Javi terminó viviendo en la calle con dos trabajos: "Una mujer me trajo unas lentejas y tenían matarratas"
Javier puso fin a su relación. Se separó de la madre de su hijo, como tantas otras parejas lo hacen al año en España; el año pasado el Instituto Nacional de Estadística registró 80.285 divorcios en nuestro país. Pero el caso de Javi es distinto, porque su separación fue el inicio del declive. “Tenía una hipoteca, una pensión que pagar y dos trabajos, pero no me daba. Cuando me vi sentado en un banco, sin tener a dónde ir, no me lo creía. Pensaba: ‘¿Cómo he acabado aquí?’", cuenta en el documental que el actor Richard Gere y su esposa han presentado junto a la entidad Hogar Sí, bajo el título: 'Lo que nadie quiere ver'.
"Era como un mal sueño. Luego pasa un día y otro y otro y te vas acostumbrando. En total, he estado cuatro años y pico así, con idas y venidas", señala. Durante esos años, Javi hizo lo posible por sobrevivir y conseguir dinero: "Trabajé de muchas cosas, incluso disfrazado: de Papá Noel, de perrito caliente, de vampiro, en un circo...”, relata en una conversación para 'El País'.

Aunque su mayor obsesión era la apariencia: “Mi obsesión”, recuerda, “era estar afeitado, limpio. Para mí era más importante el cómo te ven que comer, porque descubres que puedes estar una semana sin llevarte nada a la boca y que no te pase nada", sentencia.

En la calle pasó todo tipo de penurias, incluso trataron de envenenarlo: “Una señora mayor que vivía por el barrio me trajo un día unas lentejas. Al probarlas, me supieron raro y me dio miedo que la mujer se intoxicara. Lo comenté con otra chica que pasaba mucho por donde yo estaba y que trabajaba en un laboratorio, y se las llevó para analizarlas. Resultó que tenían matarratas. Me enteré porque cuando la señora volvió, se acercó la policía, a la que había avisado la chica del laboratorio, y cuando le empezaron a preguntar, la mujer mayor dijo: ‘Hay que terminar con esta lacra’. Creo que no estaba muy bien de la cabeza porque no entiendo que quieras hacerle daño a alguien a quien ni siquiera conoces”, comenta sorprendido en una charla para 'El País'.
Dentro de esos años, viendo lo peor de la humanidad, por suerte, también hubo gente que le hizo "volver a sentirse persona". Javi conoció a una familia, a la que ayudó a bajar un mueble; después de ese momento, siempre se paraban a charlar con él.
Gracias a la ayuda de la fundación Hogar Sí, ahora, Javi trabaja de repartidor y paseando perros. “Para mí significa todo porque cuando me ayudó la gente de Hogar sí yo ya me estaba rindiendo. Una de las cosas que más disfruto ahora es cocinar”, cuenta dejando atrás aquellos dolorosos años.
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