Gastón Dalmau: su regreso a la actuación, los límites de la exposición y la consigna que guía su presente

Gastón Dalmau es otro de los grandes talentos que salió del semillero de Cris Morena. Casi Ángeles fue el programa que le dio popularidad y que lo llevó a recorrer distintos escenarios de la Argentina y el mundo con la banda Teen Angels. Sin embargo, cuando estaba en uno de los momentos de mayor exposición, el actor decidió poner un freno y cambiar de rumbo: a los 28 años se instaló en Estados Unidos, donde estudió música, producción y efectos visuales y trabajó en Marvel, detrás de películas como Capitán América: Guerra Civil (2016) y Doctor Strange: Hechicero supremo (2016).
Casi una década después, este talento oriundo de Coronel Suárez recibió una propuesta que lo hizo regresar al país de inmediato: ser parte de MasterChef Celebrity 2. De allí no sólo se llevó el título de ganador sino el cariño de otro público, uno más amplio del que había cosechado en sus años como ídolo juvenil. “MasterChef me dio otro abanico de público. En definitiva, uno quiere que lo vean, que lo busquen y que lo quieran”, le confesó a LA NACION quien, desde entonces, volvió a calzarse el traje de actor con ficciones como Mirame así: El camino de Noa o Verdades sumergidas, un proyecto que se rodó en pandemia pero que acaba de ver la luz hace apenas una semana.
“Se trata de un grupo de amigos que se va a pasar un fin de semana a la costa. Sin embargo, en medio de la diversión y el reencuentro, hay una muerte. Es una historia que atrapa mucho. Cada capítulo te va llevando por distintos caminos hasta llegar al asesino”, anticipa el actor sobre este thriller policial -dirigido por Jazmín Stuart- que reúne a un elenco de figuras como Soledad Villamil, Cande Vetrano, Martín Slipak y Violeta Urtizberea, entre otros.
—¿Cómo es Lautaro, tu personaje en Verdades sumergidas?
—Lautaro está en pareja y tiene un hijo bastante grande para su edad. Es un personaje que está muy vinculado al de Flor (Cande Vetrano), que es quien aparece muerta. Algo pasó entre ellos en el pasado, algo quedó pendiente pero, a medida que avanzan los capítulos, van a descubrir por qué es tan importante en la historia. Igual debo confesar que yo primero hice el casting para otro personaje, para el que interpreta Joaquín (Ferreira).
—¿Cómo fue eso?
—Estudié la escena, hice la audición y antes de irme Jaz (Stuart, la directora) me dice: “Pará, ¿podés hacer esto?”. Me dio tres hojas de texto, le pedí 10 minutos para leerlas e hice la audición de vuelta. Cuando la hice me sentí mucho más cómodo con este personaje. De hecho, después cuando ves la historia te das cuenta que yo iba mucho más para este rol que para el otro. Sentía que me podía relacionar desde otro lado con Lautaro.
—¿Sentís que tenés cosas en común con él?
—Sí, Lautaro cuida a los que quiere. Por ejemplo, con su hijo él prometió algo, le juró algo a alguien y cumplió. A veces por ser empático y cuidar a los demás, se olvida de él mismo, se descuida un poco y en eso me siento conectado. Este personaje da mucho por los demás hasta que se da cuenta que es momento de ocuparse de lo que le pasa a él. Hay algo que tiene que romper en algún momento, darse cuenta de la verdad y enfrentar la situación. Jugársela por lo que elige.
—¿Cuál fue el mayor reto a la hora de interpretarlo?
—Cuando leí mi personaje hice un estudio bastante interesante. La historia va y viene todo el tiempo así que hice una línea de tiempo porque era imposible seguirlo todo en mi cabeza. Más allá de que están las continuistas que vienen y te ubican, era un tema más de uno para poder continuar con los estados. Pero bueno, fue un desafío lindo.
—¿Qué es lo que más te atrapó de esta historia?
—Todo. Primero, yo soy fanático de los thrillers. Es un género que me encanta para actuar. Después, como está contada la historia desde el ojo de Jazmín es algo que me resultó muy atractivo. También, me atrapó esto de grabar en la playa, en el bosque, con mucho frío, de noche; por suerte yo me salvé de meterme al mar (risas). Bueno, y además me tocó trabajar con mi amiga Cande Vetrano, con la que tengo mucha confianza.
—También hacés streaming con su hermana, Paulina Vetrano...
—Exacto. Ahora estoy trabajando con su hermana, que la amo. ¡Los Vetrano son todo! Con Cande tengo una gran amistad; sé que siempre está. En el medio cuesta tener gente así. En cada proyecto compartís mucho con el elenco y después pasa el tiempo y quedás en contacto, pero Cande es una amiga. Cuando grabo con ella hay otro código. Tuvimos algunas escenas fuertes y antes hablamos para ver qué queríamos hacer, por donde queríamos ir, llegamos a acuerdos, probamos cosas; siempre con Jazmín presente, con su ojo de actriz y directora, por supuesto. Yo soy mucho de confiar en el equipo con el que trabajo. No soy de mirarme, salvo que haya algo particular que quiera ver pero -como soy de juzgarme- prefiero confiar en el ojo de la directora, del director de fotografía, de toda la gente que está alrededor. Y se nota en las escenas el respeto del equipo.
—Antes del estreno hiciste un posteo medio misterioso hasta que nos dimos cuenta que tenía que ver con la serie…
—¡Surtió efecto! (risas). El encargado de mis redes es Fer, un amigo mío de toda la vida, y me dijo: “Vamos a hacer un posteo así”. Yo confío en él y lo hicimos. Encima era un momento donde estaban pasando varias cosas y mucha gente pensó que se trataba de otra cosa. Tuvo un millón de views, fue increíble.
—¿Te divierten las redes?
—Me divierten pero me cuestan. Yo de los Casi Ángeles fui uno de los últimos en hacerme redes. Siempre me costó, no te voy a mentir. No sabía si entrar como personaje, como Gastón, cuál podía ser mi nicho, qué mostrar, por dónde ir. Instagram es una cosa, TikTok es otra, ni hablar de Twitter. Así que Fer me maneja todo. Yo necesitaba a alguien que tenga la cabeza para crear este tipo de contenidos porque yo por ahí te subía el típico plato de comida que no le interesa a nadie pero bueno, es lo que hacen todos (risas). Mirá que yo laburo con computadoras, todo ese mundo de informática y ciberseguridad me encanta pero este otro lado me cuesta más. Hay que estar mucho encima y no me puedo sumar a todo. Pero reconozco que las redes te dan cercanía. Antes por ahí a los actores solo nos veían en la tele como algo inalcanzable y ahora es distinto. O antes para que te vean o conseguir un laburo tenías que hacer un casting y ahora las redes son una vidriera; sólo hay que saber venderse y qué mostrar. Y después sostenerlo, por supuesto.
—Eso es lo más difícil, ¿no?
—Sí, y es algo que repito mucho en el streaming, donde laburo con muchos chicos de veintipico. Siempre les digo que hay que estudiar, perfeccionarse, leer, tener curiosidad, encontrar herramientas porque hoy por ahí te va bien, estás en un éxito pero mañana los videos te dejan de funcionar, empezás a perder seguidores. Hoy en día hay como una adicción a lo efímero que no está buena, no todo tiene que tener éxito. A veces hay que hacer cosas por el simple amor de hacerlas. Pero bueno, creo que tiene que ver con la sociedad en la que estamos viviendo. Yo agradezco haber crecido sin las redes, siempre lo digo.
—Se te nota muy cómodo en el mundo del streaming...
—Sí, me gusta, me divierte. No te voy a negar que, al principio, me daba un poco de miedo qué decir. Después llega un momento en que te relajás.
—Pero sos una persona bastante reservada... ¿Hasta dónde llega el límite de qué contar y qué no?
—Sé que hay gente mirándome, ya sean 30 personas, mil, dos mil, tres mil, sé que hay chicos, entonces hay un límite que no se puede cruzar y yo lo mantengo. Cuando veo algo que no me convence, digo: “No, chicos; por ahí no”. Me parece que el límite hay que mantenerlo en todos lados, ya sea en la tele, en las redes, en el streaming; hay que cuidar ciertas cosas.
—¿Qué cosas te preocupan hoy en día?
—El bullying, la exposición, los problemas de salud mental. Me parece que mostrar estas problemáticas es necesario y la ficción es una buena herramienta para hacerlo, pero siempre cuidando la línea.
—Conocés mucho a la familia Yankelevich, ¿Te sorprendieron las declaraciones de Valentín sobre el maltrato que recibió por parte de su padre?
—Me sorprendió todo porque yo a Darío [Giordano] lo he conocido, hemos laburado juntos. Con Romi [Yan] también. A los chicos los conozco desde chiquitos, que andaban por los pasillos del teatro. Con Valentín jugábamos, lo peleaba como a mi sobrino; así que es fuerte. Son cosas de las que no puedo opinar porque hay tanta vulnerabilidad pero todavía estoy como medio en shock.
—¿Y de Gustavo Yankelevich qué recuerdos tenés?
—Gustavo es lo más. Me llamó hace dos años para hacer una obra pero yo justo estaba rodando una serie. Es una persona que me enseñó mucho, tanto él como Cris (Morena). Casi Ángeles fue lo más lindo que hice. Hasta el día de hoy sigue llegando a la gente. Aparecen nuevas camadas de chicos que se me acercan por el programa y es impresionante.
—En el último tiempo hubo rumores de una posible vuelta, sobre todo, teniendo en cuenta que el próximo año se cumplen 20 años del primer programa...
—Se está hablando pero no es verdad (risas). Yo creo que es una etapa que se cerró; un lindo recuerdo. Es complicado volver a juntarnos todos. Yo al escenario lo amo. A mí me decís de subir al escenario y ahí estoy, pero es muy difícil. El año pasado fui a Israel a cantar por Noa ante 50 mil personas y fue increíble. Hacía 12 años que no me subía a un escenario y estaba súper relajado. Al bajar, dije: “Cómo extraño esto”. Siento que es mi lugar. Quizá en algún momento se vuelve a dar. Yo no le cierro la puerta a nada. Es como el stream. Dije: “Voy a probar, después veo si no va”. Es lo que hice cuando me fui a los 28 a vivir a los Estados Unidos. Todo el mundo me decía: “Te vas a ir ahora que estás en la cresta de la ola”. “Y sí, si no me voy ahora, ¿cuándo?“, contestaba yo.
—¿Seguís con esa vida nómade?
—Ahora me instalé (risas). Estos últimos años me mudé más de 15 veces entre Argentina, Los Ángeles y Nueva York. Pero ahora estoy acá. Me separé en enero después de una relación de 14 años, con un perro-hijo que está en el medio, así que fue un año con altibajos. Pero bueno, es parte de la vida. Últimamente me propuse vivir el momento. El otro día hice un especial de salud mental y una de las frases que puse fue: “Estar acá”. Ahora estoy acá con vos charlando, mañana veremos.
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