Las agencias de la ONU y la Fundación Rockefeller impulsan una alianza para anticipar crisis humanitarias

Agencias de la ONU y la Fundación Rockefeller impulsan una colaboración intersectorial para mejorar la seguridad nutricional y humanitaria, con el objetivo de integrar datos, anticipar crisis y orientar recursos hacia las comunidades más expuestas a desastres, conflictos y hambre.
Durante un encuentro virtual al que fue invitado Infobae Centroamérica y cuyo tema central fue el uso de información para la respuesta humanitaria, representantes de organismos de Naciones Unidas, fundaciones, empresas tecnológicas y organizaciones no gubernamentales coincidieron en que la fragmentación de sistemas y la reducción de fondos limitan la capacidad de actuar antes de que una emergencia alcance su punto más grave.
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La Fundación Rockefeller planteó que la cooperación debe mostrar resultados concretos para conservar respaldo público e institucional. Según una encuesta difundida por la entidad, el 57% de las personas consultadas quiere que los países trabajen en conjunto, una cifra que sube al 80% cuando esa colaboración demuestra eficacia dentro de cada país.
La directora de la División de Respuesta a Crisis de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), Gemma Connell, advirtió que la información resulta central para identificar necesidades, defender el acceso humanitario y definir prioridades cuando los recursos son insuficientes.
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La panorámica humanitaria global requiere USD 35.000 millones para cubrir las necesidades más graves, aunque hasta ahora recibió USD 14.400 millones. “Esa brecha la conocemos gracias a los datos”, señaló Connell, quien sostuvo que los registros cuantitativos deben complementarse con testimonios y datos cualitativos que reflejen la experiencia de las personas afectadas.
La funcionaria alertó además que mil trabajadores humanitarios murieron en los últimos tres años. Los datos permiten documentar ataques, exigir rendición de cuentas y sostener decisiones sobre la asignación de asistencia en escenarios de escasez.
El debate incluyó el trabajo del Quinteto de Datos UN80, integrado por OCHA, el Programa Mundial de Alimentos, Unicef, la Agencia de la ONU para los Refugiados y la Organización Internacional para las Migraciones. El grupo busca establecer estándares compartidos, mejorar la interoperabilidad y reducir la repetición de evaluaciones sobre una misma población.
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El director de Clima e Innovación de OCHA, Greg Pulley, presentó el caso de Nigeria como ejemplo de acción anticipatoria. El país desarrolló un mecanismo para activar fondos y asistencia antes de las inundaciones en zonas cercanas al río Benue.
El modelo combinó datos nacionales sobre impactos de inundaciones, el Sistema Mundial de Concienciación sobre Inundaciones y un sistema de pronóstico basado en inteligencia artificial desarrollado por Google. La metodología, el código y los datos quedaron disponibles públicamente para que gobiernos, socios y donantes pudieran revisar el proceso.

El marco fue aprobado en agosto de 2025 y se activó cuatro semanas después, cuando los pronósticos superaron los umbrales acordados. Se desembolsaron USD 7 millones en siete zonas de alto riesgo del estado de Adamawa; más de 83.000 personas recibieron efectivo en 72 horas y unas 350.000 obtuvieron asistencia en total.
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Pulley sostuvo que el caso demostró que la tecnología requiere liderazgo nacional, validación local y financiamiento acordado antes de una crisis. Tras la activación, las autoridades y los socios ajustaron el modelo para 2026, con varios puntos de pronóstico a lo largo del río en lugar de una sola estación.
La directora ejecutiva adjunta del Programa Mundial de Alimentos (PMA), Rania Dagash-Kamara, afirmó que la presión financiera aceleró la cooperación entre agencias. Mencionó que en Afganistán, el sistema Afghanistan Pulse reúne datos sobre desplazamientos, mortalidad infantil y seguridad alimentaria para definir distritos prioritarios ante recursos limitados.
El encuentro también abordó las posibilidades de las imágenes satelitales y la inteligencia artificial. Andrew Zolli, director de Impacto de Planet Labs, destacó que la observación diaria de la Tierra permite identificar daños, movimientos de población y cambios en cultivos, aunque reconoció que las instituciones necesitan capacidad para transformar esa información en decisiones.
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Alex Diaz, responsable de IA para el Bien Social en Google.org, sostuvo que la prioridad debe ser financiar infraestructura de datos, referencias de calidad y mecanismos de validación. Advirtió que los modelos de inteligencia artificial pueden complementar el análisis, pero no sustituir los datos de base ni el conocimiento de las comunidades.
Los participantes llamaron a ampliar la Alianza de Datos para la Acción, una iniciativa que busca conectar la información, el análisis y las capacidades tecnológicas del sector privado con las agencias humanitarias y los gobiernos nacionales.
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