Hirokazu Koreeda, director de cine: "Por curiosidad, pregunté a ChatGPT qué le parecía el guion de mi película. No me aportó demasiado"

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Consagrado como uno de los grandes cineastas nipones del siglo XXI, Hirokazu Koreeda ha hecho de la observación de la vida familiar una vía para el estudio de las lacras de la sociedad japonesa, y del mundo occidental en su conjunto. Ahora, con ’Kakeru’, Koreeda explora el fenómeno de la inteligencia artificial desde la perspectiva de un clan que busca en un niño-humanoide el bálsamo afectivo para la pérdida de un hijo. En el pasado Festival de Cannes, FOTOGRAMAS pudo conversar con el director japonés sobre su relación con la inteligencia artificial y sobre el retrato de la infancia en su cine.

¿Cómo definiría su relación con la inteligencia artificial?
Cuando decidí hacer ’Kakeru’, no estaba nada familiarizado con las herramientas actuales de inteligencia artificial. Por curiosidad, pregunté a ChatGPT qué le parecía el guion de mi película. No me aportó demasiado. Sus comentarios fueron elogiosos y sus impresiones bastante acertadas, pero en general la conversación fue poco interesante. Me quedé pensando en el porqué de las limitaciones de la IA, y llegué a la conclusión de que a la máquina le falta una perspectiva personal. Cuando has vivido 20 o 30 años, acumulas un conjunto de experiencias vitales genuinas, pero la IA no tiene nada de eso.
En ’Kakeru’, usted subvierte los esquemas del drama familiar, mostrando a un clan en el que nadie sabe cómo asimilar la llegada de un nuevo miembro.
En esta película exploro, a través de la inteligencia artificial, la figura de un niño que crece, construye su independencia y supera a sus padres en conocimientos y madurez. Esta premisa me llevó a preguntarme qué hará la inteligencia artificial cuando supere a la especie humana. ¿Le interesará controlarnos, con todas nuestras contradicciones y defectos, o quizá decidirá dejarnos al margen para construir una nueva sociedad, del mismo modo que podrían hacerlo unos niños descontentos con el mundo que les hemos dejado? Curiosamente, mientras hacía esta película, mi hija comenzó la universidad y se fue de casa, así que la realidad de su marcha alimentó la ficción.

En la película, la inteligencia artificial puede llegar a parecer más humana que los propios humanos.
La idea de un futuro en el que la IA somete y esclaviza a los humanos nunca me ha parecido demasiado real. Mi impresión es que, en algún punto, la IA puede renunciar a relacionarse con los humanos. Nuestra sociedad está llena de conflictos y eso puede ser una molestia para la IA. En la película, los padres de Kakeru son arquitectos y el niño-robot aprende de sus padres a diseñar, pero a la hora de construir su propio espacio vital, el humanoide hace algo diferente, algo nuevo.
La idea de un niño que construye su propia casa a su manera hace pensar en la historia de Peter Pan.
No había pensado en Peter Pan. En términos literarios, el referente principal para ’Kakeru’ fue ’El principito’ de Saint-Exupéry. De hecho, el título original de la película (’Sheep in the Box’) hace referencia a la caja que dibuja el piloto del cuento, en la que se esconde una oveja que el pequeño príncipe debe imaginar. Cuando reflexioné sobre lo que nos podría diferenciar de un pequeño humanoide, pensé en la cuestión de la imaginación. Para un niño-robot, tener que vivir en una casa humana podría suponer un encierro, como vivir ’en una caja’.

¿Cómo fue el trabajo con Rimu Kuwaki, el joven actor que interpreta al niño-robot?
Durante el proceso de casting, pedí a los niños candidatos que se movieran y comportaran como un robot. Les hacía caminar y les pedía que se quedaran quietos un rato cuando yo daba una palmada. Esto no es fácil para niños de diez años, pero Rimu (Kuwaki) lo hizo muy bien. Luego, en el rodaje, nunca le pedí que se comportara como un robot. Cuando el humanoide le pregunta a su madre si ella estaría más feliz si él no existiera, el momento puede impactar porque no esperamos un comentario como ese de un niño. Pero la realidad es que los niños suelen ser muy directos y más reflexivos de lo que pensamos.
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