Un estudio descubre el secreto que escondía una obra de Shakespeare publicada de forma anónima en 1596
Un análisis lingüístico revela que Shakespeare y Christopher Marlowe escribieron juntos Eduardo III, una obra publicada anónimamente en 1596 cuya autoría llevaba siglos siendo discutida.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Durante siglos, William Shakespeare y Christopher Marlowe han sido considerados dos de los grandes rivales de la literatura inglesa. Ambos nacieron en 1564, desarrollaron sus carreras en el mismo ambiente teatral londinense y revolucionaron la dramaturgia de su época. Sin embargo, una nueva investigación acaba de descubrir que su relación fue bastante más estrecha de lo que se pensaba. Lejos de limitarse a competir por el reconocimiento del público, los dos dramaturgos habrían trabajado juntos en una obra cuya verdadera autoría llevaba más de cuatro siglos siendo un misterio.
Se trata de Eduardo III (Edward III), un drama histórico publicado de forma anónima en 1596 que relata algunos episodios del reinado del monarca inglés del siglo XIV. Aunque los especialistas sospechaban desde hacía décadas que Shakespeare había participado en su composición, nunca se había logrado establecer con suficiente seguridad quién escribió la mayor parte de sus escenas.
Ahora, un equipo formado por Rory Loughnane, investigador de la Universidad de Kent, y Brett Greatley-Hirsch, profesor de la Universidad de Leeds, ha encontrado nuevas pruebas que permiten atribuir la mayor parte de la obra a Shakespeare y una proporción considerable a Marlowe. Los resultados, que se publicarán en la revista académica Shakespeare Quarterly, podrían modificar nuestra comprensión de los primeros años de ambos escritores.
"Esto cambia tanto el canon de Shakespeare como el de Marlowe y despertará un considerable interés internacional", explicó Loughnane a The Guardian. El investigador asegura que las evidencias permiten confirmar la participación de Shakespeare "más allá de cualquier duda razonable".
Un misterio literario que comenzó en 1596
La incógnita sobre la autoría de Eduardo III tiene su origen en la propia publicación de la obra. Cuando apareció impresa en Londres, en 1596, la portada no identificaba a ningún dramaturgo. Esta circunstancia, relativamente habitual en el teatro isabelino, complicó considerablemente las investigaciones posteriores.
La pieza tampoco fue incluida en el llamado First Folio de 1623, la célebre recopilación de obras de Shakespeare publicada siete años después de su muerte. Su ausencia contribuyó a mantenerla durante siglos en una posición incierta dentro de la historia literaria inglesa.
En 2016, Loughnane ya había participado en la edición de Eduardo III para el New Oxford Shakespeare. Aquella investigación reconocía que algunas escenas probablemente habían sido escritas por el dramaturgo de Stratford-upon-Avon, especialmente las relacionadas con la condesa de Salisbury. Sin embargo, seguían existiendo dudas sobre la identidad de quienes habían compuesto el resto de la obra.
La nueva investigación ha dado un paso más gracias al análisis informático del lenguaje. Los especialistas compararon el texto con obras de autoría bien establecida pertenecientes a diez dramaturgos activos entre finales de la década de 1580 y mediados de la de 1590. El objetivo era identificar patrones lingüísticos capaces de revelar la intervención de diferentes escritores.

Las palabras que han permitido identificar a Shakespeare y Marlowe
El procedimiento utilizado pertenece al campo de la estilometría, una disciplina que estudia las características del lenguaje para identificar patrones de escritura. En lugar de buscar únicamente frases semejantes, los investigadores examinaron diversos rasgos lingüísticos y su distribución a lo largo del texto.
Uno de los ejemplos más interesantes es la palabra inglesa martial, relacionada con la guerra y las actividades militares. Su presencia resulta característica de las obras de Marlowe, mientras que aparece con menor frecuencia en los textos de otros dramaturgos contemporáneos. Combinada con otros indicadores, esta clase de información permite establecer posibles atribuciones.
Los resultados fueron reveladores. En una de las pruebas, 23 segmentos de Eduardo III fueron atribuidos a Shakespeare y otros nueve a Marlowe. Esto convierte al primero en el principal responsable de la composición, aunque los investigadores advierten que las divisiones analizadas pueden contener fragmentos donde se superponen intervenciones de ambos autores.
El estudio también ha permitido localizar sus posibles aportaciones en diferentes momentos de la historia. Shakespeare habría escrito, entre otros pasajes, un discurso de la escena 13 en el que un repentino oscurecimiento del cielo provoca temor entre los franceses. La intervención de Marlowe, por su parte, se aprecia en las escenas finales relacionadas con la derrota francesa, la captura del rey Juan II y la rendición de sus tropas.
"Lo que hace que las pruebas sean especialmente convincentes es que no dependemos de un único paralelismo verbal ni de una sola prueba estadística", señaló Greatley-Hirsch. Según el investigador, diferentes métodos de análisis coinciden en distinguir las características lingüísticas de ambos escritores dentro de la misma obra.

Dos rivales que pudieron ser compañeros de escritura
El descubrimiento adquiere especial relevancia al situarlo en el contexto del teatro inglés de finales del siglo XVI. Por entonces, Shakespeare todavía no era el autor consagrado que conocemos actualmente. Era un joven dramaturgo que intentaba abrirse camino en una industria teatral competitiva, donde escribir conjuntamente con otros autores era una práctica frecuente.
Marlowe, nacido apenas unas semanas antes que Shakespeare, ya había alcanzado notoriedad gracias a obras como Doctor Faustus. Su carrera, sin embargo, terminó bruscamente en 1593, cuando murió a los 29 años tras una pelea en una casa de Deptford, cerca de Londres.
La colaboración en Eduardo III, cuya composición se sitúa hacia 1592, no sería un episodio aislado. En 2016, otra investigación ya había reconocido la participación de Marlowe en las tres obras de Shakespeare dedicadas a Enrique VI. Estas atribuciones apuntan a una relación profesional más prolongada de lo que tradicionalmente se había supuesto.
"Nos hemos acostumbrado a pensar en Marlowe y Shakespeare como rivales", explicó Loughnane. Sin embargo, según el especialista, ambos mantuvieron una relación mucho más compleja: no fueron simplemente competidores ni escritores que se influyeron mutuamente.
La investigación también cuestiona la imagen de Shakespeare como un genio que desarrolló toda su producción de manera independiente. Sus primeros pasos estuvieron ligados a un ambiente de intercambio creativo en el que los dramaturgos compartían proyectos, aprendían unos de otros y competían por conquistar los escenarios londinenses.
Más de 400 años después, Eduardo III vuelve así al centro del debate sobre la literatura isabelina. Sus versos, publicados originalmente sin nombre de autor, ofrecen nuevas pistas sobre una colaboración que permaneció oculta durante siglos y sobre los años en los que dos de los escritores más importantes del teatro inglés todavía estaban construyendo sus carreras.
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