Casen: 40 años de cambios en la forma de medir la vivienda
La encuesta Casen se levantó por primera vez a fines de 1987, tras un piloto en 1985. Revisar esos casi 40 años de historia permite entender cómo ha evolucionado la forma de considerar y medir la vivienda en Chile.
En 1990, las preguntas se centraban en aspectos sanitarios: materiales de muros, piso y techo. Era una mirada razonable para un país que registraba 246.674 hogares en viviendas irrecuperables. Hacia 2024 esa cifra cayó a 14.769 (0,21% del total), el hacinamiento crítico bajó de 3,46% a 0,43% y la cobertura de agua potable rural pasó de 16% a 75%. Con la medición original de la encuesta, gran parte de la precariedad que motivó el módulo de vivienda está resuelta.
En 2000 y 2011 se incorporaron hipotecas, subsidios y allegamiento de núcleos familiares. En 2013 la encuesta dio un salto mayor, sumando la distancia a colegios, servicios de salud y áreas verdes; la aislación térmica; el gasto en electricidad, y la contaminación del entorno. La vivienda dejó de ser solo la construcción física y pasó a incluir el barrio, los costos asociados y las condiciones ambientales, dando origen al indicador oficial “Vivienda y Entorno”. Desde entonces la mirada es multidimensional: vivienda, entorno y costos de vida son parte explícita de la medición.
Aunque la materialidad y el saneamiento mejoraron, la Casen evidencia desde hace años otras carencias: arriendos caros, tenencia insegura y segregación urbana. En esa evolución, mientras mejoraba la calidad física de las viviendas, surgieron nuevos problemas. La proporción de hogares propietarios cayó de 68% (2006) a 56% (2024). El arriendo subió de 17% a 27%, alcanzando casi 1,9 millones de hogares. La ocupación irregular se duplicó, de 2,1% a 4,2%. La inasequibilidad también creció: los hogares que destinan más del 30% de sus ingresos a vivienda pasaron de 6,9% (2011) a 13,1% (2024).
Hoy cerca de 117 mil hogares hacinados viven en departamentos o piezas arrendadas, donde, a diferencia de las viviendas precarias de los años 90, no hay terreno disponible para ampliar. El déficit cualitativo alcanza 1,24 millones de viviendas, triplicando el cuantitativo. En síntesis, Chile pasó de enfrentar principalmente un problema de materiales a enfrentar uno de ingresos, contratos y localización.
La conclusión central es que la encuesta maduró antes que la política pública que debía orientar: mientras los subsidios sigan enfocados en “entregar una vivienda”, continuarán respondiendo a la pregunta de 1990 con herramientas de esa época. La vivienda ya no puede entenderse solo como ladrillos y metros cuadrados, sino como la relación entre las personas, el espacio que habitan y la ciudad a la que pueden acceder. El debate público necesita asumir que la cuestión habitacional hoy también es una cuestión de precio, contrato y lugar; el riesgo no está en la falta de información, sino en cómo se interpreta el problema.
Por Carlos Aguirre, académico de la Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño de la USS e investigador del Núcleo Milenio NUVIV.
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