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Saturday, September 19, 2026

La IA está creando millonarios a un ritmo frenético en Silicon Valley. El problema es que muchos no saben qué hacer con su dinero

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Michia Rohrssen creció viendo sufrir a su madre por un coche que no podían arreglar. A veces tampoco había dinero para comer ni para pagar el alquiler. Con 31 años recién cumplidos, Rohrssen vendió Prodigy, la empresa de software que había fundado, por 110 millones de dólares. Tal y como el propio Rohrssen contaba en el podcast 'Exit Paradox', todos sus problemas de dinero se resolvieron de golpe. Pero ahí empezó lo difícil de verdad: encontrarle un sentido a su vida.

La situación de Rohrssen puede parecer anecdótica, pero en Silicon Valley esta historia se repite cada vez más frecuentemente gracias a la IA y muy pocos tienen en cuenta el golpe psicológico que supone para los fundadores tener los bolsillos llenos de dinero, pero quedarte sin un propósito en la vida.

Cuando ganar no cura nada. Rohrssen, al igual que muchos otros fundadores de startups que terminaron haciéndose millonarios, pensaba que la presión que habían sentido durante buena parte de su vida adulta se esfumaría con la tranquilidad de saber que sus necesidades vitales estarían cubiertas. No fue así.

"La IA cambia el modo de trabajar y cómo se sienten las personas": el 30% de los trabajadores se sienten menos útiles

"Es mucho más duro cuando ya lo has logrado y sigues sintiéndote igual de roto", contó el joven millonario a Bloomberg. Pasó meses sin rumbo, con la sensación de que su cerebro se apagaba por la falta de propósito. Hay un nombre para esto: síndrome de riqueza súbita, un término que acuñó el psicólogo Stephen Goldbart en los años 90 y explica el sentimiento de vacío y los problemas de adaptación a una situación en la que, de la noche a la mañana, todos sus objetivos vitales se han borrado de un plumazo que derivan en crisis de identidad, depresión, insomnio y ansiedad.

La psicoterapeuta Annie Wright cree que los fundadores tecnológicos son especialmente vulnerables, y que la IA está agravando el problema. "Hay valoraciones altísimas, muchísima atención pública y la riqueza personal puede crecer en un periodo extraordinariamente corto", explicaba Wright a Bloomberg.

La IA está fabricando millonarios a toda velocidad. La salida a bolsa de SpaceX este verano creó unos 4.400 nuevos millonarios de la noche a la mañana. Anthropic ya vale cerca de un billón de dólares y algunos inversores la tasan en dos billones antes de debutar en bolsa. La salida a bolsa de Anthropic podría dejar siete nuevos milmillonarios entre sus fundadores, 50 centimillonarios y 1.200 decamillonarios.

Sumando las salidas a bolsa de OpenAI y SpaceX, el total de nuevos multimillonarios podría llegar a 20, según las estimaciones del New York Times. Sin embargo, en esas cifras no se tienen en cuentan a las miles de pequeñas empresas de IA fundadas por jóvenes veinteañeros a los que la Google, Microsoft, Meta o Amazon de turno compra por cientos de millones de dólares y dejan a su fundador fuera de su proyecto.

Si la pregunta es si el dinero da la felicidad, un experto de Harvard responde: no es tener dinero, es lo que haces con él

El miedo a parar: ¿y ahora qué hago? Muchos de estos fundadores no se sienten libres para frenar. "Creo que muchos fundadores piensan que no pueden bajar el ritmo", señalaba Wright. Habla de un FOMO (Fear Of Missing Out o miedo a perderse algo) que persiste incluso cuando el dinero ya no es una motivación para seguir trabajando.

Según la psicoanalista, en el caso de fundadores de empresas de IA, a eso se suma el peso moral de haber construido una tecnología con tanto impacto en la sociedad e incluso experimentan "un daño moral en torno a lo que han creado y cómo está afectando a los demás".

Hablar de lo que nadie cuenta. La conversación sobre la salud mental entre emprendedores cambió tras la muerte de Tony Hsieh, fundador de Zappos, en 2020. "Se ha producido un cambio radical en las conversaciones sobre salud mental y bienestar entre los emprendedores", afirma la psicóloga Sherry Walling. Es coautora del libro 'Estrategia de salida'.

La emprendedora Anastasia Koroleva vendió su empresa hace 16 años y, desde hace tres presenta el podcast Exit Paradox, donde entrevista a gente que se hizo muy rica de golpe vendiendo su startup. "Me costó bastante adaptarme a esa nueva realidad", asegura Koroleva, que ha bautizado este bloqueo como parálisis post-venta. Es el miedo a intentarlo de nuevo, por si el segundo proyecto no está a la altura del primero. "Una vez que tienes éxito, la gente espera que lo siguiente que hagas sea un éxito instantáneo, lo que hace que todo sea mucho más difícil", contaba a Wired el empresario sueco Niklas Zennström, cofundador de Kazaa y Skype.

Clubs para fundadores ya no necesitan trabajar. A raíz de este vacío existencial de los nuevos millonarios, ha surgido todo un negocio de coaches, terapeutas y comunidades privadas para gente con mucho dinero y pocas certezas. Sam Parr dirige Hampton, una red de consultoría para fundadores ricos. "Es una locura cuánto dinero se está ganando. Hoy hasta empleados medios de la IA rondan los 100 millones". Su mejor consejo para estos nuevos millonarios: "No hagas nada irreversible durante al menos un año después de la venta".

Por ahora es un problema de unos pocos. Pero el filósofo Nick Bostrom cree que la IA podría universalizar ese escenario, liberando a mucha más gente de la necesidad de trabajar.

Si eso ocurre, el fenómeno que de encontrarse de repente ante una vida sin propósito que han experimentado Rohrssen, Parr o Koroleva dejará de ser una rareza de millonarios en Silicon Valley y podría convertirse, simplemente, en la pregunta que tendremos que responder todos.

En Xataka | Bill Gates: "Creo que deberíamos poner impuestos a la IA, si contratas a alguien ahora mismo pagas impuestos sobre su nómina"

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