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Saturday, October 31, 2026

Locos por la astronomía: después de la jubilación, un universo entero por descubrir

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“El universo tiene pinceladas, gestos. Tenés que saber encontrarlos”, dice Cristian Willemöes, por teléfono, desde La Plata. La metáfora que usa para describir cómo es ser un aficionado a la astronomía tiene reminiscencias de su antigua profesión, la arquitectura, de la que se jubiló hace apenas un mes. Tiene 67 años y trabajaba en el área de Arquitectura del CONICET, donde se dedicaba a la construcción de institutos de ciencia. Ahora, desde el retiro, pergeñó un plan para darle una nueva vida a los diez telescopios y setenta binoculares que tiene en su casa: “Me compré un cielo en Sierra de la Ventana”, dice. “Un terreno que todavía tiene un cielo bastante bueno. Construí unas cabañas turísticas y voy a montar un telescopio remoto para descubrir nuevos cometas”.

Willemöes es un ejemplo de los aficionados que, una vez retirados, se embarcan de lleno a su pasión: mirar el cielo. Según el tesorero de la Asociación Amigos de la Astronomía, Ignacio Llaver, "como en cualquier actividad tener más tiempo libre es muy útil. En el caso de la astronomía por ser una actividad principalmente nocturna, no es un determinante, pero es cierto que cuando hay alguna observación o toma de fotos que se extiende hasta largo en la madrugada, los jubilados tienen más libertad si al otro día pueden dormir hasta tarde". Llaver indica que entre los más de trescientos socios que tienen, hay una base muy heterogénea, con gente que va desde los 10 años a los 86 años, y con un promedio de edad tanto histórico de alrededor de 45 años. "Nuestra sede social abre de lunes a sábados de 19 a 23 y los socios vamos después de nuestros trabajos. Así que ser jubilado en esta tarea es una ventaja. Yo mismo no podría desarrollar la tesorería y todos los proyectos que tenemos si coincidieran con mi horario laboral", admite.

Cristian Willemöes con sus binoculares.

En el caso de Raúl Melia, que vive en Carlos Paz, es analista de sistemas y tiene 64 años, la fascinación por la astronomía, que llega hasta hoy, se le despertó en 1969, con el aterrizaje a la Luna. “Tenía siete años y me marcó la vida”. Cuando tenía doce fabricó, junto a su padre, un telescopio casero de dos metros. Su abuelo, que era fotógrafo, lo ayudó a armar un laboratorio fotográfico para imprimir las fotos que sacara del cielo. A través de los años, sus observaciones figuran en más de cien papers de científicos argentinos y otros de París, Tenerife y la NASA. Y ahora, que está jubilado, su camino como aficionado sigue.

“Yo descubrí la astronomía por mis padres”, apunta por su parte Victor Buso, un cerrajero de Rosario, de 66 años. Su madre solía mostrarle la Luna y su padre, despertarlo por las mañanas para ver fenómenos extraños, como cometas. “Me acuerdo que durante la llegada del hombre a la Luna, yo jugaba con los soldaditos en la cocina mientras mi mamá lo miraba en la televisión en blanco y negro y lagrimeaba”. Su madre era cosmetóloga y tenía muchas lupas. Combinando varias de esas lupas fabricó su primer telescopio. Después, en los tiempos libres, comenzó a visitar el departamento de óptica de una universidad y logró mejorarlo. Un día apuntó al cielo y vio con una claridad inusitada Las Tres Marías. “Fue tremendo, estaba viendo estrellas que la mayoría de la gente no veía. Ahí comenzó mi carrera de fabricar telescopios”. Siguió observando cometas, planetas, cúmulos, galaxias, “fue impresionante, de ahí en más me dediqué a esto toda la vida”.

Los tres aficionados comenzaron el camino de la astronomía cuando internet todavía no existía. Se informaban a través de libros, sacaban fotos e iban a congresos para conocer a otros amigos aficionados con los cuales intercambiar información. De hecho, fue en un congreso de aficionados donde Willemöes y Melia se conocieron y encararon un trabajo en conjunto: el rescate de una colección de más de cien fotos del cielo. Estaban impresas en placas lumieres y arrumbadas en un observatorio en Córdoba. Formaban parte de un proyecto en el que había participado Argentina, en el que doce países fotografiaban una franja del cielo. “La Argentina había completado ese trabajo y nunca se había publicado. Esas placas habían quedado guardadas. Nosotros las clasificamos, las limpiamos y las escaneamos con un escáner grande -explica Willemöes-. Después de eso salieron muchas publicaciones científicas para determinar las posiciones de estrellas, porque el cielo hace cien años no es igual que el cielo de hoy. La posición de las estrellas va cambiando, y es muy útil tener fotos del cielo de periodos largos de tiempo para darte cuenta”.

Nace una estrella

Argentina es uno de los países con más aficionados a la Astronomía del mundo. Según el libro Orígenes de la Astronomía Amateur en Argentina, los primeros aficionados surgieron durante la Independencia de 1810. Figuras como Vicente López y Planes o Manuel Moreno -hermano de Mariano Moreno- fueron algunos de los que reportaron, en esa época, observaciones lunares y de eclipses. Más de doscientos años después, el 20 de septiembre de 2016, Victor Buso vio una imagen extraña a través de su telescopio. Era el inicio de una supernova: un evento astronómico jamás visto. Lo reportó a la Unión Astronómica Internacional. A partir de ese momento se volvió, él mismo, una estrella.

Raúl Melia con un telescopio que usó para sus avistajes.

“La suerte de un argentino que fotografió el nacimiento de una supernova”, publicó al día siguiente el New York Times. Su nombre apareció en todos los medios nacionales e internacionales. El descubrimiento que logró desde el techo de su casa fue tapa de Nature, la revista científica más prestigiosa del mundo. “No fue solamente descubrir una supernova sino ver el momento justo donde la estrella explota y se convierta en supernova. Eso no lo no lo había visto ningún astrónomo en el mundo”, recuerda Buso una década después del descubrimiento. “Creo que en parte lo logré por una ventaja que tenemos los aficionados por sobre los astrónomos profesionales. El astrónomo profesional no toma el telescopio como lo hacemos los aficionados y tenemos la libertad de apuntar acá para allá o no apuntar si no tenemos ganas. El astrónomo muchas veces ni siquiera toca el instrumento, sino que le pide a un grupo de técnicos que lo hagan. A mí después de descubrir la supenova me ofrecieron hacerlo de manera profesional, pero yo prefiero seguir así como lo hago desde siempre”.

Willemöes, a lo largo de su vida como aficionado, también logró un hito: “Descubrí 26 asteroides nuevos en estos seis últimos años”, dice con orgullo. Lo hizo en el marco de un proyecto internacional de ciencia ciudadana de búsqueda de asteroides patrocinado por la NASA. “Ellos te mandan fotografías tomadas por unos telescopios que están instalados en Hawai y fotografían el cielo todas las noches. Te mandan las fotos y vos con un programa especial las estudiás. Si encontrás algo, las reportás y se publica en un organismo en Harvard, para que otros observadores lo vuelvan a ver y se vaya ajustando la órbita del asteroide. Si en cinco años lo que vos visualizaste sigue ahí, te llaman y te dicen que lo bautices con un nombre. Yo estoy a punto de llegar a esa instancia. Si lo logro, al primero le voy a poner el nombre de mi vieja, Dorita”.

El mayor aporte de Melia hacia la ciencia fueron las “ocultaciones”. “Una ocultación es cuando un asteroide pasa delante de una estrella y la tapa. Se hace con una predicción, a través de cálculos y se determina el asteroide va a pasar delante de la estrella y la va a tapar. Con una ocultación en el año 2013 participé del descubrimiento del primer anillo de un asteroide que se llama Cariclo”, explica. Cariclo, hoy, es el asteroide más grande conocido del Sistema Solar, que tiene un sistema de dos anillos planetarios. Para 2017, Melia además observó el choque de estrellas de neutrones que produjo una onda gravitacional que dio pie a uno de los acontecimientos más importantes que hubo en la astronomía en este siglo. En 2023, participó de las observaciones de un asteroide llamado Chirón, “Ese último asteroide con anillo lo observé desde mi casa”, recuerda.

¿Por qué estos tres aficionados aman mirar al cielo? “A mí creo que me viene de la arquitectura. La arquitectura tiene mucho de noche, de estudiar, de hacer planos. Me acuerdo la primera noche que vi Saturno, con los anillos, no lo podía creer. Lo vi desde la puerta de mi casa -dice Willemöes-. Es como ver una figurita de la escuela. Los planetas se ven perfectamente en la ciudad porque son muy luminosos. Júpiter, la Luna con sus cráteres, Marte, Venus. Después para ver el resto de las cosas no se puede desde la ciudad, porque el cielo está muy contaminado por las luces. Por eso está bueno tener tiempo, al retirarse, para irse al campo a observar durante toda la noche”.

Rosario Víctor Buso, el aficionado rosarino que descubrió una supernova. Foto: Sebastián Granata

Buso, por su parte, que después de descubrir la supernova fue protagonista de una novela, un documental, participó de la organización de una serie de eventos de aficionados y expertos en astronomía llamados Star Party y dio una charla TEDx que se llama El cerrajero que tiene la llave del cielo. “Mi observación por el cielo no pasa por el dinero -dice-. Me tocó ver un gran acontecimiento. Algunos me dijeron que lo que descubrí fue como ganar tres loterías, por las pocas probabilidades que hay de ver algo así, pero a mí eso no me cambió. Yo quiero seguir siendo amateur, que es una hermosa palabra porque significa ´que ama la tarea´. Yo amo esto como otro cuando tiene libre se va a pescar o juega al fútbol los fines de semana. No me gustaría hacer esto durante ocho horas todos los días. Yo lo que quiero es arrancarle al cielo sus secretos”.

Un cometa visto con el telescopio de Cristian Willemöes.

RECUADRO

Consejos para principiantes

Para quien quiera comenzar en el camino de la Astronomía, Willemöes recomienda comenzar comprándose unos binoculares de 10x50. “Con un binocular empezás a ver un montón de cosas. Las lunas de Júpiter, nebulosas, por ejemplo. Las Tres Marías es la nebulosa más grande del cielo. Y después de un binocular quedás tan entusiasmado que te compras un telescopio”, asegura.

El paso siguiente, dice, es entrenar la visión. “El ojo en el centro no tiene la mejor potencia. Para ver cosas muy débiles tenés que usar la visión lateral. Cuando aprendés a ver con la visión lateral, ves más cosas. Hay gente a la que no le gusta, que no tiene paciencia para estar esperando. Para mí, pasar una noche al lado del telescopio hasta que amanece al día siguiente sacando fotos y ver cosas es fantástico”.

Buso, por su parte, señala que la Astronomía es un universo amplio, con distintos tipos de aficionados, y hay que ver qué le interesa más a uno para explorar. “Así como hay gente que le gusta la lectura, que compra libros y lee las últimas teorías y las últimas investigaciones que hay en astronomía, también podés hacerlo sin telescopio. Los grandes observatorios están juntando un montón de datos que y tienen gente para analizar, así que vos podés ser un aficionado que los analice desde la computadora de tu casa. Después está el que copia a los profesionales y hace observaciones con su telescopio, el que le gusta divulgar y enseñar astronomía en escuelas, hay gente a la que le gusta más construir telescopios que mirar, que saben de mecánica y óptica, gente que hace astroturismo, que trata de sacar una renta de la difusión de la astronomía y que tratan de vivir de eso, y bueno. Está desde el bohemio hasta el que es ya más comerciante con la astronomía”.

Buso incluso recomienda usar la astronomía como una práctica casi filosófica o espiritual. “La astronomía te hace respetar la vida, la naturaleza, admirar las cosas, las cosas del mundo, del cielo, del mar, a tu prójimo también, la importancia de la vida, del ser humano, de todos los animales, de las plantas, o sea, reconocer toda la armonía que te rodea alrededor tuyo, así que es hermoso, te enriquece espiritualmente. Mucha gente por ahí no encuentra sentido a la vida puede encontrarla en la astronomía. Esta actividad te permite reconocer que las cosas llevan millones de años, el tamaño y dimensión de las cosas, la inmensidad y pensar en el futuro”.

RECUADRO

¿Qué mirar?

En las próximas semanas, el cielo puede dar buenas noticias: el 13 y 14 de diciembre, el "Pico de las Gemínidas", lo que significa que habrá una lluvia de meteoritos muy atractiva para ver tanto con binoculares como con telescopio.

Además, los aficionados a la Astronomía están esperando el eclipse anular de Sol que se va a dar en febrero de 2027. "Se va a ver desde varios puntos del país", adelanta el tesorero de la Asociación Amigos de la Astronomía, Ignacio Llaver.

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