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Wednesday, September 16, 2026

Descifran una fotografía de 80 años y hallan una pista que puede reescribir la historia de Merytneit, la enigmática gobernante de Egipto

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Una nueva técnica digital aplicada a una fotografía de los años cuarenta refuerza la posibilidad de que Merytneit ejerciera el poder real en Egipto hace unos 5.000 años.

Hallan en una vieja fotografía la pista que puede reescribir la historia de Merytneit
Hallan en una vieja fotografía la pista que puede reescribir la historia de Merytneit. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: Actualizado:

La historia de Merytneit tiene un problema poco habitual: una de las pruebas que podrían aclarar quién fue realmente desapareció hace décadas. No se conserva la pieza arqueológica y tampoco se conoce el paradero del negativo original. Queda una fotografía en blanco y negro tomada durante unas excavaciones realizadas en Saqqara en los años cuarenta. Ahora, esa vieja imagen ha sido sometida a un nuevo análisis digital y el resultado refuerza una posibilidad extraordinaria: hace unos 5.000 años, una mujer pudo ostentar uno de los principales símbolos reservados a los gobernantes del Egipto de la Primera Dinastía.

Merytneit no era precisamente una desconocida. Su nombre aparece en diferentes objetos y documentos de los comienzos del Estado egipcio, y su enterramiento en Abidos presenta características propias de la realeza. El gran interrogante ha sido siempre otro: ¿qué posición ocupó exactamente? ¿Fue únicamente la madre de un rey y regente durante su minoría de edad, compartió el poder con otro monarca o llegó a ejercer una autoridad equivalente a la de los soberanos masculinos?

Un estudio publicado por Sue Kelly y Crystal Miller en Prague Egyptological Studies vuelve sobre esa discusión a partir de una pieza aparentemente poco espectacular: un tapón de barro con impresiones de sellos. Su importancia reside en los serej (o serekhs) estampados sobre él. En los primeros tiempos de Egipto, el serekh constituía uno de los principales recursos empleados para representar por escrito la identidad del gobernante. Por eso, determinar qué nombre aparece dentro de aquellos signos es mucho más que resolver una duda epigráfica.

Y ahí comienza una historia que lleva ocho décadas abierta.

El objeto desapareció, pero sobrevivió una fotografía

En 1946, el arqueólogo Walter B. Emery encontró trece tapones de barro con impresiones en la tumba S3503 de Saqqara. Los sellos mostraban una sucesión de cuatro serekhs. Emery identificó el primero y el cuarto con el rey Dyer, mientras que los dos situados en medio presentaban diferencias importantes. Años después propuso que aquellos signos correspondían a Merytneit.

No todos quedaron convencidos. La calidad de las reproducciones disponibles dificultaba comprobar los detalles y algunos egiptólogos cuestionaron la identificación. Había, además, otro inconveniente enorme para cualquier investigador que quisiera revisar el asunto: tanto la impresión original como la placa fotográfica de Emery se encuentran actualmente en paradero desconocido.

Las investigadoras tuvieron que trabajar, por tanto, con el último testigo disponible: la fotografía conservada en los archivos de la Egypt Exploration Society. En septiembre de 2022 se obtuvieron escaneos de alta resolución de esa imagen y comenzó un proceso de reconstrucción digital destinado a hacer visibles detalles que las publicaciones antiguas no permitían estudiar correctamente.

El procedimiento permitió generar una ilustración técnica digital mucho más precisa de las impresiones. Y uno de los detalles que emergió con especial interés estaba dentro de los dos serekhs discutidos: aparece dos veces el signo de la azada, precisamente el elemento que se mantiene de forma consistente en las distintas maneras conocidas de escribir el nombre de Meretneith.

Detalle ampliado de los jeroglíficos conservados en el tapón de barro
Detalle ampliado de los jeroglíficos conservados en el tapón de barro. Foto: The Egypt Exploration Society

La pieza arqueológica original y la placa fotográfica utilizada durante las excavaciones se encuentran en paradero desconocido: una fotografía de archivo es la principal evidencia que permite volver a estudiar la inscripción.

Una mujer dentro de un símbolo de poder

El descubrimiento resulta especialmente relevante porque la escritura egipcia de esta época estaba lejos de encontrarse completamente estandarizada. El nombre de Merytneit aparece representado de diferentes maneras en las fuentes arqueológicas. El símbolo relacionado con la diosa Neith puede variar y también cambia la construcción gráfica del resto del nombre.

Esa variabilidad había servido precisamente para poner en duda la identificación realizada por Emery. El nuevo estudio compara las diferentes inscripciones conocidas y sostiene que esas diferencias deben entenderse dentro de un sistema de escritura todavía en formación. Para Kelly y Miller, el análisis deja pocas razones para atribuir aquellos serekhs a otra persona.

Pero reconocer el nombre solo resuelve una parte del misterio. Lo realmente llamativo es dónde aparece.

Los serej de Merytneit se encuentran junto a los de Dyer. Las autoras consideran que esa asociación podría indicar una corregencia y proponen que Meretneith inició su trayectoria política compartiendo el poder con este soberano. No sería, por tanto, una mujer que apareció repentinamente en el gobierno únicamente porque un niño necesitaba una regente, sino alguien que ya habría participado anteriormente en la cúspide política egipcia.

Merytneit pudo desempeñar distintos papeles durante décadas

La documentación posterior complica todavía más su biografía. Una impresión procedente de la tumba de Den presenta a Merytneit con el título de “madre del rey”. Esto apuntaría a una nueva etapa de su vida política, posiblemente ejerciendo como regente. Su nombre vuelve a aparecer además en un sello de la necrópolis relacionado con Semerkhet, dos reinados después de Den, una persistencia documental que muestra la excepcional duración de su relevancia.

Cuatro versiones del mismo sello de arcilla tratadas con diferentes tonalidades para resaltar los símbolos grabados sobre su superficie
Cuatro versiones del mismo sello de arcilla tratadas con diferentes tonalidades para resaltar los símbolos grabados sobre su superficie. Foto: The Egypt Exploration Society

Las evidencias apuntan a una trayectoria política excepcional: Merytneit pudo desempeñar diferentes funciones de poder en distintas etapas de su vida, desde una posible corregencia hasta la regencia durante el reinado de Den.

Otros testimonios la relacionan directamente con el tesoro, departamentos administrativos y funcionarios. Es decir, no estamos únicamente ante una figura prestigiosa de la familia real. Las inscripciones examinadas reflejan su vinculación con estructuras desde las que se administraban recursos y personas.

La arqueología funeraria añade otra pieza. Su tumba Y de Abidos medía aproximadamente 16,5 por 14 metros y estaba rodeada por ocho cámaras estrechas. El complejo incluía 49 tumbas y cámaras subsidiarias. Aunque sus dimensiones eran menores que las de algunos soberanos contemporáneos, recibió un tratamiento funerario comparable al de los gobernantes masculinos de la Primera Dinastía.

La propuesta del estudio es, precisamente, abandonar la búsqueda de una única etiqueta para toda su vida. Las evidencias podrían corresponder a momentos políticos diferentes: corregente junto a Dyer, posteriormente madre del rey y regente de Den, además de una figura con autoridad administrativa propia. Los investigadores calculan, a partir de estudios previos citados en el trabajo, que su actividad pudo prolongarse durante al menos 30 años.

No todos los interrogantes están cerrados. Las propias autoras mantienen cautela ante algunos detalles de los serekhs y reconocen que no es posible reconstruir por completo la carrera de Merytneit. Pero una fotografía conservada durante décadas ha permitido volver a mirar una evidencia de hace cinco milenios con herramientas que Emery nunca pudo imaginar. Y quizá ahí residía una parte de la respuesta: en unas marcas de barro desaparecidas que, paradójicamente, han sobrevivido gracias a una vieja imagen en blanco y negro.

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