Cambio climático y mayor contacto con animales: dos factores que elevan el riesgo de futuras pandemias
Descubre cómo el cambio climático y el contacto entre humanos y animales pueden favorecer nuevas pandemias y qué factores aumentan ese riesgo.
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«Estamos macerando una pandemia que puede ser importante», dice José Antonio López. A lo largo de la historia, la humanidad ha sufrido virus y pestes, como la peste Antonina, entre los años 165 y 180 d. C., que diezmó las legiones romanas. Se cree que la causó la viruela, uno de los virus que más vidas humanas ha costado.
La gripe de 1918, mal llamada «española», provocó entre 50 y 100 millones de muertes. «Más que las guerras mundiales juntas», apunta López.
El clima y la expansión de los virus
El cambio climático favorece la expansión de vectores que transmiten virus, como los mosquitos. La variedad tigre, por ejemplo, se extiende hacia latitudes alejadas de los trópicos. Esto aumenta las oportunidades de circulación viral y, con ellas, la posibilidad de que los virus evolucionen y muten.

«Los virus existen porque se adaptan, y mutan en sus hospedadores, que pueden ser animales o seres humanos. De las pandemias que nos van a llegar, casi todas van a ser zoonosis, desde animales», explica López.
Más contacto entre humanos y animales
A estos factores se suma el crecimiento de la población mundial: somos alrededor de 8300 millones de personas, y más del 60 % vive en núcleos urbanos cada vez más densos. En algunos países, el hacinamiento coincide con el tráfico ilegal o poco regulado de especies, lo que aumenta el contacto entre humanos y animales silvestres.
Muchos de estos animales son reservorios de virus con los que han alcanzado cierto equilibrio. Es el caso de los murciélagos: aproximadamente una de cada seis especies de mamíferos es un murciélago. Su sistema inmunológico particular les permite albergar virus sin desarrollar síntomas graves.

Cuando los humanos invadimos esos entornos, entramos en contacto con virus que antes permanecían confinados en sus reservorios. Algunos ejemplos son los virus Junín, en Argentina, Machupo, Guanarito y el llamado «virus Sin Nombre», muchos de ellos asociados a roedores.
Una posible «tormenta perfecta»
En la actualidad, uno de los focos de preocupación es el virus de la gripe aviar H5N1. A la evolución de los virus se suman el cambio climático, la expansión humana hacia nuevos ecosistemas y unas condiciones de vida cada vez más densas, junto con una regulación insuficiente del contacto con animales y de las condiciones higiénicas.

«Puede ser una tormenta perfecta. La pregunta no es si llegará otra pandemia, sino cuándo, y con qué extensión de virulencia», concluye López.
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