Así recuperó su espíritu un departamento de 1927 en un pasaje patrimonial de Belgrano

“Facundo había comprado este departamento y no tenía un apuro tan grande en mudarse, lo que permitía una reforma meditada”, cuentan las arquitectas Helena Sofía Kleinman y Julia Yako. Él se contactó con Helena, y ella invitó a Julia a sumarse al proyecto. Colegas desde que daban clases juntas en la Facultad de Arquitectura, cada una tiene su propia práctica y se asocian cuando un proyecto lo pide. “Teníamos ganas de compartir esto. Es muy lindo acompañar un proyecto tan personal desde el disfrute, y también desde la amistad”.
¡Ya casi llegamos! Antes, hay que caminar por el ancho pasillo con damero blanco y negro, balcones con plantas y puentes que conectan las plantas altas. Construido en 1927 sobre antiguas caballerizas, tiene la tipología de una “casa popular de renta”, de esas que quedan tan pocas bien conservadas que hoy es Patrimonio de la Ciudad.
“El Pasaje tiene de maravilloso que es como vivir en una casa, con una cantidad de ventanas impensable en un departamento actual”.
Para entrar al departamento, que está en el primer piso, se pasa frente a una de sus ventanas y recién ahí se llega a la puerta. “Es lo primero que se anuncia de la casa, antes de entrar, es muy lindo”. Por dentro, en cambio, la situación que encontraron no era tan atractiva. “Había habido varias reformas que no dialogaban entre sí. La consigna fue recuperar el espíritu original del pasaje, adentro”, resume Julia Yako.
La iluminación, por supuesto, estuvo a cargo de Facundo, que hace iluminación para teatro. Más allá de las luces del comedor y del acceso, no quería apliques de techo. Solo luces de pared, leds en los estantes de la cocina y luces de abajo, sobre todo en el living, que es donde más se cuidó la selección.
De lo que ya había en el departamento, se conservó una mesa rectangular de madera maciza. “De otro estilo, pero funciona muy bien como elemento heredado: arma el comedor principal. El comedor diario, junto a la cocina, tiene un estilo más contemporáneo”.
Una cocina para invitar
Al entrar, en diagonal, lo primero que se veía era la heladera. Para taparla, las arquitectas demolieron un tramo de muro y extendieron el dintel, que tuvieron que reforzar. Sumaron una porción de pared y alargaron la mesada.
En la cocina había un mueble de madera “materialmente lindo”. Más allá de que el presupuesto era acotado, había un deseo genuino de no descartarlo sin más. “Como no le gustan las superficies brillantes, Facundo quería una mesada de madera”. Así, las puertas son nuevas, pero el perímetro conserva madera existente, con una vuelta de tuerca.
“El otro día, Facundo nos invitó a comer y nos dijo que ahora invita más y cocina más. Es súper satisfactorio saber que ese lugar se usa tal como imaginamos cuando lo proyectamos”.
“Siempre que se presentaba una elección entre varias opciones de materiales, Facundo iba por lo más terroso, lo menos saturado, lo menos brillante”.
Nivelación y coherencia
“Los espacios tienen que estar calibrados en cuanto a la cantidad de materiales que se usan y se repiten. Las combinaciones no son al azar: cada obra tiene su paleta”, dicen Kleinman y Yako.
“Esta cortina acentúa la altura del espacio de un modo que una puerta nunca lo haría. Nosotras hubiéramos ido por algo más escenográfico, de pana, pero Facundo siempre nos ponía en jaque con la simplicidad”.
“Los pisos de pinotea son originales. Si bien estaban sin mantenimiento desde hace mucho, se pudieron recuperar”. Entre el dormitorio y el baño había un desnivel, porque faltaban algunas solias (el elemento de transición entre ambientes, sobre todo si hay un desnivel). “Usamos una parte de un mueble que estaba para hacer una solia y un escalón. Fue muy lindo cuando descubrimos que lo podíamos hacer”.
“Nuestra premisa fue que todo tuviera su espacio para la acción específica y que él disfrutara de cada una”.
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