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Thursday, September 10, 2026

Guerra de Foros, la izquierda está desesperada

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La semana pasada tuvo lugar el V Encuentro Regional del Foro Madrid en Santiago de Chile. Se trata de una iniciativa internacional creada por Vox de España que agrupa a los líderes de derecha de Iberoamérica para poder frenar el avance de las izquierdas en la región. Claramente, sus miembros se definen como “anticomunistas” y “antiprogresistas”. Creen que “la realidad es real” y no una construcción social, ni un sentimiento. No buscan refundar, ni crear un nuevo hombre, sino como gobernar mejor lo existente, respetando la tradición y la cultura cristiano occidental. Este encuentro regional en Chile estuvo marcado por las polémicas de algunos dichos de los participantes y las “lágrimas” de quienes siempre se “sienten” ante todo, los “victimistas”.

La reunión fue inaugurada por el discurso del presidente de Argentina, Javier Milei quien, como siempre, intentó provocar. Calificó a los militantes de izquierdas como “zurdos mugrosos”, lo que fue considerado algo terrible. Además, Milei defendió la historia económica reciente de Chile tras el derrocamiento de Salvador Allende a quien se refirió como “comunista” y aseguró que las naciones debiesen dedicarse a “quitar el cáncer de la izquierda de las instituciones”. Más allá de las formas, en el fondo Milei tiene razón, los números develan que el cambio de modelo económico en Chile le cambió la vida para bien a muchos chilenos. Eso es innegable, es científico, toda cifra lo valida. Por otra parte, Allende, aunque socialista, gobernó como un marxista, cercano a los comunistas y quien diga lo contrario, miente y lo sabe.

Claramente los sectores progresistas repudiaron las palabras del mandatario argentino, catalogándolas de “discurso de odio” y “afrentas a la convivencia democrática”. Todos los que no piensan como ellos pronuncian “discurso de odio” y claramente las “credenciales democráticas” que, supuestamente, tienen se caen frente al texto de la convención que querían aprobar. Dejaron por escrito cuan totalitarios son.

Del mismo modo, mientras muchos en la derecha celebraron el todo del Foro, la forma y el fondo, parte de la coalición oficialista se manifestó incómoda con el tono agresivo, ya que se contagiaron con la moda del “sentimentalismo a flor de piel” propio de la izquierda. Ante esto, el presidente José Antonio Kast, fundador del Foro Madrid, tuvo que llamar a la mesura y al “respeto institucional”.

También, causó controversia la intervención del embajador de Estados Unidos, Brandon Judd, quien aseguró que bajo un mandato de Kast seria “fácil” aplicar la Doctrina Monroe, “América para los americanos”, lo que fue visto como injerencia externa inaceptable. El canciller tuvo que dar explicaciones públicas descartando que el Estado chileno valide o acepte doctrinas extranjeras.

El Gobierno recibió fuertes demandas para condenar oficialmente las posturas de los expositores internacionales. El biministro del Interior evitó escalar el conflicto explicando que las declaraciones ocurrieron en “un acto privado con connotación pública” organizado por partidos, por lo que la Moneda no sería comentarista de las opiniones vertidas en él.

Los sentimientos claramente estaban a flor de piel y olían, sin duda, a desesperación. Un nuevo Foro, en una nueva era política tenía lugar en Chile (el niño símbolo) y opacaba al que para ellos es el único Foro con derecho de ser, el de ellos, el Foro de Sao Paulo. No son inclusivos, son excluyentes. La izquierda no acepta que la derecha gobierne, eso para ellos es siempre “antidemocrático”. No respetan, ni entienden la democracia en su ser, ya que viven redefiniéndola, siempre quieren refundar, ya que la realidad no les gusta. Sólo ellos pueden gobernar y si no ganan en las urnas, legitiman la violencia para recuperar o lograr el poder. Ha sido siempre así. Es bueno recordar para quienes se ofenden con los dichos del Foro Madrid que el otro Foro, fue siempre más que ofensivo con el que no pensaba como ellos. Pero claro, ellos tienen más derechos, ellos pueden ofender. En la granja todos los animales son iguales, pero hay algunos más iguales, como decía George Orwell.

En 1990, cuando el comunismo y las ideas de izquierda radical parecían muertas tras la caída del Muro de Berlín, lo que algunos llamaron “el Fin de la historia”, nace impulsado por el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva el Foro de Sao Paulo. Una reunión de las fuerzas “progresistas” retrógradas, tras la caída de los socialismos reales no estaban muy glamorosos. Por supuesto, integran a lo que la izquierda llama “el hemisferio”, allí estaba sentado el emblema de las ideas de la revolución, Fidel Castro. El objetivo era reestructurarse, ya que las izquierdas parecían perdidas y estaban, al menos, “demodé”. Se buscaba confrontar a las ideas de derecha y las políticas de libre mercado de Iberoamérica. Con una retórica desde un lenguaje doctrinario marxista, empapado de teorías sociológicas de “la dependencia” y ataques frontales llenos de adjetivos para con las corrientes conservadoras a quienes consideraban su peor enemigo.

El término “neoliberal” como sinónimo de “lacayo del imperialismo” buscó combatir la política de privatizaciones de los ’90, reviviendo las viejas lógicas de la Guerra Fría. Bajo su tradición totalitaria, para los miembros de este foro la derecha no es una alternativa democrática legítima, sino una herramienta económica perversa, la idea del “neoliberalismo salvaje y desalmado”. Se buscó descalificar cualquier modelo de libre mercado, asociándolo falsamente a la pobreza, la exclusión y “la muerte social”. Por otra parte, siempre aparecían los epítetos de “golpistas” y “fascistas”, que es bastante peor que “mugrosos”.

Desde el año 2000 se habló de “Marea Rosa” con lo que el foro endureció sus adjetivos y en la medida que ganaba elecciones impulsaba juicios políticos duros y más fuertes que los discursos vistos en el Foro Madrid. Calificaban a todos sus adversarios de “neonazis”, “neofascistas”, epíteto utilizado para cualquiera que no pensara como ellos o fuese algo conservador. Todo discurso de orden y seguridad les causaba escozor. Entraron en la dimensión social calificando a quienes pensaban distinto de “vende patria” y “oligarquías”, apelando siempre a la lucha de clases para erosionar la reputación de los partidos de derecha. Una animadversión total hacia las elites económicas y empresariales a quienes calificaban de “inmorales” y “entreguistas de las riquezas naturales a corporaciones extranjeras”. Hablaban de “la derecha recalcitrante” refiriéndose a todo conservador, de ciegos, retrógrados e incapaces de dialogar o aceptar reformas sociales. Estos constantes ataques dirigidos desde el foro de Sao Paulo hicieron a la derecha hablar de él como una organización “castrochavista”, lo que desde su inicio fue verdad. Del mismo modo, se referían a ellos desde su esencia como “comunistas”, lo que es una realidad otra vez. Sólo los comunistas se ofenden porque les digan lo que son. Se comenzó a constatar que el foro no era sólo una entidad de reorganizar ideas sino una entidad que buscaba coordinar las acciones prácticas y por lo mismo, se comenzó a hablar de esta entidad como “un instrumento de desestabilización” y lo ha sido.

Claramente lo que tenemos hoy es una guerra de foros, en la que el péndulo dio vueltas y la izquierda está desesperada.

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