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Sunday, September 20, 2026

¿Qué es el horror incel? Todo sobre la controversia que películas como ‘Obsesión’ y ‘La acompañante’ llevaron a Hollywood

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El horror incel es quizás el subgénero más reciente del terror y, además, uno de los más controversiales. Razones no faltan. Transformar a la misoginia, el machismo y la subcultura incel en un monstruo a toda regla resulta desconcertante. Pero todavía más, la forma en que varias de las mejores películas de terror de la última década utilizan el miedo para reflexionar sobre el prejuicio. Eso, sin olvidar una dosis de sangre derramada, cabezas decapitadas y muertes inquietantes. 

Lo cierto es que el horror incel plantea un concepto perturbador que explora el mal como algo que una entidad debe vencer. Y para eso, indaga en las dinámicas de la realidad cotidiana. A diferencia de los monstruos sobrenaturales del horror clásico, estas producciones profundizan en la psique de hombres marcados por el aislamiento digital. También, la frustración afectiva y el resentimiento social. Conceptos que buena parte de los crónicamente online conocen bien. Se trata de los elementos más siniestros y retorcidos de la llamada manosfera de internet. Esta es una subcultura que propaga una profunda hostilidad hacia las mujeres, culpándolas de la soledad masculina. 

Hollywood ha encontrado en este fenómeno un terreno fértil para edificar un nuevo tipo de suspenso psicológico. En estas historias, la amenaza ya no es un ente fantástico, sino la peligrosa creencia masculina de poseer un derecho legítimo sobre las mujeres. O en cualquier caso, pueden tener poder sobre su autonomía, las decisiones y los cuerpos femeninos. Una combinación inquietante y retorcida que convierte al horror incel en algo más que solo un debate sobre la maldad o el origen del miedo. En realidad, lo hace más cercano a una reflexión directa sobre la crueldad, la violencia y el control. 

El miedo del buen chico en el horror incel

Por supuesto, la cinta que ha puesto sobre el tapete la discusión sobre la existencia (o no) del género es el fenómeno de taquilla, Obsesión. En especial, porque este thriller psicológico sobrenatural escrito y dirigido por Curry Barker se basa en una idea. El horror sobrenatural se sostiene sobre la capacidad de su protagonista masculino para causar daño. Pero mucho más, para utilizar a su favor la capacidad de un poder misterioso para ejercer control sobre la mujer de sus sueños. Una combinación de planteamientos que convirtió a la cinta en un fenómeno viral y de taquilla. Más interesante todavía, en un debate acerca de cómo el cine de terror ha convertido la violencia contra las mujeres en un subtexto terrorífico en el cual indagar.

Para eso, la trama sigue a Bear (Michael Johnston), el clásico chico bueno de la oficina. Que además está secretamente enamorado de su compañera Nikki Freeman (interpretada por la actriz Inde Navarrette). Ante el desinterés romántico de Nikki, Bear utiliza un artefacto mágico para pedir el deseo de que ella se enamore perdidamente de él. Pero, al cumplirse el deseo, se desencadena una pesadilla claustrofóbica donde la voluntad, identidad y cordura de la joven quedan erradicadas por completo. 

Más terrorífico todavía. La película detalla cómo Bear no duda en ignorar el posible consentimiento de Nikki, sometida a sus deseos de manera antinatural. Eso, a pesar de que queda claro en más de una oportunidad que el súbito amor de la joven por Bear no es otra cosa que un efecto misterioso del deseo cumplido. Por lo que Obsesión deconstruye de manera brillante el mito romántico del admirador persistente para revelar algo más siniestro. La manera en que cierta óptica machista asume que una mujer debe corresponder por necesidad a los sentimientos de amor solo por insistencia. Uno de los temas más frecuentes en debates incel en línea. 

Claro está, el horror incel en Obsesión se nutre directamente de la mitología de la machosfera. Por lo que transforma sus conceptos pseudocientíficos en auténticas pesadillas psicológicas de aislamiento y violencia. Un buen ejemplo de esa versión del subgénero es La acompañante, dirigida por Drew Hancock. La cinta abordó la misma temática desde una perturbadora óptica de ciencia ficción distópica. Para eso, la cinta sigue a Josh (Jack Quaid), un hombre aparentemente devoto y enamorado de su pareja, Iris (Sophie Thatcher). 

Sin embargo, el impactante giro de la trama revela que Iris es en realidad un androide sexual de última generación. Este, programado minuciosamente por él para satisfacer sus demandas emocionales, controlando sus niveles de fuerza, docilidad e inteligencia. A través de esta premisa, la cinta retrata la fantasía definitiva de control absoluto compartida en los foros misóginos de internet. La controversia estalla cuando el androide comienza a manifestar una autonomía imprevista y rechaza vincularse afectivamente de forma artificial. Lo que provoca una violenta represalia por parte de un creador incapaz de concebir una relación basada en el consentimiento mutuo y real. 

Tanto Obsesión como La acompañante desataron un encendido debate ético y cultural en Hollywood. No obstante, la polémica principal surgió en las redes sociales debido a una alarmante interpretación literal por parte de sectores radicalizados. Grupos pertenecientes a la manosfera comenzaron a consumir y reseñar las películas de forma inversa, empatizando con los villanos y sus motivaciones. Algo que convirtió a Josh y a Bear en las verdaderas víctimas de mujeres frías o de tecnologías defectuosas que les negaban la felicidad que supuestamente merecían. Una distorsión que demostró en la práctica la pertinencia de la premisa sobre el horror convertido en análisis sobre el machismo online.

Horror incel: la mujer es la enemiga

Uno de los puntos más incómodos del horror incel es la forma en que las diferentes películas del subgénero muestran un punto esencial. Para la machósfera online, las mujeres son la enemiga a vencer. Y de hecho, las diversas comunidades de la subcultura analizan la idea de que el hombre solo sufre la manipulación femenina. Por lo que el subgénero investiga en la retorcida idea a través de diversos personajes capaces de arrebatar la independencia a los personajes femeninos. O al menos intentarlo, bajo la excusa de justicia social y cultural. Lo que permite al terror adentrarse en los oscuros y claustrofóbicos laberintos de la frustración masculina moderna. 

Para articular este terror, los cineastas desmenuzan minuciosamente códigos de conducta de la subcultura. El más peligroso, el síndrome del chico bueno (nice guy). El antagonista de estas historias no se presenta inicialmente como una amenaza evidente. Más bien, lo hace como un individuo aparentemente educado, tímido o servicial. Uno además, que cree que su cortesía le otorga un derecho legítimo sobre el cuerpo y el afecto de una mujer. Cuando la realidad rompe su ilusión mediante un rechazo frontal, la máscara de amabilidad se disuelve instantáneamente para revelar una ira misógina destructiva. 

En estos relatos, hombres incapaces de lidiar con las complejidades de las relaciones reales optan por secuestrar la conciencia de sus parejas. O, peor aún, moldear inteligencias artificiales sumisas que anulen cualquier atisbo de independencia femenina. Al retratar estas realidades alternativas, el cine no hace más que reflejar las discusiones reales de internet. Lugar en que sectores radicalizados fantasean con una regresión social que devuelva a las mujeres a un estado de perpetua subordinación y domesticidad forzada. El punto más tenebroso del horror incel. 

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