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Friday, October 23, 2026

Geopolítica con el Manchester City

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Todo el Reino Unido está estos días pendiente de que la comisión independiente de jueces emita la sentencia al Manchester City por su culpabilidad en las irregularidades financieras en la Premier League. El asunto concita la preocupación no sólo de los profesionales del fútbol y del derecho deportivo, sino también de numerosas instituciones del ámbito sociopolítico, ya que el supuesto castigo al club propiedad de Abu Dhabi invade el terreno de la geopolítica. Algunos juristas y abogados de Londres están dando su opinión y los medios británicos las recogen, apostando por una grandiosa multa económica y una importante sanción de puntos, que condenaría al City al descenso a la EFL Championship. Mientras, alrededor del fallo y el castigo a los ‘skyblues’ pesan los numerosos intereses e inversiones económicas que los Emiratos Árabes Unidos tienen comprometidas tanto en Manchester como en toda Inglaterra.

El Gobierno británico no tiene potestad formal para intervenir ante la comisión deportiva independiente, que ha declarado al City culpable de eludir las normas de la Premier League. Aunque el club ha presentado su apelación, y reitera su inocencia, la comisión concluye que el City estableció acuerdos comerciales ‘ficticios’ con el fin de inflar sus ingresos o reducir sus costes en más de 900 millones de libras a lo largo de nueve temporadas. La situación es muy difícil para políticos británicos que habían tejido buenas relaciones con los dirigentes del City, como el ahora primer ministro, Andy Burnham, en su condición de antiguo alcalde del Great Manchester. El primer ministro se vio obligado a aclarar que había compartido dos cenas con el presidente del club, Khaldoon al-Mubarak, en el Etihad Stadium, después de haber declarado inicialmente que dichos encuentros fueron únicamente actos de hospitalidad en días de partido.

La reacción inicial de Burnham ante las conclusiones contra el Manchester City ha suscitado críticas, ya que afirmó inicialmente que le “preocuparía mucho” que sus propietarios de Abu Dhabi vendieran el club, si finalmente llega una dura sentencia condenatoria, calificándolos de “socio fundamental en la construcción del Manchester moderno”. Ante las críticas recibidas por sus comentarios, Downing Street aclaró inmediatamente que, a juicio de Burnham, allí donde se haya demostrado una irregularidad, los responsables deben asumir las consecuencias.

Socios estratégicos

Las conexiones entre Abu Dhabi y el Gobierno Británico son, además de deportivas, estatales e institucionales. El Manchester City forma parte del City Football Group (CFG), cuyo accionista mayoritario es el Sheikh Mansour bin Zayed Al Nahyan. No solo es miembro de la familia real de Abu Dhabi y magnate privado de uno de los emiratos más ricos, sino también una de las figuras políticas con más poder del Golfo Pérsico. Es viceprimer ministro y vicepresidente de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y hermano directo del presidente de EAU, el Jeque Mohamed bin Zayed Al Nahyan (MBZ). Él controla los fondos soberanos y está al frente de vehículos clave de inversión estatal. Los Emiratos Árabes Unidos son, además, uno de los socios comerciales y defensivos más importantes del Reino Unido en Oriente Medio.

Abu Dhabi canaliza miles de millones de libras al Reino Unido en sectores críticos como energías renovables, tecnología, sanidad, bienes raíces y proyectos de regeneración urbana, especialmente en el área este de Manchester. A través de fondos soberanos como Mubadala, ADIA (Abu Dhabi Investment Authority) y el vehículo privado ADUG (Abu Dhabi United Group, propiedad del Jeque Mansour bin Zayed Al Nahyan), el emirato es un socio crucial en la economía británica. A nivel nacional, las inversiones se formalizan mediante la UK-UAE Sovereign Investment Partnership (SIP), en sectores orientados al futuro (tecnología, ciencias de la vida y transición energética). La dimensión de todas esas inversiones de Abu Dhabi impone, por tanto, una extraña cautela diplomática y genera un escenario de alta tensión política. Durante estas semanas, diplomáticos y ministros británicos han resaltado que el ‘caso City’ va a convertirse en un importante test sobre el equilibrio entre la neutralidad regulatoria del fútbol y los intereses geopolíticos del Reino Unido. Existe el temor implícito de que una sanción destructiva genere un conflicto diplomático con un valioso socio estratégico en Defensa como los EAU.

El polémico viaje

A principios de octubre Bev Craig, sucesora de Andy Burnham como alcaldesa del Gran Manchester, llevó a un representante del Manchester City a Delhi y Bombay en un viaje organizado por el ministro de Empresa, Jonathan Reynolds. Allí, ella y otros alcaldes del norte del país estuvieron promoviendo el comercio y el turismo británicos. Craig ha defendido la decisión de invitar al City, en un momento de máxima presión antes de conocerse la sentencia por sus irregularidades financieras en la Premier League, y declaró que la entidad había desempeñado “un papel vital” en la creación de infraestructuras en Manchester.

Pese a todas las influencias políticas, y el peso que una sentencia muy negativa pueda tener para Abu Dhabi en la continuidad de sus intereses en el Reino Unido, se resalta estos días que la esfera jurídica es totalmente independiente. Además, el Independent Football Regulator (IFR), el organismo autónomo creado en el Reino Unido para supervisar la gestión sostenible de los clubs del fútbol inglés, ha dejado claro que no cederán ni aceptarán presiones políticas y que cuenta con “poder absoluto” para forzar la venta del Manchester City, si se ratifica el veredicto de culpabilidad y de mala gestión. Entretanto, el poder defensivo y los recursos jurídicos ayudan al City. El peso financiero de Abu Dhabi permite al club desplegar una estrategia legal sin restricciones, contratando a los despachos jurídicos de mayor reputación para cuestionar todo el procedimiento de la Premier League

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