Hace 15 años, el 15M alumbró un movimiento de izquierdas masivo en España. Hoy una acampada en Sol intenta repetirlo

Cambia el contexto, la época y los protagonistas. Incluso el discurso. Sin embargo resulta muy difícil no establecer un paralelismo entre el campamento levantado este fin de semana en la Puerta del Sol de Madrid y el que se montó allí mismo en 2011 como parte del 15M. Y no solo porque ambos compartan escenario. Tanto los manifestantes de ahora como los de hace década y media se movían por un sentimiento de indignación espontánea que acabó cristalizando en las calles.
En 2011 sirvió para revolver el tablero político. La pregunta en 2026 es… ¿Hasta dónde llegarán y qué conseguirán los acampados, que parten con una demanda mucho más focalizada: acabar de una vez con la crisis de la vivienda?
De nuevo en Sol. En lo que va de siglo XXI la política española no ha sido precisamente tranquila. Sin embargo, crisis, escándalos y vaivenes de grupos aparte (del pinchazo de C´s o Podemos a la subida de Vox), pocos protagonistas han tenido la repercusión de los 'indignados', el movimiento ciudadano que de forma espontánea salió a las calles en 2011 para romper con el statu quo.
Aquel malestar cristalizó en el 15M y su imagen más emblemática fueron los acampados de Sol, un asentamiento levantado en el corazón de Madrid tras una manifestación multitudinaria el 15 de mayo de 2011. Durante semanas marcaron la vida política del país, generando réplicas en otras ciudades, como Barcelona o Valencia, y (lo más importante) a su calor asambleario crecieron formaciones como Podemos y se articuló el tablero político a la izquierda del PSOE.
— Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid (@InquilinatoMad) September 26, 2026
Y 15 años después… Aquello ocurrió en mayo de 2011. Década y media después la Puerta del Sol de Madrid vuelve a amanecer con tiendas de campaña, sacos de dormir, gente votando en asambleas improvisadas en la plaza e incluso talleres sobre salud mental o desobediencia civil. Sus impulsores se mueven en gran medida por la indignación y la rabia, aunque a diferencia de lo que ocurrió hace 15 años ahora ese sentimiento está mucho más focalizado.
Lo que los ha sacado a la calle no es el deseo de dinamitar el bipartidismo, la frustración por el paro o la desafección hacia las instituciones: lo que reclaman es una solución a la crisis de la vivienda, el tema que, como nos recuerda el CIS, encabeza la lista de preocupaciones de los españoles desde hace años.
Un nombre propio: Maricarmen. Aunque la crisis residencial lleva tiempo sacando a manifestantes a la calle en todo el país (de Canarias a Cataluña, Madrid o Cantabria) e incluso ha agitado el fantasma de una 'huelga de inquilinos', hasta ahora nunca había cuajado en un movimiento con ecos equiparables al 15M. Si eso ha cambiado ha sido gracias a un episodio muy concreto: el desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años que la semana pasada fue expulsada de la casa del Retiro en la que vivía desde hacía 71 años por una fondo privado.
En España se ejecutan miles de desahucios todos los años, pero el caso de Maricarmen acabó convirtiéndose en un símbolo por sus ingredientes: una anciana obligada a abandonar su casa de toda la vida por un fondo inmobiliario que decidió acabar con su renta antigua y aplicarle un alquiler inasumible con su pensión. Aunque no sirvió para frenar la expulsión, el episodio sacó a miles de personas a la calle en Madrid y el Sindicato de Inquilinas hizo bandera de él.
Montando las Quechua. El sábado se movilizaron en Madrid unas 25.000 personas (según la Delegación del Gobierno, los organizadores elevan la cifra a 300.000) y parte de ellas, alrededor de 500, decidieron acampar en Sol. Aunque el Ayuntamiento ya ha mostrado su malestar, el asentamiento sigue en la plaza, donde ha ido articulándose con un espíritu que recuerda cada vez más al 15M.
Se organizan talleres, se vota en asambleas y se transpira indignación. Si en mayo de 2011 podían leerse carteles con proclamas como "Lo llaman democracia y no lo es" o "El pueblo unido jamás será vencido", ahora las consignas son otras: "Ser casero no es una profesión" o "La vivienda es un derecho, no un negocio".
Es pronto aún para saber cuánto durará y qué alcance tendrá la movilización, pero por lo pronto la indignación por el desahucio de Maricarmen ya ha alentado protestas en Barcelona, donde esta mañana varios grupos de manifestantes han cortado la avenida Meridiana o la calle Còrsega. Las protestas coinciden con la visita del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a la Ciudad Condal, precisamente para visitar una promoción de vivienda pública.
Parecidos… y diferencias. El parecido entre las acampadas del 15M y la que ocupa desde este fin de semana Sol es evidente. Eso no quiere decir que entre lo ocurrido hace 15 años y ahora haya diferencias. Para empezar, aunque en 2011 la inaccesibilidad de la vivienda formaba parte del discurso 'indignado' convivía con muchas otras reclamaciones, como la del fin del bipartidismo o el malestar por el paro. Ahora el discurso es mucho más concreto: se ciñe a la crisis habitacional.
Los manifestantes aspiran a impulsar e influir en el real decreto sobre vivienda que pasará el martes por el Consejo de Ministros. Su presión no se lo ha puesto fácil al Ejecutivo, obligado a elaborar una propuesta que logre el apoyo de sus socios, entre los que se incluyen formaciones con sensibilidades muy distintas. Por si eso no fuera suficiente, España se asoma a un intenso año electoral.
¿Es la única diferencia? Cambia también el trasfondo político. En 2011 el 15M se presentó como un movimiento transversal capaz de arrastrar el descontento de jóvenes que no necesariamente tenían por qué ser de izquierdas. En esta ocasión tiene un perfil político bastante más definido, centrado en la izquierda.
Sus promotores han decidido salir a la calle además en un contexto en el que la vivienda se ha convertido en la gran inquietud de la sociedad española (y fuente de frustración de toda una generación) y la derecha (en todo su espectro) empieza a ganar fuerza entre los jóvenes, alimentándose precisamente del descontento.
Imágenes | Xataka
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