Cómo funcionaba La Liga Patriótica, la fuerza de choque de los jovencitos oligarcas

Los primeros días de 1919, en el contexto de la gran huelga general que pasó a la historia como “La semana trágica”, a los miembros “más destacados de la sociedad” les dio un fuerte ataque de paranoia. En su imaginación florecían las teorías conspirativas.
La Revolución bolchevique se había producido hacía poco y había que frenar el torrente revolucionario. Este grupo comenzó a reunirse para presionar al gobierno radical, al que veían como incapaz de llevar adelante una represión como la que ellos deseaban y necesitaban.
Así fue como un grupo de jóvenes de las “mejores familias” se reunieron en la Confitería París y decidieron “patrióticamente” armarse en “defensa propia”.
Las reuniones continuaron en el Centro Naval de Florida y Córdoba donde fueron recibidos por el contralmirante Manuel Domecq García y su colega el contralmirante Eduardo O’Connor quienes se comprometieron a darle a los ansiosos muchachos instrucción militar.
Este grupo se va a constituir oficialmente como Liga Patriótica Argentina el 16 de enero de 1919. En abril de 1919, las brigadas eligieron como presidente al militante radical de derecha Manuel Carlés.
La ideología de la Liga se emparentaba con lo más reaccionario de la derecha argentina. Promovieron la xenofobia, el odio y la desconfianza hacia los inmigrantes, particularmente a los provenientes de Rusia y los países del Este en los que veían a agentes soviéticos.

Una organización paramilitar
La Logia se hará famosa por sus actividades paramilitares, especialmente por sus ataques a barrios obreros, la quema de bibliotecas populares, sindicatos e imprentas.
En ella convivían católicos, conservadores, liberales, nacionalistas antiliberales y radicales, empresarios nacionales y extranjeros. La mantenían con donaciones “las mejores familias”, cuyos jóvenes integraban, manejando los coches de papá, los grupos de choque.
El entrenamiento lo daban militares y el “auxilio espiritual”, algunos miembros de la jerarquía eclesiástica como Monseñor Dandrea.
¿A qué se dedicaban estos ciudadanos preocupados por el orden? Las bandas terroristas armadas que operaban bajo el rótulo de Liga Patriótica Argentina lo hacían con total impunidad y la más absoluta colaboración y complicidad oficiales.
Se reunían en las comisarías y allí se les distribuían armas y brazaletes.
Desde las sedes policiales partían en coches último modelo manejados por los jovencitos oligarcas y al grito de “Viva la Patria” se dirigían a las barriadas obreras, a las sedes sindicales, las bibliotecas obreras, a los periódicos socialistas y anarquistas para incendiarlo y destruirlo todo bajo la mirada cómplice de la policía y los bomberos.

El ataque a las sinagogas
El barrio judío de Once fue atacado con saña por las bandas patrióticas que se dedicaban a la “caza del ruso”.
Allí fueron incendiadas sinagogas y las bibliotecas Avangard y Paole Sión. Los terroristas de la Liga atacaban a los transeúntes, particularmente a los que vestían con algún elemento que determinara su pertenencia a la colectividad.
Tras conocerse estos incidentes que tomaron por sorpresa a los vecinos del Once, en La Boca los vecinos comenzaron a tomar precauciones y los chicos de la Liga, si se animaban a atacar, no la pasarían nada bien.
Allí en la barriada conocida como la “Tierra del Fuego” porque estaba habitada por muchos anarquistas que habían pasado por el penal de Ushuaia, los estaban esperando.
Hombres, mujeres y niños, armados con lo que tenían preparaban la defensa. Desde las terrazas les tiraron agua hirviendo y piedras y los francotiradores abrieron fuego contra los coches de la Liga.
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.