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Monday, November 2, 2026

Un estudio de 937 crónicas revela lo que ocurrió en Transilvania hace 400 años: inviernos devastadores y ríos congelados

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Un estudio de 937 testimonios históricos revela cómo los inviernos extremos del siglo XVII alteraron campañas militares, arruinaron cosechas y agravaron las crisis sociales en Transilvania.

Las antiguas crónicas revelan cómo los inviernos extremos y las devastadoras inundaciones agravaron las hambrunas y las epidemias en la Transilvania del siglo XVII
Las antiguas crónicas revelan cómo los inviernos extremos y las devastadoras inundaciones agravaron las hambrunas y las epidemias en la Transilvania del siglo XVII. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: Actualizado:

En 1659, las tropas del Imperio otomano se dirigían hacia Transilvania para intervenir en una campaña militar. Sin embargo, un enemigo inesperado terminó complicando sus planes. No fue otro ejército, ni una fortaleza inexpugnable, sino el invierno. Las temperaturas extremas y las intensas nevadas obligaron a las tropas a detenerse en Timișoara. Aquel mismo año, el ejército otomano también tuvo que abandonar el asedio de la fortaleza de Oradea debido a las condiciones meteorológicas.

Este episodio, que podría parecer una anécdota militar, formó parte de una crisis climática mucho más extensa. Durante el siglo XVII, buena parte de Europa experimentó inviernos excepcionalmente fríos, lluvias persistentes y fenómenos meteorológicos que afectaron a la agricultura, el comercio e incluso las decisiones de los gobernantes.

Ahora, una investigación publicada en la revista científica PLOS Climate ha permitido reconstruir aquel periodo a partir de testimonios escritos hace cuatro siglos. Los investigadores de la Universidad de Oradea, en Rumanía, examinaron 937 referencias históricas procedentes de 68 localidades de Transilvania, una región que entonces constituía un principado sometido a la influencia otomana.

El resultado ofrece una perspectiva de la llamada Pequeña Edad de Hielo, un prolongado periodo de enfriamiento que afectó a distintas regiones del hemisferio norte. Los documentos revelan que, a lo largo de aquella centuria, se registraron nada menos que 55 inviernos especialmente rigurosos, aunque el frío no fue el único fenómeno que alteró la vida de sus habitantes.

Cuando los ríos se convirtieron en caminos de hielo

Uno de los testimonios más llamativos corresponde al invierno de 1645. Según las crónicas recuperadas por los investigadores, las temperaturas descendieron hasta extremos que sorprendieron a sus contemporáneos.

Un documento de la época, reproducido en el estudio de PLOS Climate, describe que los ríos Olt y Mureș llegaron a presentar una capa de hielo de ocho palmos de espesor. En algunos lugares, las aguas se congelaron hasta el fondo, al igual que varios lagos próximos a Sibiu.

Las consecuencias militares de aquellos inviernos fueron especialmente sorprendentes. En 1691, la congelación del río Criș permitió a las tropas de los Habsburgo utilizar el hielo durante el asedio de la fortaleza de Gyula. El mismo fenómeno que podía detener un ejército también podía facilitar las operaciones de otro.

Pero el frío extremo no fue constante. Los investigadores identificaron doce inviernos inusualmente cálidos y catorce veranos con temperaturas elevadas. Esta alternancia demuestra que la Pequeña Edad de Hielo no consistió en una sucesión ininterrumpida de años gélidos.

La diferencia más evidente apareció a partir de 1645. Entre ese año y 1700, los testimonios registraron 36 inviernos especialmente fríos, una concentración que coincide con el comienzo del denominado mínimo de Maunder, caracterizado por una actividad solar extraordinariamente reducida.

Paisaje invernal con patinadores (hacia 1608), obra de Hendrick Avercamp
Paisaje invernal con patinadores (hacia 1608), obra de Hendrick Avercamp. Fuente: Hendrick Avercamp / Rijksmuseum, Ámsterdam

Una sociedad que dependía de cada cosecha

Las consecuencias de aquellas anomalías meteorológicas iban mucho más allá de las campañas militares. En una sociedad predominantemente agrícola, una primavera demasiado fría o un verano excesivamente lluvioso podían comprometer la alimentación de comunidades enteras.

Los documentos analizados identifican veinte años con malas cosechas y otros 26 marcados por el encarecimiento de los alimentos y episodios de hambre. A ello se sumaron invasiones de langostas y ratones que dañaron los cultivos en distintos momentos del siglo.

Algunas noticias permiten comprender hasta qué punto se había alterado el calendario agrícola. En 1651, los habitantes de Sighișoara observaron que las cerezas y las fresas no maduraron hasta agosto, mientras que las rosas florecieron en septiembre.

Tampoco faltaron fenómenos destructivos fuera del invierno. El 1 de mayo de 1665, una intensa nevada provocó importantes pérdidas agrícolas en la región de Țara Bârsei. Las precipitaciones abundantes, las inundaciones y las tormentas de granizo añadieron nuevas dificultades a una economía que apenas disponía de recursos para afrontar varios años consecutivos de escasez.

El deterioro de las condiciones de vida coincidió, además, con numerosas epidemias. Los investigadores encontraron referencias a 31 años afectados por brotes epidémicos, principalmente de peste. No obstante, advierten que el clima no causaba directamente la enfermedad, provocada por la bacteria Yersinia pestis, aunque las crisis alimentarias y las alteraciones sociales pudieron favorecer su propagación.

Ilustración de Historia della Transilvania, obra de Ciro Spontoni publicada en Venecia en 1638. Esta representación constituye un testimonio del contexto histórico y político de Transilvania durante el siglo XVII
Ilustración de Historia della Transilvania, obra de Ciro Spontoni publicada en Venecia en 1638. Esta representación constituye un testimonio del contexto histórico y político de Transilvania durante el siglo XVII. Fuente: Caciora Tudor

Para comprobar la fiabilidad de los testimonios, los científicos compararon las crónicas con registros naturales, entre ellos el hielo conservado en cuevas de los montes Apuseni y reconstrucciones de sequías obtenidas mediante el estudio de los anillos de crecimiento de los árboles.

Los resultados muestran coincidencias importantes entre las fuentes escritas y las reconstrucciones climáticas. Una posible explicación del enfriamiento es la disminución de la actividad solar durante el mínimo de Maunder, aunque los investigadores también consideran la influencia de las erupciones volcánicas y los cambios en la circulación atmosférica.

Conviene recordar que las guerras, las desigualdades sociales y la inestabilidad política agravaron muchas de aquellas desgracias. Tampoco todos los años estuvieron igualmente documentados: los cronistas tendían a registrar acontecimientos extraordinarios, mientras que las temporadas normales apenas merecían atención.

Precisamente ahí reside uno de los principales valores de la investigación. Los testimonios permiten conocer cómo experimentaron las comunidades del pasado unos fenómenos meteorológicos que, siglos después, continúan siendo objeto de estudio. En ocasiones, unas pocas líneas escritas por un sacerdote, un viajero o un funcionario bastan para recuperar una parte de la historia que los grandes relatos políticos habían dejado en segundo plano.

Referencias

  • Gaceu, O. R., Caciora, T., Dudaș, M., Baias, Ștefan, Stupariu, M., Maxim, M., & Mărculeț, C. (2026). Climatic extremes and their social implications in 17th century Transylvania: An historical climate reconstruction. PLOS Climate, 5(10), e0000961. doi:10.1371/journal.pclm.0000961
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