Los 5 mejores finales del cine contemporáneo

¿Qué hace el final de una película ser memorable en el cine contemporáneo? Las razones son variadas y casi nunca coinciden entre sí. Desde un giro absolutamente impactante como en El sexto sentido, a uno doloroso y conmovedor como en La bola negra. O si vamos al cine más palomitero, la desgarradora escena final de Infinity War, con la desaparición de todos los grandes héroes de Marvel. Lo cierto es que no hay una fórmula específica para hacer de la conclusión de una historia un cierre memorable. Pero cuando ocurre, es por completo inolvidable.
Por supuesto, el cine contemporáneo ha regalado cierres memorables que redefinen por completo la experiencia del espectador. Además, transformando películas notables en obras maestras imperecederas. Un gran desenlace no se limita a resolver el conflicto de la trama. En realidad, puede ser una catarsis emocional o un giro conceptual que altera de forma retroactiva todo lo visto en pantalla. En las últimas décadas, cineastas como Christopher Nolan, Denis Villeneuve, Damien Chazelle y Bong Joon-ho han perfeccionado el arte de la última escena. Mucho más, han creado su propia forma de analizar el final de una historia, siendo por completo impredecibles.
Por lo que varias de sus tramas dejan preguntas abiertas, finales desgarradores o revelaciones que se quedan grabadas en la mente del público durante años. Si el tema te interesa, esta lista te permitirá analizar los cinco mejores finales del cine contemporáneo. Lo que implica adentrarse en la tensión psicológica de un trompo que gira perpetuamente, el horror revelador de un sótano oculto. También, la amargura de un reencuentro que solo existe en la imaginación y el trauma de descubrir una verdad enterrada en la memoria. Hasta incluso el sacrificio desesperado de un padre atrapado por la inmensidad del tiempo y el espacio. Un recorrido por lo mejor del cine en las últimas décadas.
El origen (2010)

El final de esta cinta de Christopher Nolan se ha consolidado como uno de los debates más icónicos de la cultura pop moderna. Eso, gracias a un solo objeto en movimiento: el tótem de Cobb (Leonardo DiCaprio). Para refrescarte la memoria por si no recuerdas la premisa de la producción. Tras una odisea de espionaje mental y traumas personales, el protagonista finalmente regresa a su hogar en Estados Unidos y se reúne con sus hijos.
Sin embargo, antes de abrazarlos, hace girar su peonza sobre la mesa para verificar si sigue atrapado en un sueño. O, por el contrario, si realmente ha vuelto a la realidad tangible. La cámara se acerca al objeto de metal mientras este gira de manera aparentemente interminable. Pero al final, muestra una levísima e imperceptible vibración justo antes de que la pantalla se corte abruptamente a negro.
El genial truco de Christopher Nolan no consiste en dejar un acertijo sin resolver, sino en cambiar el foco emocional de la escena. A Cobb ya no le importa si está soñando o no. Solo le interesa estar con su familia, dejando al espectador con la eterna y maravillosa duda. Lo que hace de esta conclusión uno de los mejores finales del cine contemporáneo.
Parásitos (2019)

Bong Joon-ho convirtió su obra más conocida en clásico de cine contemporáneo, que reflexiona acerca de la desigualdad social, la pobreza y la violencia social. También construyó un preciso mecanismo de relojería narrativo que culminó en uno de los finales más impactantes del cine contemporáneo. En especial, por lograr llevar el agrio comentario social que sostiene la película al escenario terrorífico de una tragedia retorcida.
Todo, después de la sangrienta catástrofe que destruye a la familia adinerada. Por lo que el hijo menor, Ki-woo (Choi Woo-shik), descubre mediante señales en código morse que su padre sigue vivo. Este refugiado en el búnker subterráneo de la misma mansión, convertido ahora en el nuevo fantasma de la casa.
Por lo que la cinta da un giro inquietante en dos direcciones distintas. Por un lado, detalla la hermosa y optimista secuencia donde Ki-woo escribe una carta prometiendo ganar el dinero suficiente para comprar la propiedad. Además, salir de la pobreza y liberar a su padre en un emotivo abrazo bajo la luz del sol. Sin embargo, la fantasía se desvanece de golpe cuando la dirección de Bong Joon-ho nos devuelve a la cruda y gélida realidad. El joven sigue atrapado en su miserable y húmedo semisótano. Por lo que revela que su plan de superación es solo un sueño inalcanzable que perpetúa la inamovible brecha de clases.
La La Land (2016)

Damien Chazelle logró un hito de la melancolía moderna con los minutos finales de este aclamado musical dramático. Un cierre que rompe los corazones de la audiencia con una brillantez estética inigualable. Cinco años después de su dolorosa separación, Mia (Emma Stone) y Sebastian (Ryan Gosling) se reencuentran por pura casualidad en el club de jazz de él. Lo que provoca un viaje nostálgico cuando Sebastián comienza a tocar su tema de amor en el piano.
En ese instante, la película se sumerge en un deslumbrante epílogo de ballet clásico y colores vibrantes que reimagina una realidad alternativa. Una vida donde ambos sacrificaron sus ambiciones profesionales para permanecer juntos, casarse y formar una familia. Al terminar la melodía, la cruda realidad regresa; ambos han cumplido sus metas individuales, pero separados.
De modo que, antes de que ella se marche del lugar con su actual esposo, Mia y Sebastian se miran a la distancia. Y finalmente, intercambian una sutil y cómplice sonrisa de agradecimiento, aceptando con madurez el precio de sus sueños. Un giro angustioso, doloroso y abrumador que ha convertido a este musical en una metáfora del amor trágico.
Incendios (2010)

Aunque no es tan conocido como su trilogía Dune, este drama de Denis Villeneuve posee uno de los giros finales más devastadores del cine contemporáneo. Uno que incluso se ha equiparado a las grandes tragedias griegas. La película sigue a los gemelos Jeanne (Mélissa Désormeaux-Poulin) y Simon (Maxim Gaudette) en su viaje a Oriente Medio. Todo para cumplir la última voluntad de su madre fallecida, Nawal (Lubna Azabal). A saber, entregar dos cartas misteriosas a un padre que creían muerto y a un hermano que no sabían que existía.
La desgarradora resolución entrelaza el horror de la guerra civil con los secretos familiares. Por lo que se revela que el brutal torturador que violó a Nawal en la prisión de Kfar Ryat es más que un criminal. Además, es el primer hijo que le fue arrebatado al nacer. Pero más retorcido todavía: el padre de los gemelos, engendrados debido a una violación. Por lo que el padre y el hermano perdido son exactamente el mismo monstruo. Lo que deja un cierre donde el perdón absoluto se alza como el único bálsamo posible ante una violencia destructiva.
Interestelar (2014)

Y otro final para llorar y sorprenderse de la mano de Christopher Nolan. Tras sacrificarse y entrar al horizonte de un agujero negro, Cooper (Matthew McConaughey) despierta en una estación espacial y logra reencontrarse con su hija, Murph. Como se recordará, el personaje abandonó la Tierra cuando esta era una niña pequeña. Debido a la implacable dilatación del tiempo provocada por la gravedad, Murph es ahora una anciana centenaria en su lecho de muerte. Incluso rodeada de sus propios descendientes, mientras que su padre se mantiene biológicamente joven.
En lugar de forzar un reencuentro prolongado, la anciana le pide dulcemente a Cooper que se marche. Además, recordándole con sabiduría que ningún padre debería ver morir a sus hijos. La cinta culmina con Cooper robando una nave para viajar al rincón más remoto del cosmos en busca de Amelia Brand (Anne Hathaway). Lo que termina por demostrar que el amor es la única fuerza capaz de trascender las dimensiones del espacio y el tiempo.

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