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Sunday, October 11, 2026

La Semana de la Moda del “Javo” en París

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Que la Semana Argentina en París coincidiera con el comienzo de la Semana de la Moda en París tuvo poco de accidental. La Argentina busca ponerse de moda en el universo del Capital: con su estilo frenético y global, Milei busca promover la sensación de que la vanguardia está en la Argentina, donde reina la libertad, y eso permite (contra cualquier expectativa) que se den cita las ideas más rutilantes y la ejecución más precisa. Que la Argentina es espectacular porque (al fin) viene a respetar la naturaleza misma del Capital, su flujo y movimiento naturales; y que Milei es el auriga nerd que sabe hacer ulular esas sirenas. Los empresarios funcionan un poco como los influencers en la moda: apoyan una marca política y reconocen en Milei las dotes de un John Galliano libertario (loco, excéntrico, dramático, pero único y talentoso) que conduce.

La alfombra roja del mundo de la moda es el círculo rojo de la política. Algunos empresarios son influencers de la primera hora, como José Luis Manzano, que fue famoso en la añorada década menemista por operarse los glúteos (si bien nunca fue confirmado). De larga aunque exigua cabellera, y muy bien acompañado, el frutal Manzano está tan comprometido con los vaivenes de la moda argentina que siempre va a salir ganando: venía de saludar a Kicillof en Nueva York, y vino a acompañar a Milei en París. La definición de la casta política: quien pasa del Estado a hacer negocios con el Estado, sea quien sea el que marque tendencia.

Javier Milei y Emmanuel Macron LUDOVIC MARIN - AFP

En París, Milei se mostró cariñoso, inspirado y genuino con su par francés, Emmanuel Macron. En un intervalo muy festejado, el empresario serial Martín Varsavsky (influencer faro en redes sociales) aventuró que Macron lo miraba a Milei como si deseara profundamente hacer lo mismo que él, aunque no puede porque si lo hiciera, los franceses le cortarían la cabeza.

Milei estaba cómodo con Macron, y no gracias únicamente a la inteligencia diplomática de ambos. Ian Sielecki, el embajador argentino en Francia, fue el encargado de disipar los rumores que había instalado la vicepresidenta Victoria Villarruel: desde hace tiempo se comenta en círculos políticos el origen de la leyenda terrible que habría provocado la discordia en la cúpula del Ejecutivo. Villarruel habría tenido el tupé de organizar una girita europea donde deslizó que Milei estaba tan loco que pronto se descompensaría, pero quédense tranquilos que me quedo yo a la cabeza, Vicky. Sielecki desactivó esa bomba y convenció a Macron de que Milei estaba muy lejos de ser un loco de extrema derecha, como querían instalar aquellos heraldos. El joven Sielecki había sido emprendedor antes de tomar el rol de embajador; comprendió rápidamente que la creación de una marca política fuerte es un trabajo donde las sutilezas discursivas son esenciales.

La buena sintonía diplomática no siempre alcanza. Seis meses atrás, la Semana Argentina en Nueva York fue protagonizada por un Milei oscuro y saturnino que se dedicó a fustigar a un empresario que (bien o mal) hace más de cincuenta años invierte y produce en la Argentina. ¿Qué habrá significado para los americanos escuchar a un Jefe de Estado latinoamericano insultando a un fellow hombre de negocios? Una performance rara que tienden a asociar al bananerismo propio del Foro de São Paulo; lo contrario del buen clima de negocios que quiere vender la Argentina. Milei aprendió de esa experiencia; en lugar de atacar a un empresario, se enfocó en una periodista.

El ministro francés, Caputo y Sielecki

En la Embajada argentina, esperando para entrar en una presentación, un empresario leía los tuits presidenciales contra la periodista. “Yo llego a decir la mitad de esto, y me echan. Llego a maltratar a alguien así, y por escrito, y me echan. Y eso que soy el capo”, comentaba sorprendido. Milei se había encariñado con la palabra “soreta”: su descarga coincidió con el desfile de Matières Fecales en la antigua Bolsa de Valores de París. Matières Fecales pasa por vanguardia aunque muchos ya la miran con recelo; tiende a copiar estilos de otros (McQueen, Galliano) para abundar en vagos mensajes ideologizados; como golpes de efecto que apuestan a lo feo. En una similar apuesta a la falta de originalidad, Milei considera, junto a su visir Santiago Caputo, que los procesos de cambio históricos en la Argentina necesitan una mala relación con el periodismo; que si no hay palos al periodismo, hay debilidad. Lo curioso es que se trata de procesos anticapitalistas; la mismísima marcha peronista canta que hay que combatir el capital. ¿Pero cómo atraigo el capital si me ven en X combatiendo la libertad de expresión?

El tema rondaba en el ambiente, mezclado con el Château Margaux y cierta ansiedad por la reelección de “el Javo”. ¿Insultar a periodistas puede ayudar a crear un buen clima de negocios? ¿Un buen clima electoral? “Yo creo que suma a la idea de volatilidad total que es la moneda clásica de la Argentina, que es lo que se quiere dejar atrás. Lo podés hacer si sos Trump, pero si no sos Trump queda muy bananero”, comentó el empresario, que nunca había votado al peronismo por disentir con su estilo tropicalista/antiliberal.

“Milei tiene que empezar a dar amor. Acercarse más a la gente”, planteaba un empresario que gana esté quien esté, aunque se lo veía ansiosamente enamorado de Milei. Acaso las muestras de amor del Javo podrían nivelar las explosiones de ira tipeada (después de todo, una periodista es una persona cualquiera, que son, por el momento, las entidades que votan). ¿Quizás otro concierto de rock? Para un funcionario culto y topísimo, que no dejó que los empresarios le pagaran la cena, era obvio que los periodistas escondían malas intenciones: la prueba estaba en que nadie investiga al tentacular Sergio Massa.

Javier Milei tuvo un encuentro con los 13 gobernadores que lo acompañaron a su gira a París por la Argentina Week

Milei no quiere ser un outsider planetario: Milei intenta algo más raro y majestuoso. Ser un genio, ir por el Nobel de Economía, elevarse por todo lo alto sin dejar atrás jamás su niñez de pequeño bulleado. Crecer a las alturas, pero seguir siendo un niño, actuando como tal. ¿No sería más fácil ayudarlo a encaminarse por su lado espléndido, y crearle en el teléfono un falso entorno en X donde pueda insultar a piacere (lo que le pida en el momento su dolor de niño)? Un upgrade del Diario de Yrigoyen: quizás es la hora de “el teléfono de Milei”, donde no sólo lea las noticias que más le gustan, sino también pueda enfurecerse sin alienar de más a sus votantes.

El capital funciona (y es “libre”) porque se estableció sobre reglas de juego liberales: porque son las mentes que deben ser libres y educadas para ser libres, lo que fundamenta la libertad de prensa y la libertad de expresión (la 1ra Enmienda americana, emblema de ese modelo). Milei hace una lectura inconexa de sus ídolos libertarios, que precisamente daban por sentado el orden liberal sobre el cual apoyarse.

Observar la Semana Argentina en París señala a Milei rodeado de personas, grupos económicos, empresarios nacionales y extranjeros que lo quieren y lo miran con sumo interés, que buscan la prosperidad para la Argentina. No debería asustarse de que quieran dejar atrás esas posiciones que contradicen y vulneran su proyecto, para que la Argentina pueda realmente despegar.

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