Cuidar a quienes nos cuidaron

La tragedia de Pitrufquén, donde un incendio destruyó un hogar de adultos mayores que operaba sin autorización sanitaria, no solo cuestiona la fiscalización del Estado. También debiera llevarnos a una reflexión más profunda: ¿qué lugar estamos dando a nuestros viejos?
Con los años se pierde fuerza y autonomía, pero no el valor de una vida, su experiencia ni la huella de lo entregado. Muchos de quienes hoy necesitan cuidado fueron quienes alguna vez nos cuidaron. Hay algo irónico en una sociedad que envejece y que, al mismo tiempo, parece volver invisibles a sus mayores. Cuidarlos no es solo reciprocidad; es reconocer que la vejez no pertenece a otros.
Es, si tenemos la fortuna de llegar a ella, nuestro propio destino. Quizás la forma en que tratamos a nuestros viejos diga más de nosotros como sociedad que muchas de las cosas que elegimos celebrar.
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