De ciénaga contaminada a joya del turismo de naturaleza: Mallorquín, el tesoro que Barranquilla recuperó y hoy atrae a miles de visitantes

La ciénaga de Mallorquín, durante años afectada por la contaminación y la acumulación de residuos, vive un proceso de recuperación que ha permitido acercar a los visitantes a su riqueza natural.
Foto:Alcaldía
“Esta ciénaga estaba inundada de basura y poco a poco, con la formación y la educación, hemos ido cuidándola como es”.
La frase del alcalde Alejandro Char resume buena parte de la historia reciente de Mallorquín, un cuerpo de agua ubicado en el extremo norte de Barranquilla que durante años estuvo asociado con la contaminación, la acumulación de residuos y el deterioro de su entorno natural, pero que hoy es el atractivo turístico donde los manglares, las aves y el paisaje se han convertido en protagonistas.
Se trata de un rincón natural que cuenta con senderos, miradores y espacios para la observación de aves que permiten a barranquilleros y visitantes acercarse a una riqueza natural que permaneció lejos de los recorridos turísticos.
La recuperación de espacios de la ciénaga y la construcción del ecoparque hacen parte de la apuesta de Barranquilla por volver a mirar sus cuerpos de agua, una transformación que comenzó a ganar visibilidad con el Gran Malecón del río Magdalena.

Foto:Alcaldía
Pero aquí la historia es distinta. Mientras el Malecón convirtió la ribera del Magdalena en un lugar de encuentro ciudadano, Mallorquín ofrece una experiencia que depende directamente de la conservación de la naturaleza. Su mayor atractivo no está solamente en los senderos levantados entre manglares, sino en la vida que encuentra refugio en ellos.
El ecoparque abrió sus puertas el 31 de agosto de 2023 y, durante sus primeros tres años, alcanzó el millón de visitantes, según el balance entregado por la Alcaldía de Barranquilla.
En Mallorquín, además, cumplen un papel fundamental las aves que habitan permanentemente la zona y para aquellas que llegan durante sus recorridos migratorios.
Entre aves y manglares
La transformación de Mallorquín ha permitido que Barranquilla incorpore a su oferta turística una experiencia poco habitual dentro de la imagen tradicional de la ciudad. El visitante puede recorrer senderos entre manglares, detenerse en miradores y observar un paisaje donde el agua y la vegetación forman parte de un mismo ecosistema.
El ecoparque cuenta con los senderos Manglar y Estuario, que en conjunto suman más de 6,6 kilómetros de recorridos.
A este buen momento se suma un reconocimiento que trasciende las fronteras de Barranquilla. El Ecoparque Ciénaga de Mallorquín recibió el Premio Nacional de Arquitectura 2026, la máxima distinción de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, convirtiéndose en la primera obra de la ciudad en obtenerlo. El proyecto también ganó el Premio Elly Burckhardt de Echeverri en Diseño Urbano y Paisajismo.

Foto:DEB Architecture
La obra fue desarrollada por la firma barranquillera DEB Architecture, liderada por Francisco Ricardo y Catherine Jessurum, en colaboración con el Equipo Mazzanti, del arquitecto Giancarlo Mazzanti.
Para Barranquilla, esta infraestructura representa una oportunidad de diversificar su oferta turística. El carnaval sigue siendo su principal expresión cultural y el Gran Malecón uno de sus espacios públicos más reconocidos, pero Mallorquín permite mostrar otra cara de la ciudad: la de un territorio que también posee humedales costeros, manglares y especies de aves de interés para visitantes especializados.
La riqueza natural es uno de sus principales argumentos. Según los registros divulgados por el Distrito, en el ecosistema se han identificado más de 170 especies de aves residentes y migratorias, además de cuatro de los cinco tipos de mangle presentes en Colombia.
Para quienes practican el aviturismo, cada especie representa una oportunidad de observación y conocimiento. No se trata solamente de fotografiar animales, sino de reconocer sus comportamientos, sus lugares de alimentación y las rutas que recorren entre distintos territorios.

El alcalde Alejandro Char destacó la importancia de la educación ambiental para proteger la ciénaga de Mallorquín y promover el cuidado de sus ecosistemas.
Foto:Alcaldía
En ese escenario, Mallorquín tiene una ventaja: se encuentra en una ciudad con conectividad aérea, infraestructura hotelera y una oferta gastronómica y cultural que puede complementar la experiencia de naturaleza. Un visitante interesado en las aves podría combinar un recorrido por el humedal con otros atractivos de Barranquilla.
El atractivo de Mallorquín depende precisamente de que las especies continúen encontrando condiciones adecuadas para permanecer o detenerse allí durante sus migraciones.
Char ha señalado que la recuperación del ecosistema debe ir acompañada de educación ambiental y apropiación ciudadana. Su llamado busca que los visitantes comprendan que los manglares no son solamente parte del paisaje, sino espacios fundamentales para la conservación de la biodiversidad.
los ojos en Mallorquín
El interés por la riqueza natural de la ciénaga también ha comenzado a trascender las fronteras de Barranquilla. La National Audubon Society, organización internacional dedicada a la protección de las aves y sus hábitats, se vinculó a iniciativas de conservación y educación ambiental en el ecoparque.
En 2025, año en que Audubon conmemoró 120 años de trabajo, fue presentada una galería educativa con 50 señales informativas en español e inglés, desarrolladas con el apoyo de la organización y Grupo Argos. Las piezas permiten identificar especies de aves registradas en Mallorquín, conocer algunas de sus características y acceder a información adicional mediante códigos QR.

Los senderos Manglar y Estuario suman más de 6,6 kilómetros de recorridos que permiten apreciar la vegetación, los cuerpos de agua y la biodiversidad de Mallorquín.
Foto:Archivo El Tiempo
Aurelio Ramos, director general de Audubon para América Latina y el Caribe, explicó el alcance de esta apuesta durante la presentación de la señalética.
“A partir de hoy, las aves de Mallorquín empezarán a ser conocidas con nombre y apellido. Y no es un asunto menor, es uno de los aportes más importantes de esta señalética que entregamos: conocimiento y apropiación. La conservación del patrimonio natural de la ciudad, del país y del hemisferio parte del conocimiento y de una decidida acción colectiva por protegerlo, comprendiendo su real valor”.
La relación de Audubon con Barranquilla también incluye un acuerdo de parques hermanos con el Beidler Forest Center, ubicado en Carolina del Sur, Estados Unidos. La iniciativa busca promover el intercambio de conocimientos, la investigación, el aviturismo y la protección de especies que conectan diferentes territorios del continente americano.
El tesoro que Barranquilla comienza a reconocer como suyo
Más allá de las obras y de las cifras, lo que está ocurriendo en Mallorquín tiene un significado especial para Barranquilla.
La ciudad comienza a reconocer en este humedal una riqueza natural que durante años permaneció a espaldas de buena parte de sus habitantes. Hoy, ese paisaje de manglares y espejos de agua forma parte de los lugares que propios y visitantes quieren conocer. También se abre una oportunidad para las comunidades del entorno, que pueden encontrar en la formación de guías, los recorridos especializados y los servicios asociados al ecoparque nuevas actividades económicas.

Foto:DEB Architecture
Aquella ciénaga que durante tanto tiempo estuvo asociada con el abandono y la contaminación comienza a ser reconocida por su valor ambiental y por la vida que alberga. Y quizás ahí esté buena parte de su encanto. No hacen falta grandes espectáculos para sorprender a quienes llegan. Basta recorrer sus senderos, detenerse frente a la ciénaga y seguir con la mirada el vuelo de un ave que desaparece entre los manglares.
La ciénaga Mallorquín siempre estuvo allí, en el extremo norte de la ciudad, cerca de donde el Magdalena entrega sus aguas al mar Caribe. Hoy, la ciudad que durante tanto tiempo vivió de espaldas a este humedal comienza a mirarlo de otra manera. Y en ese reencuentro con un paisaje que parecía olvidado, Barranquilla ha encontrado uno de sus nuevos encantos.
LEONARDO HERRERA DELGANS leoher@eltiempo.com y en X:@leoher70
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