Correr sin ninguna referencia visual
Nada a derecha, a izquierda, al frente y por detrás. Un paisaje en blanco roto por las sombras que se proyectaban a lo largo del día de las rugosidades del suelo. Y nada más durante horas. Así vivió Fernanda Maciel (1980, Belo Horizonte, Brasil) su experiencia de cruzar el Salar de Uyuni en Bolivia a finales de septiembre en un reto más que añadir a su dilatada carrera como ultramaratonista. Una muesca más no exenta de dificultad durante las 20 horas que estuvo corriendo y que duró la hazaña. “Tenía las piernas destrozadas; no podía abrir la zancada. Sé correr en la montaña, pero no en terreno llano. Ya casi no me quedaban fuerzas, pero lo intenté sacándolas de no sé donde”, así explicaba Fernanda su epopeya.
Residente en Chamonix, usó las ganancias de las competiciones en ultramaratones para financiar su carrera como abogada ambientalista y en 2021 fue elegida para representar a #TheHumanRace, una campaña del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo para crear conciencia sobre el cambio climático y la importancia de apoyar el medio ambiente.
Pero si había alguien lo suficientemente preparado con un bagaje de resistencia para esa prueba era ella. Tras ganar algunas de las carreras más importantes de este deporte, se dedicó a proyectos ambiciosos para lograr los mejores tiempos en las cumbres más altas de cada continente y lo consiguió con siete récords de velocidad de ascensión completados (Aconcagua, Kilimanjaro, Elbrus, Vinson, Denali, Everest y Pirámide de Carstensz). También es la primera mujer en recorrer el Camino de Santiago (860 km) en 10 días, también la primera en correr la totalidad del Aconcagua en Argentina y uno de los cinco mejores atletas del campeonato mundial de Skyrunning.

Maciel necesitaba otro objetivo y, junto a Red Bull, recorrió los 172,8 km. del Salar de Uyuni en 19 horas, 50 minutos y 8 segundos; 13 horas, 14 minutos y 2 segundos más rápida que el récord anterior de 33:04:10, establecido por su compatriota Valmor Leonardo en 2023.
En la vasta y monótona llanura del salar más grande del mundo, es difícil calcular la distancia, por lo que evitó deliberadamente consultar su reloj con demasiada frecuencia. Pero sin noción del tiempo sobre un fondo blanco, la mente empieza a fabular, a intentar traicionar al cuerpo, a enviar mensajes contradictorios. Aunque Fernanda ya llevaba tiempo preparándose mentalmente para afrontarlos. “Estos proyectos de larga distancia son totalmente inciertos en cuanto al resultado, y eso me asusta. También me encanta, porque es algo nuevo para lo que tengo que prepararme y con lo que tengo que conectar”, explicó antes de empezar.
Aire enrarecido
Maciel partió a las 05:00h bajo el arco de entrada y salida de Llica, en el lado occidental del Salar de Uyuni, y llevaba su teléfono con la ruta marcada, siguiendo la misma trayectoria que Leonardo utilizó para el récord absoluto anterior. Si bien la ruta presenta un desnivel positivo de tan solo unos 311 metros, se sitúa a aproximadamente 3.700 metros sobre el nivel del mar, cerca de los 3.776 metros de altitud de la cima del Monte Fuji y la travesía combina un utramaratón con una exposición prolongada a gran altitud que provoca que, a cada respiración, se aspire alrededor de un 35 % menos de oxígeno, lo que aumenta el esfuerzo fisiológico por kilómetro.

Tras los primeros 100 kilómetros, su estómago empezó a tener problemas para digerir la comida, aunque sus piernas seguían adaptándose bien a la altitud, no siguió un ritmo objetivo fijo: “Tuve que adaptar mis piernas a un ritmo con el que mi cuerpo se sintiera cómodo corriendo 170 kilómetros a gran altitud en un desierto”, contó.
Lodo y agujeros
Su estrategia era sencilla: seguir la ruta marcada, ajustar la velocidad cuando fuera necesario y evitar paradas innecesarias, pero tuvo que hacer al menos una.
Tras recorrer dos terceras partes del Salar, cruzó una serie de charcas alrededor del kilómetro 145 y se detuvo para cambiarse los zapatos y los calcetines. Las condiciones resultaron más complejas de lo previsto después de que una granizada transformara algunas zonas del salar en aguas poco profundas y lodo. Maciel también se topó con pequeños agujeros con agua bajo la superficie, lo que la obligó a ajustar constantemente la posición de sus pies mientras cruzaba el salar.
Al anochecer, el paisaje se volvió más difícil de interpretar. Finalmente, las luces de los hoteles y las casas cerca del borde del desierto le dieron una referencia visual hacia Uyuni y, al llegar a la carretera donde solo faltaban unos 27 kilómetros para terminar, se dio cuenta de que había estado corriendo durante 16 horas y 45 minutos.
Maciel tuvo que lidiar con la escasez de oxígeno, las trampas de la mente, la nutrición y casi 20 horas de carrera continua, adaptándose a cada zancada para salir del salar entera.
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