Un bosque que no se regenera en España: los herbívoros lo amenazan
En Sierra Morena queda un pequeño bosque que apenas ocupa dos hectáreas y que guarda uno de los últimos reductos de roble melojo de la zona. El problema está en que los árboles envejecen y los nuevos ejemplares no consiguen crecer. La elevada presencia de herbívoros dificulta su regeneración y obliga a proteger el bosque.
El lugar está en el monte Selladores-Contadero, dentro del Parque Natural Sierra de Andújar, en la provincia de Jaén. Allí sobrevive una pequeña población de roble melojo (Quercus pyrenaica), un árbol que tiene una presencia muy reducida en esta parte de Andalucía.
Los árboles envejecen y apenas llegan nuevos ejemplares
El principal problema que ha detectado la Administración no es que los árboles adultos estén desapareciendo de golpe. Es algo más lento y, precisamente por eso, más difícil de ver. La población está envejeciendo porque la regeneración natural no está funcionando bien.
Dicho de otra manera, solo quedan árboles adultos y resulta complicado que los ejemplares jóvenes crezcan y sustituyan a los que van desapareciendo. El Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO), relaciona esta situación con la gran densidad de herbívoros existente en la zona.
Los animales comen la vegetación que encuentran a su alcance y dificultan que los nuevos ejemplares de roble puedan desarrollarse. Por eso, el Ministerio considera necesario tomar medidas que permitan que el melojar vuelva a regenerarse por sí mismo.
Un pequeño rincón frente a un problema mucho mayor
El caso de Selladores-Contadero muestra una de las dificultades que puede esconder la conservación de un bosque. Proteger un espacio natural no siempre supone que todas sus especies estén a salvo. Algunas poblaciones son tan pequeñas que necesitan actuaciones específicas para poder mantenerse.
En este punto, la cifra resulta especialmente reveladora: dos hectáreas. En una superficie tan reducida se concentra uno de los últimos reductos de roble melojo de Sierra Morena. Y su futuro depende, en parte, de que los árboles que todavía quedan puedan dejar paso a otros ejemplares.
Por ahora, la Administración ha optado por proteger esa pequeña población de la presión de los herbívoros y seguir su evolución. El objetivo final no es mantener eternamente los árboles detrás de una valla, sino conseguir que el melojar vuelva a tener capacidad para regenerarse de forma natural.
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