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Wednesday, October 21, 2026

LeBron, más villano en Nueva York: estreno triunfal con los Sixers el día del anillo de los Knicks

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Amaneció la velada bulliciosa y feliz en el Madison Square Garden, celebrando la Catedral del Baloncesto con la solemne ceremonia de entrega del anillo el enlace ya para toda la vida de Nueva York con esos héroes que hicieron los Knicks campeones 53 años después con el bailarín Jalen Brunson al frente, parte junto a Mikal Bridges y Josh Hart de ese llamado tridente de Villanova, misma universidad en la que estudió el Papa León XIV. Pero la noche cayó de golpe con un silencio sepulcral tomando las masas de fervorosos fieles de los Knicks, que acabaron asistiendo al idílico bautizo con los Philadelphia 76ers del hereje LeBron James a las puertas de sus bodas de plata en la NBA con su año 24. Por Manhattan tienen clavado ese rechazo a los Knicks en 2010 cual mordisco a la Gran Manzana y anoche el Rey saqueó la fiesta con un simbólico triunfo en su triunfo con Philly (100-106) que le consagró como villano de Nueva York.

LeBron, 41 años y 24 ya en la NBA, manifestó por qué su longevidad como jugador de baloncesto es eternidad o casi con su privilegiado sentido para el juego, conduciendo una sobria y estridente actuación a la vez por su positivo impacto en el resto del equipo, con 14 puntos, 9 rebotes y 7 asistencias con un 5/13 en tiros de campo y un 0/3 en triples como único lunar.

Contra el tiempo y los tiempos que corren en una NBA en la que lo de los súper equipos parecen pasados de moda, The King se atreve a liderar otra constelación de estrellas en Philadelphia como hizo en Miami en 2010 junto a Dwayne Wade y Chris Bosh. Ya no está para los mismos trotes que entonces -aunque corre como un poseso a la contra-, pero somete con su mente, macho alfa en Miami, jefe intelectual de una tropa de cuatro All-Star. Joel Embiid (13 puntos), Jaylen Brown (19) y Tyrese Maxey (28) son los otros con este estatus en el quinteto mientras que el sophomore V.J. Edgecombe (9) es un All-Star en potencia.

Los Knicks no se bastaron para acabar la noche con fuegos artificiales pese a que dominaron gran parte de la contienda con rentas estrechas, 58-54 arriba al descanso pero viendo cómo los Philadelphia 76ers aceleraban en el tercer cuarto para llegar por delante al final de ese tercer parcial (76-83). Los Knicks volvieron a ponerse por delante al principio del último cuarto pero acabaron acusando la falta de acierto de Jalen Brunson con su 6/19 en tiros de campo para acabar con 21 puntos, seguido de los 19 tantos y 12 rebotes de Karl-Anthony Towns y el doble-doble de 12 puntos y 14 rebotes de Andre Drummond, impecable sustituto de Mitchell Robinson la primera noche.

Pero los Sixers hicieron una sonora demostración en el inmenso Madison Square Garden de por qué LeBron puede forjar su quinto anillo y el primero en Philadelphia en más de 40 años. Hay muchos egos pero los canaliza la humildad de LeBron en un viaje metafórico hacia la esencia, hacia el momento donde todo empezó, rebajándose su salario de los 52,6 millones que cobró en su último curso en los Lakers a apenas 4 aparte de ser ese intérprete literal de la filosofía pass-first que es su razón de ser como infinito jugador de baloncesto.

Con LeBron cuando no como director de orquesta como uno más esperando su turno para entrar en juego, los Sixers afinaron en su juego ofensivo para presentarse como un señor equipo. Apenas han tenido tiempo para conjuntarse tras las llegadas de LeBron y Jaylen Brown, pero se siente lo que llaman en la NBA el buy-in, la convicción de los jugadores en aras de un objetivo común.

Aún es pronto para decir que se han definido los roles, algo vital en un equìpo con tanta estrella. Pero Philly fluyó en el ataque posicional a través de LeBron pero también Joel Embiid, otro clarividente creador que de hecho fue el que más pases de canasta con 6 tras los 7 de The King. El MVP de 2023 anduvo con la muñeca oxidada -un 4/15 en tiros-, pero se puede permitir dar un paso atrás en la anotación si genera como lo hizo desde la cabecera, posición estratégica para que la pintura quede despejada al arrastrar a Towns fuera.

Desde ese punto, Embiid, también catapultó con bloqueos la velocidad del ‘sprinter’ Tyrese Maxey tanto con balón como cuando el base salió de pantallas en acciones de tres hombres. Los Sixers mostraron cuánta presión pueden poner en el perímetro cuando Embiid y Maxey juegan el pick and roll con LeBron cerca.

Sin embargo, seguramente la mayor de las garantías que los Sixers ofrecieron como colectivo es su compromiso defensivo. Todos se aplicaron para lidiar con el dinámico ataque del campeón, con las acciones de Brunson pero también para seguir a los jugadores que cortaban cuando Towns se ponía a distribuir.

No obstante, el punto de inflexión en defensa -que fue también en parte el del encuentro-, fue un cambio táctico vital por parte de Nick Nurse. El entrenador campeón con los Raptors en 2019 con Marc Gasol y Serge Ibaka a sus órdenes demostró su valía para ser el que gestione tanto talento. Nurse cambió los emparejamientos en el tercer cuarto, ordenando a Embiid a quedarse con Josh Hart y un jugador más pequeño con Drummond -Jaylen Brown o LeBron-. El técnico logró alterar el pick and roll con el que Brunson estaba haciendo sufrir a Embiid, quien pasó a salir al paso de la estrella cuando le involucraban en el 2x2 para luego recuperar mientras los Sixers rotaban para cubrir las espaldas al camerunés.

No visten de rojo como aquellos Miami Heat del trío LeBron - Wade - Bosh, pero estos Sixers van a ser demonios, odiados y silbados a cada pista que vayan como ya fue el caso anoche. Pero nadie incitó tanto odio como LeBron, que por su parte siempre ha amado por lo que significa una Nueva York que ya nunca podrá disfrutar en su plenitud ni más allá de una mera ciudad dormitorio. Vive en la Gran Manzana pero el negocio lo tiene en una Philly en la que juega y entrena cada día. Y cuando acaba, de vuelta a esa Nueva York pero no por tierra si no por aire en helicóptero. Que no le pillen por la calle.

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