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Wednesday, October 21, 2026

Renault recupera el espíritu del Espace de 1984 con un prototipo eléctrico de 6 plazas

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Seis asientos individuales, una pantalla de 1,13 metros y un interior que cambia de configuración: así es el Renault E-Space Concept, la visión eléctrica de la marca para los viajes del futuro.

Renault E-Space Concept: 6 asientos giratorios y diseño eléctrico
Renault E-Space Concept: 6 asientos giratorios y diseño eléctrico

María García Cirac

Creado: Actualizado:

¿Te imaginas que, durante un viaje, los pasajeros pudieran girar sus asientos y sentarse frente a frente, como en un salón? Esa es una de las ideas que propone el Renault E-Space Concept, un prototipo eléctrico presentado en el Salón del Automóvil de París de 2026. Tiene seis asientos individuales, una pantalla que recorre el salpicadero y un interior tan luminoso que casi parece una habitación acristalada sobre ruedas.

La propuesta llama la atención también por su forma. Mientras los SUV dominan las calles y las novedades del motor, Renault recupera el espíritu del monovolumen: un coche en el que el espacio interior tiene tanto peso como el diseño exterior. El nombre no es casual. El E-Space mira al Renault Espace de 1984, un modelo que ayudó a popularizar una manera distinta de viajar: con más amplitud, asientos pensados para varias personas y un interior adaptable. Cuarenta y dos años después, aquel planteamiento reaparece con una silueta futurista y propulsión eléctrica.

Conviene poner una idea en contexto antes de entrar en el habitáculo: el E-Space es un concept car, un prototipo que permite explorar ideas de diseño y tecnología. Renault no ha anunciado para él una fecha de producción ni ha detallado cifras de autonomía, batería o potencia. Lo interesante, por ahora, es observar qué preguntas plantea: ¿podría el coche dejar de ser solo un lugar donde sentarse mirando hacia delante? ¿Y qué ganamos cuando se diseña primero el espacio interior y después la carrocería?

Un monovolumen en plena era del SUV

Durante años, el monovolumen fue la respuesta para quien necesitaba espacio y buscaba un coche capaz de adaptarse a distintos planes. Después perdió terreno frente al SUV, que conquistó el mercado con su posición de conducción elevada y su aspecto robusto. El E-Space Concept recupera algunas de las ideas asociadas a aquel formato, pero evita parecer una recreación nostálgica: tiene líneas limpias, grandes superficies acristaladas y una base visualmente baja. Su silueta recuerda que todavía hay otras formas de aprovechar el espacio de un coche, más allá de elevar la carrocería.

Primero, el espacio interior

En muchos coches, el diseño empieza por la carrocería y después resuelve cómo encajar dentro a los pasajeros, el salpicadero y los asientos. Renault explica que en el E-Space siguió el camino contrario: empezó por imaginar el habitáculo y creó alrededor una carrocería envolvente. Es una decisión que se nota en la propuesta, porque las ventanas laterales y el techo acristalado ocupan un lugar protagonista. La idea recuerda a ciertos proyectos de arquitectura contemporánea, donde la luz y la relación con el exterior forman parte del diseño desde el primer boceto.

Más cerca del suelo que un SUV

El E-Space mide 4,70 metros de largo, 2,02 de ancho y 1,67 de alto. Las cifras dibujan un coche amplio, pero sus proporciones se apartan de las de un todocamino: la carrocería queda cerca del suelo, tiene voladizos cortos —los extremos que sobresalen por delante y por detrás de las ruedas— y una línea de cintura baja. Las llantas de 23 pulgadas, situadas en las cuatro esquinas, acentúan su aplomo. El resultado busca combinar el espacio de un vehículo grande con una imagen más fluida y ligera.

Una cabina de cristal para dejar entrar la luz

El techo y las ventanillas se prolongan hacia abajo, de modo que el cristal parece fundirse con la carrocería. La inspiración viene de la arquitectura Bauhaus y de edificios como la Farnsworth House, una vivienda diseñada por Ludwig Mies van der Rohe en Illinois. La referencia puede sonar lejana al mundo del automóvil, pero ayuda a entender la intención: reducir las barreras visuales y hacer que el habitáculo se sienta conectado con el paisaje. Renault incluso ha trabajado la línea baja de las ventanas para que los ocupantes puedan apoyar los codos en ellas.

Seis asientos individuales, sin la fila de siempre

Dentro hay seis plazas independientes sobre un suelo completamente plano. Los asientos no buscan el aspecto envolvente de un deportivo; se acercan más a una pieza de mobiliario, con carcasas lacadas y formas ligeras. Cada uno puede girar ligeramente para facilitar el acceso. Parece un detalle pequeño, pero cambia la manera de entrar y de acomodarse: en lugar de deslizarse entre filas estrechas, el movimiento de los asientos invita a ocupar el espacio con más libertad.

El viaje puede convertirse en una conversación

Los asientos de la segunda fila pueden girar 180 grados para quedar frente a los de la tercera. Así aparece una distribución parecida a la de algunos trenes, con los pasajeros sentados en torno a un espacio común. En la posición habitual, quienes viajan en la segunda fila cuentan con mesas plegables y pantallas de 12,3 pulgadas instaladas en los respaldos delanteros. Si el coche se configura con cuatro plazas, esos asientos pueden abatirse y formar una mesa grande. Son soluciones de prototipo, pero ponen sobre la mesa una idea sencilla: quizá no todos los viajes tengan que organizarse con cada persona mirando siempre hacia la carretera.

Una pequeña nevera, un purificador y hasta un Conecta 4

El espacio entre las filas puede acoger una consola deslizante con un purificador de aire, una nevera pequeña y mandos para videojuegos. También hay un juego de Conecta 4, un guiño inesperado en un coche tan tecnológico. El detalle evita que el habitáculo parezca una sala de exposición llena de pantallas y recuerda que, durante un trayecto, las personas también quieren conversar, jugar o parar a tomar algo. La tecnología aquí no se limita a mostrar información: algunas de sus ideas buscan que el interior funcione como un espacio compartido.

Una pantalla enorme que no es táctil

La pantalla OpenR Panorama mide 1.130 milímetros de ancho por 110 de alto y se extiende de un lado a otro del salpicadero. En lugar de obligar al conductor a tocarla, concentra la información cerca de su campo de visión y deja los mandos táctiles en dos superficies flexibles junto al volante. Esa elección resulta llamativa en una época en la que muchos dispositivos se manejan tocando la pantalla. En el coche, sin embargo, reducir los desvíos de la mirada tiene una razón práctica: mantener la atención en la carretera. Renault prevé que esta tecnología llegue a futuros modelos de su gama alta, como el Rafale y la próxima generación del Scenic.

Un volante que gira sin conexión mecánica directa

El volante compacto recurre a la tecnología steer-by-wire: no está unido a las ruedas mediante una columna mecánica convencional; las órdenes se transmiten electrónicamente. Eso permite ajustar la respuesta de la dirección y diseñar un puesto de conducción con más libertad. El concepto ya se emplea en otros ámbitos tecnológicos, pero en un coche plantea una pregunta importante: ¿cómo conseguir que una dirección electrónica transmita confianza y precisión? El prototipo no ofrece cifras ni detalles de su calibración, así que todavía no permite valorar cómo se comportaría en carretera. Sí muestra hasta qué punto la electrónica puede cambiar elementos que parecían inamovibles.

El rojo coral ocupa el centro de la escena

El exterior brillante da paso a un interior vestido con distintos tonos de rojo, del escarlata al púrpura. La moqueta, de tres centímetros de grosor, empieza en coral en la zona central y se oscurece hacia los bordes. Renault recupera así el gusto por los interiores coloridos que caracterizó algunos de sus modelos de los años setenta. No es solo una elección decorativa: el color ayuda a ordenar visualmente el espacio y, junto con la luz natural, crea un ambiente menos parecido al de un coche convencional.

Artesanía y materiales de origen biológico

En el habitáculo conviven metales, tejidos y una solución poco habitual en un automóvil: marquetería de paja teñida en las mesas plegables. El suelo está cubierto de lana y algunas superficies emplean resinas de origen biológico. El volante, por su parte, combina un material fabricado con aceite de ricino y algodón orgánico. Son elecciones que exploran alternativas a acabados más comunes, como la madera o el cuero, y muestran que la innovación interior también puede pasar por los materiales y por la forma de trabajarlos.

El E-Space es totalmente eléctrico, pero Renault no ha comunicado todavía su autonomía, la capacidad de su batería ni sus tiempos de carga. Por ahora, la electrificación forma parte de una visión más amplia: imaginar un vehículo donde el espacio, la luz y la flexibilidad sean tan importantes como el sistema de propulsión. Quien quiera ver cómo se traduce esa tecnología en un coche de producción puede conocer la actualización del Renault Megane E-Tech eléctrico. Y para explorar otra innovación de la marca relacionada con la luz en el habitáculo, está este artículo sobre el techo panorámico Solarbay.

Lo que este prototipo cuenta sobre el coche del futuro

El E-Space Concept no permite saber cómo será el próximo Renault Espace ni cuánto de lo que vemos llegará a un modelo de producción. Para eso faltan datos y decisiones industriales. Sí deja clara una dirección: Renault quiere explorar coches eléctricos donde los pasajeros puedan aprovechar mejor el tiempo y el espacio, con interiores menos rígidos y tecnología integrada de forma más útil. Si alguna de estas ideas acaba en un vehículo de calle, tendrá que demostrar que funciona fuera del salón del automóvil. De momento, el prototipo sirve para imaginar cómo podría cambiar un viaje cuando el coche se diseña también como lugar para estar.

El Renault E-Space Concept llama la atención por sus seis asientos giratorios, su cabina acristalada y un interior donde caben una pequeña nevera y hasta un Conecta 4. Pero su propuesta más interesante es otra: recuperar el monovolumen como una alternativa posible en plena fiebre de los SUV y pensar el coche desde dentro hacia fuera. Es una idea todavía sobre ruedas de prototipo, sin autonomía ni fecha de producción anunciadas. Aun así, basta para abrir una conversación sobre qué esperamos de un coche cuando deja de ser solo el lugar desde el que miramos la carretera.

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