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Sunday, November 8, 2026

Reseña. Primero el cuerpo: apuntes de una ensoñación de Carnaval, de Kevin Rabalais

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Primero el cuerpo es un libro tan hermoso y extraño como el Carnaval de la Luisiana profunda que describe y explica, incluyendo un párrafo sobre las diferencias entre ese Mardi Gras y el de Nueva Orléans. La edición tiene tres partes: dos de texto ilustrado por algunas fotos –primero, la traducción de Damián Tullio; después, el original en inglés–, y una tercera, de pura imagen –la colección de impresionantes fotos en blanco y negro: máscaras, bailes, caballos, y, en la última, la sombra de un hombre con el bonete alto, el capuchon, y detrás varios jinetes disfrazados–. El autor, Kevin Rabalais (Luisiana, 1976), recibió el premio al Fotógrafo Documental del Año (2026) y, como escritor, el Sydney Morning Herald Award por su novela The Landscape of Desire (2009).

El libro se apoya en sus conocimientos generales sobre el Mardi Gras rural y en los recuerdos de su primera visita. El blanco y negro de las fotos es impactante y también instrumental: convierte momentos de color puro en imágenes oníricas. Para Rabalais, el carnaval no es solo tiempo, es espacio: un lugar fuera del mundo cotidiano al que se viaja una vez por año para mantener vivos a los abuelos. El autor cita a Bajtin, que lo define como “reino alternativo”; y lo llama “ópera del caos” porque rechaza la autoridad y las reglas, y devuelve a los participantes a la cultura de su terruño, que sobrevive a pesar del “insaciable apetito” de Estados Unidos por “aplastar todas las diferencias”.

En su primera visita, Rabalais sacó fotos porque sabía que necesitaría pruebas de que lo que veía había sido real. Y es que el Mardi Gras es una vivencia extraña, un sueño alegre y pesadillesco en el que “lo más importante es olvidarse” de que, más allá, hay una vida gris a la que todos vamos a volver en unos días. El libro describe varias ceremonias carnavalescas como la iniciación de los niños, a quienes la familia manda a enfrentarse a los “Mardi Gras”, que viajan a pie y a caballo, cantando, bailando, mendigando; o la de los jóvenes el día de su primer disfraz, obligatorio para participar de la más importante, el Courir (la carrera). En su primera visita, el autor lo ignoraba y esa ignorancia le mostró la enorme solidaridad del carnaval: un desconocido le fabricó una máscara con un rollo de fotografía sostenido por un elástico de calzoncillo y otro le regaló su capuchon.

Las inolvidables emociones de esos días extraños, maravillosos, a veces crueles (la carrera incluye castigos con látigo) surgen de la alegría desatada, la libertad, el sentimiento comunitario y el hecho de que todos los que participan saben que lo que hacen es un acto de amor y respeto por los antepasados, los inmigrantes que se aferraron a “las semillas de sus costumbres” y “las cultivaron en otra tierra” a pesar del desprecio, el racismo y el rechazo.

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