jefe y jefe de estado que tenía a cargo”, aseguran Avendaño y Palma, por ello, delegó el tema de la cooperación con los británicos en Merino, en una primera instancia. De hecho, el almirante tuvo que esforzarse por convencer a Pinochet, quien, al igual como vaciló al momento de sumarse al golpe de 1973, también tenía dudas respecto a la posición chilena en esta guerra.

“Merino conocía bien la personalidad vacilante de Pinochet -indican Avendaño y Palma-. Fue él quien lo convenció de ‘poner toda la fuerza’ para llevar adelante el golpe de Estado de 1973. Por lo mismo, sabía que de alguna u otra manera, debía volver a persuadirlo para prevenir un ataque argentino contra Chile . Para ello le solicitó al jefe del Servicio de Inteligencia Naval, capitán de navío Raúl Monsalve, la elaboración de un informe que describiera la real amenaza trasandina . El general Pinochet terminó por convencerse. Había que ayudar a los ingleses . Eso sí, todo sería en secreto. Así el mandatario chileno se podría lavar las manos en caso de ser descubierto”.

AUGUSTO PINOCHET UGARTE - CUMPLEAOS - 1915-2006 - 72 AOS - SALUDO - JOSE TORIBIO MERINO CASTRO - ALMIRANTE - ARMADA DE CHILE - 25.11.1977FONDO HISTORICO CDI COPESA

De esta manera, Merino movilizó la Escuadra a la Zona Austral, e incluso fue más lejos y les comunicó tanto al jefe de la Escuadra como al jefe de la Tercera Zona Naval, que una eventual intervención se daría a contar de 19 de abril. El mensaje fue interceptado por la inteligencia naval argentina, y Merino agregaba un punto crucial: “Intención Almirante es apoyar a británicos sólo en lo necesario para asegurar su éxito y cuando primeras acciones bélicas se hayan desarrollado”.

Sin embargo, a mediados a abril, el Reino Unido envió a Chile a un oficial de la Royal Air Force (RAF) llamado Sidney Edwards, quien coordinaría directamente el apoyo que los británicos pedirían a Chile. Fue él quien se contactó con el general Fernando Matthei, miembro de la Junta Miitar y comandante en jefe de la Fuerza Aérea de Chile. “Al general Matthei se le ofrece una propuesta más detallada y orgánica”, comentan Avendaño y Palma.

En concreto, Reino Unido necesitaba de manera urgente información sobre Chile y la Argentina, por eso acudieron a Matthei quien, en su tradicional pragmatismo, supo que al frente tenía una oportunidad que no podía desaprovechar. “Debido a las violaciones a los derechos humanos durante el régimen militar, las máximas potencias bélicas le habían cerrado las puertas a Chile para la compra de material de guerra. Y la FACH era quizás la más afectada de todas las ramas de las Fuerzas Armadas. Por ello, el general Matthei vio en esta ‘cooperación militar’ su gran oportunidad. Había que frenar a Galtieri, pero también, se creaba el escenario ideal para retomar el poderío perdido”, dicen Avendaño y Palma.

Matthei le respondió a Edwards que le consultaría a Pinochet, tal como lo hizo Merino, y el jefe de Estado replicó la misma respuesta que le había dado al almirante. “Pinochet se mantiene al margen y delega a Matthei para que se haga cargo. Es decir, opta por su rol de presidente de la república antes que un papel de jefe militar”, señalan Avendaño y Palma.

¿En qué consistió el apoyo que desplegó Matthei al Reino Unido? Avendaño y Palma indican: “El apoyo tuvo fundamentalmente tres frentes: se permitió que aviones ingleses de reconocimiento aéreo, es decir, de espionaje, usaran pistas chilenas en isla San Félix, Carriel Sur, Punta Arenas e Isla de Pascua, como se permitió que ocupasen nuestro espacio aéreo. En segundo término, se instaló un radar portátil británico en Balmaceda, casi en la frontera con Argentina, y así se ampliaba el radio para detectar los despegues de aviones trasandinos. Por último, se le entregaron todas las licencias a Sidney Edwards, quien se instaló en Santiago de Chile para facilitar todo lo que requiriesen los aviadores y radaristas ingleses, cuya misión era recopilar información clave y luego enviarla directamente al Alto Mando británico”.

A cambio, Matthei aprovechó justamente de obtener regalías por parte del Reino Unido: “Chile se queda con tres aviones de reconocimiento Canberra, con el radar de Balmaceda, obtiene a un precio ridículo una nueva partida de aviones de combate Hawker Hunter, y desde 1982 se incrementan las capacitaciones para oficiales y suboficiales de la FACH en distintas instalaciones de Reino Unido”.

(FILES) In this file photo taken on April 13, 1982, Argentine soldiers are seen on their way to occupy the captured Royal Marines base in Puerto Argentino/Port Stanley, a few days after the Argentine military dictatorship seized the Falklands Islands (Malvinas), starting a war between Argentina and the United Kingdom. - Argentinian dictator Leopoldo Galtieri dug his own grave 40 years ago when he launched the militaristic adventure of the Falklands (Malvinas) and lost the war against Great Britain, which derived in the fall of the regime and the return to democracy. (Photo by DANIEL GARCIA / AFP) DANIEL GARCIA

A pesar de que Pinochet no quería que la diplomacia supiera de estas acciones, lo cierto es que según Avendaño y Palma, en la Cancillería sí estaban enterados de estos movimientos. “El embajador de Chile en Londres, Miguel Schweitzer, se reunió previamente con Sidney Edwards, luego despachaba informes semanalmente sobre lo que ocurría en Londres y dedicó muchas líneas a los efectos que estaba generando la guerra. Por su parte, el canciller René Rojas alertó a su par transadino sobre 22 vulneraciones de nuestro espacio aéreo, marítimo y terrestre que perpetraron militares argentinos y que ocurrieron en pleno conflicto”.

Otro punto que revela esta investigación, es la desconocida participación del aviador chileno Jorge Freyggang, hermano de Renato, exmiembro de Inti-Illimani, como espía en la guerra. Se trataba de un oficial de la FACH que participó en la detención y tortura de dirigentes de izquierda junto a un grupo de oficiales y suboficiales de la aviación autodenominados como “La Pandilla Salvaje”, durante los primeros años del régimen militar. Freyggang falleció un accidente aéreo en junio de 1982, y su aeronave nunca fue encontrada. Su labor habría sido la de prestar apoyo a los británicos, dicen Avendaño y Palma.

“Durante años circularon todo tipo de especulaciones. Algunos sostenían que Jorge Freyggang había actuado como espía chileno al servicio de los británicos e incluso que realizaba vuelos regulares a Puerto Stanley. También hubo quienes sugirieron que su accidente había sido producto de una operación de la inteligencia argentina. Otros fueron aún más lejos y afirmaron que había fingido su propia muerte y la de su familia, simulando el accidente aéreo para desaparecer. Con el paso del tiempo, no faltaron quienes aseguraron haberlo visto en Inglaterra, Australia o cualquier otro rincón del mundo que la imaginación popular fuera capaz de concebir. Las personas que lo conocieron de cerca rechazan categóricamente la existencia de un vínculo permanente con la inteligencia británica, cuyos agentes ocupaban por aquellos días la totalidad del cuarto piso del céntrico hotel Cabo de Hornos, en Punta Arenas. Sin embargo, reconocen que Freyggang fue contratado para trasladar en secreto a un grupo de comandos británicos que había quedado aislado en Tierra del Fuego tras el fracaso de una misión encubierta “.

Avendaño y Palma comentan cómo llegaron a esta historia: “Sabíamos de un expiloto de la FACH que, durante la guerra, había transportado a militares ingleses de Punta Arenas a Santiago, hasta que dimos con su nombre completo y nos dimos cuenta que era el hermano de un integrante de los Inti Illimani. Pero la mayor sorpresa fue al recibir su hoja de vida militar donde confirmaban su participación en allanamientos y detenciones tras el golpe de estado. Más tarde, revisamos expedientes judiciales que sindicaban a este expiloto como quien dirigía sesiones de tortura. Esta información era totalmente desconocida para los integrantes de la agrupación”.

MIEMBROS DE LA JUNTA DE GOBIERNO EN UN ACTO PUBLICO EN LA FOTO AUGUSTO PINOCHET UGARTE, COMANDANTE EN JEFE DEL EJERCITO, JOSE TORIBIO MERINO CASTRO, COMANDANTE EN JEFE DE LA ARMADA, FERNANDO MATTHEI AUBEL, COMANDANTE EN JEFE DE LA FUERZA AEREA, RODOLFO STANGE OELCKERS, DIRECTOR GENERAL DE CARABINEROS / FONDO HISTORICO - CDI COPESA CONSORCIO PERIODISTICO DE CHILE - COPESA

El libro también siguió una pista que el expresidente Ricardo Lagos comentó en sus memorias: que el envío de información de Chile al Reino Unido continuó incluso durante los gobiernos de la Concertación, hasta que fue el mismo Lagos quien ordenó detenerlo. “El segundo tomo de las memorias del expresidente fue publicado en agosto de 2020, es decir, cuando aún estábamos en pandemia. De hecho, el lanzamiento fue online. Ahí, creemos, puede haber una razón para que sus dichos no hayan trascendido tanto. Sin embargo, lo que dice Lagos es revelador y confirma que el envío de información a los británicos no se limitó a la guerra de Malvinas/Falklands, sino que continuó durante tres gobiernos democráticos”.

Para finalizar, ambos autores calibran cuál fue el real alcance de la ayuda chilena para el triunfo del Reino Unido en la guerra. “La ayuda chilena fue significativa, pero no determinó la victoria británica. Allí, la asistencia estadounidense fue mucho más determinante sobre todo por el equipamiento militar que le proporcionaron a los ingleses, lo que en una guerra moderna es decisivo. Más que desmentir un mito, nuestro libro confirma -con una contundencia documental inédita- que Chile asistió al Reino Unido durante la guerra. Desconocerlo, después de 40 años, sería un despropósito para fortalecer el diálogo entre ambas naciones. No debemos olvidar que nuestro país es y sigue siendo el principal socio estratégico militar del Reino Unido en la región. Es una política de estado que trasciende los gobiernos de turno y así queda demostrado en el libro”.

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