José Coronado, actor: "Recibí en mi camerino a muchos gais que venían entre lágrimas a darme las gracias por 'Algo en común'. No volví a ser el mismo"

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José Coronado ha sido policía o detective de muchas formas y maneras: desde sus comienzos en 'Brigada central' a otras series como 'El Príncipe' y 'El inocente', pasando por cintas como 'La caja 507' o 'El cuerpo', sin olvidar al corrupto Santos Trinidad de 'No habrá paz para los malvados'. Ahora le toca, sin embargo, resolver un crimen de otra forma: en 'El problema final' da vida a Benjamín Basil, un actor que ha interpretado a Sherlock Holmes en el pasado y del que ha aprendido sus dotes de deducción para ponerlas al servicio de una investigación.
Ese misterio por resolver sucede en un hotel incomunicado donde todos los huéspedes y el personal se convierten en sospechosos, con Maribel Verdú, Martiño Rivas, Gonzalo de Castro o Pepón Nieto entre ellos. La serie, que llega a Netflix este 25 de septiembre, está basada en la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte, y ha sido adaptada por Félix Viscarret con un tono juguetón, siguiendo la estela de 'Puñales por la espalda' o las series basadas en novelas de Agatha Christie.

¿Qué te atrajo de este proyecto?
Todo. Para mí, el personaje es una es un bombón. Lo leí y pensé: "Esto está hecho para mí". No solo tengo la edad para vivir las cosas que le pasan a Basil, sino que él tiene ese background de haber hecho a Sherlock Holmes y yo me he hecho todos los policías o investigadores habidos y por haber, así que era un personaje muy afín a mí. Luego ya me enteré de quién eran mis compañeros y empecé a ver cómo iban funcionando todos los departamentos y vi que era una maravilla.
En el primer capítulo, Benjamín dice la siguiente frase: "Siempre estamos actuando, lo que pasa es que a unos se nos nota más que a otros". ¿Tú cómo lo ves?, ¿un actor siempre está actuando en la vida?
Yo creo que sí. Todo el mundo interpreta un poquitín. Habrá momentos que no, por supuesto en tu casa, pero en sociedad todos interpretamos algo. Y no es criticable. Tienes que guardar un poco la compostura. Vivimos en sociedad, por eso nos diferenciamos de los animales. Si dejásemos nuestros instintos naturales, sería un desastre.

Él ha aprendido de Sherlock sus cualidades como detective. ¿Has aprendido tú alguna cualidad o habilidad de algún personaje que luego hayas incorporado a tu vida?
Yo pienso que sí, por supuesto. Ese es el privilegio que tiene el actor; que en la medida que tú quieras bucear en la construcción de tus personajes te enriquecen personalmente. Las cosas que te quedas, que has descubierto que son buenas, que antes no te habías encontrado, y cosas malas que te hacen alejarte de ellas.
¿Por ejemplo, lo típico de hacer esgrima, montar a caballo...?
Esas son cosas más superficiales, pero hay otras muy de dentro. Yo, por ejemplo, aprendí mucho cuando llevaba diez años de carrera con una obra de teatro que hice de Harvey Fierstein que se llamaba 'Algo en común' y contaba la historia de un homosexual que perdía a su pareja por sida en los años ochenta. Yo era diferente antes y después de esa obra. Después de haber entendido lo que era el amor con mayúsculas, después de recibir en mi camerino a muchos gais que venían entre lágrimas a darme las gracias por 'Algo en común'... No volví a ser el mismo. Para mí cambió el concepto del respeto por los homosexuales, por los negros, por todo. Me enseñó a no prejuzgar a la gente por estos detalles. Eso me ha pasado con muchos personajes, que te dan cosas, pero sobre todo me han hecho aprender a ser más tolerante.

En la serie, la revista Fotogramas hace un pequeño cameo. La vemos en el segundo episodio. ¿Qué titular te gustaría ver en ella sobre ti?
Yo uno que pusiese "virgencita, virgencita, que me quede como estoy". Que sigo trabajando y ganándome la vida con mi oficio. Ya el soñar con este oficio es difícil porque se requieren muchas circunstancias. A mí cuando me dicen "¿qué personaje te hubiera encantado hacer?" siempre digo "el que tengo firmado". Tengo una capacidad de enamoramiento absoluto sobre lo que tengo firmado. Sobre las quimeras, eso ya...
Así es 'El problema final'
La trama de 'El problema final' nos sitúa en la primavera de 1959 en un clave exótico al que Benjamín Basil llega invitado por un productor de cine (Gonzalo de Castro), con la promesa de hablar sobre un posible papel que devuelva su carrera a sus días de gloria. Ese lugar exótico, a diferencia de la novela de Reverte que tiene lugar en la isla de Utakos, frente a la costa de Corfú, en la serie de Netflix se localiza en un hotel remoto en un islote próximo a Mallorca. Raquel Ausländer, el personaje de Verdú, es quien lo regenta.

La tranquilidad del lugar se ve alterada cuando Elisa Mander, una turista inglesa, aparece muerta y, aunque inicialmente se zanja como un suicidio, los indicios de que ha sido un asesinato salen a la luz pronto. Su amiga y compañera de viaje (María Valverde), un escritor elocuente (Martiño Rivas), el camarero (José Condessa), la actriz que acompaña al productor (Cristina Kovani) o el médico (Pepón Nieto) son algunos de los personajes atrapados en esta isla y, por tanto, también sospechosos.
Nací en Wisteria Lane, fui compañero de piso de Hannah Horvath y 'Chicago' me volvió loco porque Roxie Hart soy yo. Tengo la lengua afilada, pero, como dijo Lola Flores, "me tenían que dar una subvención por la alegría".
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