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Sunday, September 20, 2026

El fuego forma parte de la historia de la Amazonia desde hace 10.000 años, pero algo ha cambiado

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Descubre cómo el fuego producido por las actividades humanas ha moldeado la Amazonia durante más de 10.000 años.

Erica Couto

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Mucho antes de que los satélites contemporáneos pudieran detectar las columnas de humo durante la estación seca, el fuego ya formaba parte de la historia amazónica. Un análisis de miles de fragmentos de carbón enterrados en la selva sugiere que buena parte de esa combustión no se produjo por causas naturales, sino que es el resultado de las actividades de las sociedades humanas que habitaron la cuenca durante milenios. ¿Por qué, durante milenios, el fuego y los incendios provocados fueron tan importantes en la Amazonia?

Un estudio que cambia nuestra mirada

El trabajo, publicado en Frontiers of Biogeography en 2026, reconstruye unos 10.000 años de historia del fuego en la cuenca amazónica. El equipo dirigido por Crystal N. H. McMichael reunió 1.361 dataciones de radiocarbono procedentes de 303 sitios que han permitido formular una hipótesis sólida: en los bosques húmedos amazónicos, los incendios recurrentes son improbables a menos que sean provocados intencionalmente por las poblaciones humanas.

Como resume McMichael, profesora asociada de la Universidad de Ámsterdam, los incendios amazónicos rara vez se producen sin intervención humana. La afirmación se refiere sobre todo a la selva húmeda y no niega la existencia de fuegos naturales puntuales.

Bosque amazónico húmedo al atardecer, troncos y lianas con humo tenue desde el suelo, pequeños carbones en primer plano, comp

En los bosques húmedos amazónicos, los incendios recurrentes son improbables a menos que sean provocados intencionalmente por las poblaciones humanas.

El carbón como archivo: así se lee el fuego del pasado

Reconstruir incendios de hace milenios exige seguir el rastro material de un elemento: el carbón vegetal. Cuando la vegetación arde de forma incompleta, deja fragmentos carbonizados que pueden conservarse miles de años en el suelo. Datar esos restos por radiocarbono permite situar cada combustión en el tiempo con un margen de error acotado.

El estudio combina dos tipos de evidencia. Por un lado, se ha analizado el carbón recuperado en estudios paleoecológicos de suelos y materiales quemados hallados en yacimientos arqueológicos, un subconjunto que suma 815 dataciones. Por otro lado, los autores añadieron 31 fragmentos fechados mediante AMS (espectrometría de masas con acelerador) procedentes de ocho sitios en tres regiones amazónicas.

Aunque el carbón demuestra que se produjo un episodio de combustión en un lugar y momento determinados, no permite determinar quién encendió el fuego ni con qué propósito. Para eso hace falta el contexto arqueológico, ecológico y cronológico de cada muestra.

Cuando la vegetación arde de forma incompleta, deja fragmentos carbonizados que pueden conservarse miles de años en el suelo.

Una historia desigual: de los límites externos al corazón de la selva

Quizá el aporte más revelador del estudio no sea la antigüedad del fuego, sino su geografía cambiante. Las dataciones no se reparten de manera uniforme, sino que dibujan una expansión gradual. Entre hace 10.000 y 6.000 años, las evidencias se concentran en los bordes de la cuenca y cerca del río Amazonas, es decir, en los corredores fluviales donde la movilidad humana era probablemente mayor.

Entre hace 6.000 y 4.000 años, la señal se extiende a otras regiones. Y hace unos 2.000 años, el fuego ya aparece registrado en sectores del interior. Esta secuencia obliga a pensar la Amazonia no como una entidad homogénea, sino como un mosaico de historias locales dentro de un proceso regional, escalonado y desigual.

Las dataciones no se reparten de manera uniforme, sino que dibujan una expansión gradual que culmina hace 2.000 años en las áreas del interior.

El sesgo de dónde se buscó el carbón

Los autores del estudio reconocen que toda reconstrucción basada en muestras conlleva problemas interpretativos. Las fechas de radiocarbono indican tendencias relativas, pero no el número exacto de incendios. Así, un solo evento puede generar varias muestras, mientras que muchos fuegos no tienen por qué dejar carbón en el registro arqueológico.

Además, la base de datos no cubre por igual toda la cuenca. Donde se han hecho más estudios de suelos y se han realizado más excavaciones, la historia del fuego queda mejor documentada. Por eso, parte de la aparente expansión geográfica podría reflejar una investigación arqueológica más intensa en ciertas zonas y no necesariamente una expansión real del uso humano de la combustión.

Ribera del río Amazonas con vegetación densa y neblina, vista aérea inclinada sin texto, zonas de bosque con franjas de humo

Tres fuegos distintos que no conviene confundir

Interpretar bien estos datos requiere diferenciar realidades que a menudo se confunden. Existe, primero, el fuego natural, provocado por rayos o por condiciones climatológicas extremas. Este tipo de incendio no es frecuente en la selva húmeda. Segundo, el fuego indígena, empleado durante milenios para cocinar, abrir parcelas, mantener claros o gestionar el paisaje. Y tercero, los incendios contemporáneos, ligados a la deforestación, la fragmentación forestal, las sequías prolongadas y el calentamiento global.

La distinción es crucial para no caer en conclusiones tramposas. Que haya una mayor presencia de fuegos en el registro no significa necesariamente un aumento de la destrucción. Una quema localizada para preparar un huerto deja una huella muy distinta de la de un incendio que recorre grandes extensiones de bosque reseco.

Una quema localizada para preparar un huerto deja una huella muy distinta de un incendio que recorre grandes extensiones de bosque reseco.

Cuando el fuego se apaga

Un detalle histórico llamativo es que la señal de fuego no creció de forma indefinida. La frecuencia disminuyó hace unos 700-500 años, antes de la llegada europea, y volvió a caer durante los últimos siglos en coincidencia con la expansión colonial.

Esta segunda caída se interpreta en paralelo al colapso demográfico indígena provocado por las epidemias, las guerras y la esclavitud. La reducción del fuego no reflejaría una simple recuperación natural del bosque, sino la desaparición forzada de comunidades y de sus prácticas de gestión.

Llamas

La reducción del fuego hace 500 años no reflejaría una simple recuperación natural del bosque, sino la desaparición forzada de comunidades y de sus prácticas de gestión.

Milenios de manejo no equivalen a inmunidad

Un bosque que convivió durante diez milenios con quemas localizadas no está, por ello, preparado para resistir incendios extensos y recurrentes. Los datos contemporáneos ayudan a dimensionarlo. Un análisis de la región MAP, integrada por Madre de Dios (Perú), Acre (Brasil) y Pando (Bolivia), detectó cerca de 75.400 incendios activos en septiembre de 2005, 2010, 2016 y 2020, con alrededor del 73,9 % concentrados en Acre.

En ese mismo estudio, la superficie modelada como favorable al fuego pasó del 36,9 % en 2016 al 51,5 % en 2020, un salto que ilustra cómo el uso del suelo y el clima pueden combinarse para elevar el riesgo. El fuego que hoy amenaza a la Amazonia, por tanto, no es la prolongación de una práctica milenaria, sino un fenómeno de origen distinto, ligado a la colonización territorial.

Referencias

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