Di María, campeón con doblete y mucha polémica: "Es toda tuya, ladrón"
Fútbol, política, bochorno… Una combinación letal en Santiago del Estero que solo podía ser rescatado por una nueva gran historia de un fenómeno… Antes del partido observó en su teléfono celular aquel gol de tiro libre de Lionel Messi a Estados Unidos en la Copa América 2016. Esa imagen la recordó en el instante en que le tocó ejecutar la falta desde una posición idéntica. Trató de imitar al 10 genial y le salió tal cual. Lo hizo Ángel Di María en la final de la Supercopa Internacional. El mismo Fideo contó ese paso a paso un rato después de sellada la coronación: “No soy Leo pensé, pero por ahí sale…”.
Di María llevó de la mano a Central a la conquista de la Supercopa Internacional. Esa maravilla fue el empate. El segundo lo gritó con un penalti a pura clase. Todo en una final de sangre caliente y de un arbitraje bochornoso que no debe empañar el partido fabuloso de Fideo.

Estudiantes lo empezó a ganar rápido, con un gol de Alexis Castro en el minuto uno. Sin embargo, antes de los 20, el equipo platense sufrió las lesiones de Gabriel Neves y Jalil Elías. Y sintió el impacto. Después llegaron las fabulosas resoluciones de Di María. Y al final del partido, en tiempo añadido, el toque de zurda con tres dedos de Julián Fernández a portería vacía.
Si todo no se resumió al juego es porque hubo también un arbitraje de Darío Herrera que enloqueció a Estudiantes. Con sus fallos inclinó el encuentro a favor de Rosario Central. Y el VAR, a cargo de Jorge Baliño, actuó como cómplice.

Los rosarinos deberían haber jugado casi todo el segundo tiempo con un hombre menos porque Elias Verón merecía la doble amarilla y expulsión, pero esa situación no fue sancionada por el juez ni revisada por el VAR. Claro que el VAR sí había actuado para alertar por una infracción más que pequeña de Leandro González Pires a Enzo Copetti que derivó en el penalti del 2-1. Es el mismo VAR que en el final no llamó al árbitro para que analizara una mano de Ignacio Ovando que podría haber sido penalti para Estudiantes y gran ocasión para empatar.
La 'Brujita' Verón encabezó las protestas
El presidente de Estudiantes, Juan Sebastián Verón, encabezó las protestas con vehemencia y palabras durísimas. Ya en el entretiempo había posteado en sus redes sociales: “La impunidad que manejan para robarte es increíble. Innecesario. ¿Para esto nos traen hasta acá? Jajaja, una puesta en escena ridícula”. Apenas finalizado el partido, la Brujita se metió al campo de juego, buscó a Herrera y le gritó en la cara: “Es toda tuya, ladrón”.
Minutos más tarde, Verón trató de ser más analítico: “Es muy difícil jugar condicionado. Central es muy buen equipo, pero hubo algo más en el medio que llevó todo hasta acá”. Ahí ya bajó el tono con Herrera y apuntó a la ironía cuando le preguntaron qué le había dicho en campo: “Lo felicité. Le dije que dirigió muy bien”.
Ya había pasado también la entrega de medallas, con una curiosidad: el presidente de la AFA, Claudio Tapia, les colocó las medallas a los campeones de Central, pero no subió al escenario para hacer lo mismo con los subcampeones de Estudiantes.
No sorprende. Detrás de esta historia hay una profunda diferencia política entre Tapia y Verón, quien es el crítico más fuerte de los torneos organizados por la AFA y de sus formas. La Bruja, además, impulsa la llegada de capitales privados al fútbol argentino, algo que Tapia rechaza con fuerza total.
Una herida abierta desde finales de 2025
Tampoco sorprende que todo haya terminado en escándalo. Entre Central y Estudiantes quedó una profunda herida abierta cuando la AFA decretó a los rosarinos como campeones anuales a fines de 2025, todo a pesar de que no había sido reglamentado antes del inicio de la competición.
¡Aquella vez la AFA entregó la Copa en sus oficinas a Central liderado por Di María! Sonó como una caricia forzada y exagerada al extremo para Fideo. Además, impuso que el primer rival en el partido siguiente debía hacerle un pasillo de honor a Central. Y ese rival era justo Estudiantes… Los pincharratas, en modo de protesta, hicieron el pasillo con sus jugadores de espaldas, en una escena que quedó rotulada como “El espaldazo”.
Desde entonces se generó una profunda grieta entre Central y Estudiantes, que ahora derivó en otro escándalo. Fue un papelón. Sin embargo, por suerte estaba Di María para escribir una buena historia futbolera en medio de tanta locura que le permitió por fin ser campeón en en el campo con el club donde nació.
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