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Thursday, September 10, 2026

Analizan unas tumbas etruscas de hace 2.500 años y descubren que podían alterar los sentidos de quienes entraban

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Una investigación combina acústica, modelos 3D y análisis visual para descubrir cómo dos tumbas etruscas de Tarquinia pudieron convertir el funeral en una experiencia para todos los sentidos.

Una tumba etrusca de hace 2.500 años pudo convertir el sonido y la oscuridad en una experiencia cercana al trance
Una tumba etrusca de hace 2.500 años pudo convertir el sonido y la oscuridad en una experiencia cercana al trance. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: Actualizado:

Durante siglos, las tumbas pintadas de los etruscos han sido estudiadas casi como si fueran galerías de arte subterráneas. Los arqueólogos han analizado sus banquetes, músicos, procesiones y criaturas del más allá buscando claves sobre las creencias de una de las civilizaciones más influyentes de la Italia anterior a Roma. Pero una nueva investigación propone mirar esos espacios de otra manera: no solo como lugares que debían observarse, sino como escenarios construidos para ser recorridos, escuchados y sentidos.

El estudio de Maurizio Forte, de la Universidad de Duke, y Jacqueline K. Ortoleva, de la Universidad de Oxford, se centra en dos tumbas del siglo V a. C. situadas en la necrópolis de Monterozzi, en Tarquinia: la Tomba del Gallo y la Tomba dei Demoni Azzurri. La comparación resulta especialmente reveladora porque, aunque ambas pertenecen al mismo paisaje funerario y conservan pinturas relacionadas con banquetes y música, su arquitectura produce experiencias sensoriales radicalmente distintas.

Para estudiarlas, los investigadores combinaron mediciones acústicas reales, modelos tridimensionales, análisis de la atención visual y simulaciones informáticas de movimiento. El objetivo no era reconstruir exactamente lo que sintió una persona hace 2.500 años —algo imposible de demostrar—, sino averiguar hasta qué punto la propia arquitectura condicionaba la manera de caminar, mirar y escuchar dentro de cada tumba.

Dos tumbas etruscas que parecen diseñadas para provocar sensaciones opuestas

La Tomba del Gallo, construida aproximadamente entre 450 y 400 a. C., es pequeña. Su cámara funeraria mide apenas 3,31 metros de largo por 2,50 de ancho y se alcanza después de descender por un corredor estrecho y pronunciado. En las paredes aparecen escenas de banquete, músicos con doble flauta y bailarines, entre ellos una figura masculina enmascarada y una mujer con instrumentos de percusión.

Los modelos realizados por los autores muestran que el propio corredor funciona como una especie de preparación. Hay pocos estímulos visuales durante el descenso y la atención aumenta al aproximarse a la cámara. Una vez dentro, las pinturas y determinadas transiciones arquitectónicas concentran la mirada. El recorrido, por tanto, parece favorecer una observación progresiva y relativamente ordenada.

El sonido refuerza esa impresión. En esta tumba, la reverberación es comparativamente limitada y las ondas sonoras no se acumulan de manera intensa en la cámara. Parte del sonido tiende a propagarse hacia el corredor y el exterior. Los investigadores interpretan este comportamiento como compatible con un entorno donde la orientación espacial y la comprensión visual se mantienen relativamente estables.

Tumba de los Demonios Azules
Tumba de los Demonios Azules. Foto: Sailko

La Tomba dei Demoni Azzurri es otra historia. Datada aproximadamente entre 450 y 420 a. C., posee una cámara de unos 6,20 por 6,10 metros y 2,7 metros de altura, además de un corredor de entrada mucho más ancho. En sus paredes aparecen una procesión, un banquete y un extraordinario conjunto de seres sobrenaturales. Entre ellos destaca un demonio azul situado en la pared derecha, una figura que el análisis de atención visual identifica como uno de los elementos capaces de atraer la mirada con mayor fuerza.

Aquí la arquitectura no parece conducir al visitante hacia una experiencia serena. Al contrario: tamaño, imágenes y acústica se combinan en un espacio mucho más difícil de controlar sensorialmente.

En la Tumba de los Demonios Azules, algunos sonidos graves podían permanecer reverberando durante más de siete segundos.

El sorprendente efecto acústico de la Tumba de los Demonios Azules

Las mediciones realizadas en la Tomba dei Demoni Azzurri revelaron tiempos de reverberación excepcionalmente largos. En algunas zonas, los autores los comparan incluso con los que pueden registrarse en edificios de dimensiones mucho mayores, como determinadas catedrales. La reverberación era especialmente intensa en la zona posterior y en el sector izquierdo de la cámara, donde se desarrolla la escena del banquete.

El dato más llamativo aparece en las frecuencias graves. Cerca de la pared posterior se registró un tiempo de reverberación de hasta 7,52 segundos a 125 Hz. Una frecuencia tan baja no solo se escucha: en determinadas circunstancias también puede sentirse físicamente como vibración. El estudio plantea que una combinación de sonidos graves, ecos prolongados y dificultad para localizar su origen habría podido alterar temporalmente la orientación del visitante.

A ello se sumaba la iluminación. No existen descripciones etruscas que expliquen con precisión cómo se iluminaban estos rituales, pero los investigadores consideran escenarios con velas de cera de abeja o sebo, conocidas en el mundo etrusco. En una cámara subterránea, una luz de este tipo habría dejado amplias zonas en penumbra y habría hecho que determinadas pinturas apareciesen y desapareciesen a medida que las personas se desplazaban.

La figura del demonio azul adquiere así otra dimensión. No sería simplemente una imagen destinada a ser contemplada frontalmente bajo una iluminación uniforme, como ocurre hoy en una reproducción fotográfica. Su presencia podía irrumpir en un entorno de luz irregular mientras el sonido rebotaba por la cámara. El modelo visual elaborado por los investigadores confirma que su posición, color y forma convierten esa figura en un foco de atención especialmente potente.

Tumba de los Demonios Azules. Reconstrucciones 1-4 de la luminancia en 3D, realizadas con el software RELUX por J. K. Ortoleva. Basado en J. K. Ortoleva (2023a)
Tumba de los Demonios Azules. Reconstrucciones 1-4 de la luminancia en 3D, realizadas con el software RELUX por J. K. Ortoleva. Basado en J. K. Ortoleva (2023a). Foto: Journal of Archaeological Method and Theory (2027)

El demonio azul pintado en una de las paredes aparece en el análisis visual como un poderoso foco de atención para quien recorría la cámara.

¿Una arquitectura capaz de acercar al visitante al trance?

El trabajo explora incluso una posible interpretación neurocognitiva del recorrido. Los autores relacionan determinados ambientes de las tumbas con estados de atención asociados a diferentes patrones de actividad cerebral. En la Tomba del Gallo, la estabilidad visual y acústica encajaría mejor con una atención relajada y sostenida. En la Tumba de los Demonios Azules, en cambio, la combinación de sorpresa visual, ecos y frecuencias graves podría haber favorecido estados de mayor excitación y, posteriormente, una experiencia más inmersiva.

Este es también uno de los aspectos más experimentales del estudio y debe leerse con prudencia. Los investigadores no aseguran que los etruscos conocieran la acústica en términos científicos ni que diseñaran conscientemente las cámaras para provocar estados cerebrales concretos. De hecho, reconocen que todavía no puede saberse si esos efectos fueron planificados o si surgieron como consecuencia de determinadas tradiciones arquitectónicas.

Hay, sin embargo, otro indicio intrigante. La Tomba dei Demoni Azzurri conserva evidencias de sacrificios animales realizados en momentos diferentes y algunas características arquitectónicas difíciles de explicar únicamente como parte de una sepultura convencional. Los autores plantean que pudo seguir utilizándose durante décadas para ceremonias funerarias o cultos vinculados a los antepasados. Es una posibilidad todavía abierta, pero ayudaría a explicar por qué aquel espacio poseía una configuración sensorial tan particular.

La consecuencia más interesante de la investigación va más allá de estas dos tumbas. Si futuras mediciones confirman patrones semejantes en otros enterramientos, las pinturas etruscas dejarían de entenderse únicamente como imágenes sobre la muerte. Las tumbas podrían haber sido auténticos escenarios rituales en los que arquitectura, oscuridad, sonido y movimiento convertían la separación entre vivos y muertos en una experiencia física.

Referencias

  • Thiry, Médard y Milnes, Anthony. 2024. “Reports Engineered ‘landmarks’ associated with Late Paleolithic engraved shelters”. Journal of Archaeological Science: Reports, 55: 1-25. DOI: 10.1016/j.jasrep.2024.104490
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