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Friday, October 2, 2026

La ornitología ayuda a descifrar un antiguo encantamiento egipcio sobre el nacimiento de Horus

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La ornitología ayuda a descifrar un jeroglífico egipcio sobre el nacimiento de Horus y muestra cómo la naturaleza inspiró la simbología del poder real.

Halcón en Egipto
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto - Paisaje

Erica Couto

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Hace casi 4.000 años, un noble egipcio llamado Amenemhat encargó que incluyeran en su ataúd un texto extraño y difícil, pensado para acompañarlo en el más allá. Aquel conjuro, conocido hoy como Encantamiento 150 de los Textos de los Ataúdes, permaneció casi olvidado durante décadas. Su gramática es oscura, sus términos resultan ambiguos y solo se conserva en un único ejemplar, hallado en Deir el-Bersha.

Un estudio reciente firmado por el egiptólogo Francisco L. Borrego Gallardo, de la Universidad Autónoma de Madrid, ha logrado iluminar buena parte de sus enigmas gracias a una herramienta poco habitual: la biología de las aves rapaces. El resultado es una lectura del texto mucho más coherente, que vincula la descripción del nacimiento y la maduración de un polluelo de halcón con el dios Horus. La investigación, además de aclarar un pasaje confuso, muestra hasta qué punto los antiguos egipcios observaban la naturaleza para convertir esas observaciones en discurso de poder.

Un texto funerario egipcio de hace 4.000 años describe con notable precisión el comportamiento real de los halcones recién nacidos.

Halcón
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

¿Qué esconde el Encantamiento 150?

El texto está escrito en jeroglífico cursivo sobre el ataúd intermedio de Amenemhat, fechado en torno al reinado de Amenemhat II, hace unos 4.000 años. Se organiza en dos partes. La primera describe, en tercera persona, a los dioses que tiemblan, mientras unos halcones permanecen todavía dentro de sus huevos, en un nido situado en una brecha o abrigo rocoso.

En la segunda parte, cambia la voz narrativa. Un locutor habla en primera persona y se identifica como Horus, "El Que Está Sobre Su Vientre", postura típica de los polluelos recién salidos del cascarón. El narrador reclama entonces una visión total del cielo, describe su ascenso y afirma que sus hermanos, todavía inmaduros, se destruirán a sí mismos por no haber alcanzado su misma madurez.

Este segundo bloque plantea el verdadero desafío interpretativo para los egiptólogos. Durante décadas, los especialistas han discrepado sobre el posible significado de algunos términos clave, desde la palabra para "nido" hasta la que describe la actitud del locutor hacia sus hermanos. La clave para desatascar estas dudas no llegó de la lingüística, sino de la observación del comportamiento real de los halcones.

El primer polluelo en salir del huevo domina a sus hermanos, un rasgo biológico que explica la primogenitura de Horus.

Jeroglífico
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Un polluelo que reclama el trono desde el nido

Los halcones egipcios (el peregrino, el borní, el cernícalo y otras especies) comparten un rasgo: sus huevos no eclosionan todos a la vez. El primer polluelo en nacer lleva ventaja sobre sus hermanos, más débiles, y suele mostrarse agresivo con ellos durante la crianza, sobre todo al competir por el alimento que traen los progenitores.

Ese comportamiento, que ha sido documentado por los ornitólogos, encaja con precisión en el relato del Encantamiento 150. El locutor se distingue de sus hermanos, todavía encerrados en el huevo, y describe cómo los expulsa y perturba en sus refugios mientras ellos, "lastimeros", se alimentan de su propia esencia vital sin lograr crecer. Según el autor, el texto describiría con fidelidad la jerarquía que se establece entre las crías de halcón nacidas de forma escalonada.

Esta lectura permite entender el conjuro como una afirmación de primogenitura. Horus se proclama heredero legítimo precisamente por haber nacido primero, del mismo modo que el faraón fundamentaba su derecho al trono en la sucesión dinástica. La biología del ave, por tanto, se convierte en una metáfora política: quien nace antes, domina.

Los halcones egipcios anidan en grietas elevadas, un detalle que aclara por qué el texto sitúa el nido en una brecha rocosa.

La vista penetrante y el vuelo hacia el poder

Borrego Gallardo presenta otro detalle biológico que sostiene la interpretación del texto. El polluelo que domina el nido recibe el nombre de "El de Vista Penetrante", un epíteto que remite a la extraordinaria agudeza visual de los halcones, capaces de otear presas desde grandes alturas o en pleno vuelo. El locutor afirma también que le ha sido concedida una visión que abarca los cuatro cielos, justo antes de emprender su primer vuelo sobre el dios de la tierra, Gueb.

Los halcones egipcios, por otro lado, no construyen sus propios nidos. Ocupan grietas, oquedades y abrigos en acantilados y afloramientos rocosos, casi siempre en lugares elevados que dominan el paisaje. Esa costumbre explica por qué el texto sitúa el nido en una "brecha" o "abrigo", un término egipcio (sšd) que también designa ventanas y hornacinas en la arquitectura sagrada. La altura se convierte así en la condición que permite al halcón vigilar su territorio y lanzarse al vuelo con eficacia.

La ventana de apariciones del faraón y el nido del halcón comparten una misma lógica de poder desde las alturas.

Halcón sobre roca
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Del nido rocoso a la "ventana de apariciones"

La conexión más sugerente del estudio enlaza el nido del halcón con un elemento arquitectónico bien conocido: la llamada "ventana de apariciones", el balcón palaciego desde el que el faraón se mostraba a sus súbditos. En el templo de Edfu existía incluso un espacio llamado literalmente "la Casa del Halcón", con una "ventana de aparición" propia, donde vivía un ave sagrada considerada encarnación del dios.

Tanto el nido natural como la ventana regia comparten la misma lógica espacial. Ambas son aberturas elevadas, de acceso restringido, desde las que un ser soberano, ya sea el halcón o el rey, se asoma y domina a quienes permanecen abajo. El poder faraónico, sugiere el estudio, se representaría tomando como modelo el comportamiento real de un ave que los egipcios observaban con atención cotidiana.

El Encantamiento 150 muestra, en definitiva, que la mitología egipcia se construía observando la naturaleza con detalle para después transformar ese conocimiento en un lenguaje capaz de justificar la legitimidad del gobierno faraónico. Descifrar hoy ese vínculo permite entender mejor no solo un texto funerario oscuro, sino también la manera en que una civilización entera conceptualizó el poder a través de los ojos de un ave.

Referencias

  • Borrego Gallardo, F. L. 2026. "En el nido del halcón: Encantamiento 150 de los Textos de los Ataúdes", en Marc Orriols i Llonch, Daniel González León y José Lull (eds.), Homenaje a Josep Cervelló Autuori por su 65 aniversario. Barcino: Monographica Orientalia, 30: 55-88.
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